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Iván García, un periodista transparente

Viernes, 31 Agosto 2012

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“Es mi foto preferida: estoy con una camiseta de Brasil, mi selección favorita de fútbol,  y acababa de recibir un Tissot, el primer buen reloj que he tenido en mi vida, regalo de uno de un amigo suizo. La foto, de noviembre de 2006, me la hizo una socióloga y antropóloga de Berna, experta en Cuba y su gente.”

Llevaba tiempo deseando entrevistar a Iván García, quien no solo es uno de los mejores periodistas independientes que hay en Cuba en estos momentos, además es una persona a la que respeto por sus firmes convicciones políticas que pasan siempre después de su profesionalismo, como debe ser en todo periodista. Cosa rara en estos tiempos, que un periodista no consiga un espacio gracias a sus militantismo de izquierda, o que ese mismo espacio se pierda debido por el contrario a una afiliación en la derecha. Iván García es un periodista equilibrado, y dentro de ese equilibrio, destaca de manera sobria, sin alardes desmesurados, su profundo anticastrismo. Dice ser un “electrón libre”, aunque cuerdo.

Le envié este cuestionario hace casi un mes, a raíz del “accidente” que le costara la vida a Oswaldo Payá Sardiñas y a Harold Cepero Escalante, la prisión a Ángel Carromero, y una extraña liberación a Jens Aron Modig.

Demoraron sus respuestas porque, al igual que la mayoría de los cubanos, Iván García no posee las facilidades para conectarse a internet, y las preguntas fueron enviadas a través del correo de la periodista Tania Quintero, su mamá, exiliada en Suiza, por donde mismo regresaron mis preguntas con sus respuestas.

ZV: - Dónde naciste, en qué año y qué recuerdas de tu infancia y de tu barrio.

IG: -Nací el 15 de agosto de 1965 en La Habana. Hasta los 13 años residí en la barriada pobre y marginal de El Pilar, municipio Cerro, colindante con Atarés y a tiro de piedra de la Esquina de Tejas y el Estadio Latinoamericano. La felicidad es relativa. Tenía los juguetes que me tocaban por la libreta una vez al año, y no los que deseaba, sino aquéllos que quedaban cuando nos tocaba comprar, casi siempre bates y pelotas, pues en esa época se hacía una lista y si a uno le tocaba el primer o segundo día podías adquirir algún juguete de calidad, pero en mi casa por lo general compraban el quinto o sexto día. Tampoco tuve televisor hasta diciembre de 1977, los dibujos animados los veía en las matinés dominicales en el Guisa, cine del barrio del cual recuerdo sus butacas rojas gastadas y el olor a orine de gato y moho.

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“1966. A la izquierda, Dulce Antúnez Aragón, primera esposa de Blas Roca, secretario general del Partido Socialista Popular, hermana de mi abuela y tía de mi madre, tiene cargada a mi hermana Tamila, de 2 años. En el centro, mi madre, Tania Quintero Antúnez, conmigo en brazos, con 1 año.  A su lado, mi abuela Carmen.”

En los primeros años de mi infancia mi pasión fue el béisbol. Lo escuchaba en un viejo radio RCA Víctor carmelita de forma ovalada, que en el mejor momento del juego se quedaba mudo. Con un par de golpes volvía a escucharse. Soy hijo de padres divorciados, mi papá era abogado y hablaba hasta la eternidad. Cuando íbamos a algún lugar, podíamos demorar horas, pues él se detenía a charlar con las personas sobre algún problema de vivienda, su especialidad. Murió cuando yo tenía 12 años.

Entonces vivíamos en un apartamento antiguo y desvencijado en un segundo piso de la calle Romay. Mi madre trabajaba, antes de ser periodista fue mecanógrafa, maestra y secretaria. A mi hermana Tamila y a mí nos crió nuestra abuela Carmen. Todo un personaje. Ella me dejaba jugar hasta tarde en las cuatro esquinas o desandar por todo el barrio. Algunos de mis amigos residían de manera precaria en un solar inmenso frente a la casa. Tenía un vecino adulto, el hoy afamado compositor cubanoamericano Jorge Luis Piloto, que vivía en un minúsculo cuarto del primer piso de nuestro edificio. En aquel momento yo pensaba que Jorge era rico, porque tenía televisor y una guitarra. En su cuarto veía la pelota, los dos éramos fanáticos de Industriales. Y en las tardes de ocio, que eran casi todas, nos entreteníamos en lanzar una bola de masilla contra un redondel que pintábamos en la pared.

Mi hermana y yo compartíamos un pequeño escaparate donde sobraba espacio. Tenía tres pares de zapatos: los colegiales, unos tenis viejos para mataperrear y un par de piel, que eran los de salir -aunque hubo un año que los de salir fueron unos ‘kikos’, como le decían a aquel horrible calzado plástico, producido en la  isla en sustitución de los zapatos de piel. Más horribles todavían eran las botas ortopédicas. Además de poca, mi ropa era fea, como casi toda la de los niños nacidos en los 60 y que para vestirnos dependíamos de lo que vendieran por la libreta de productos industriales, que por suerte hace años desapareció. Cuando las medias desaparecieron del mercado nacional, las mujeres que sabían tejer a crochet se pusieron a tejer medias para niños, con el hilo que encontraran. Eran ‘cheas’ y molestas. Luego de un rato puestas, el tejido se te incrustaba en la piel.

No comí todas las golosinas que hubiera deseado y mi hermana y yo debíamos esperar a que mi madre cobrara su salario de ciento y pico de pesos para ir a un buen cine, a la pizzería Doña Rosina en el Vedado o tomar helado en Coppelia. Pese a todo, tuve una infancia feliz. Lo mejor, que todos lo sábados Tamila y yo íbamos a la Biblioteca Nacional y estábamos muchas horas leyendo libros infantiles. Lo peor, el humo contaminante que vertían las chimeneas de la fábrica de jabones y detergentes Sabatés, cercana a la escuela primaria, la Romualdo de la Cuesta, en la calle Estévez, también en el Cerro. Soy asmático desde los dos años. El alergista le aconsejó a mi madre mudarse. Eso aconteció en febrero de 1979. Desde esa fecha resido en la Víbora, antes una barriada de clase media, hoy con muchos bolsones de pobreza, igual que toda la capital.

ZV: -¿Qué pensabas que sería tu vida cuando eras un adolescente?

IG: -En un tiempo deseé ser pelotero como Agustín Marquetti o Rodolfo Puente, a quienes conocí  gracias a mi madre cuando era periodista de la revista Bohemia, después la única profesión que me gustaba era el periodismo. Era lógico. Crecí correteando dentro de los pasillos y redacciones de Bohemia. De puntillas veía las reuniones de los reporteros. Grandes de la pluma como Enrique de la Osa, Mario García del Cueto, Enrique Capetillo o Zacarías Tallet charlaban conmigo como si yo fuese un adulto. Una mañana, Jorge Alfonso, uno de mis ídolos del periodismo deportivo, me llevó con él a la inauguración de una serie nacional de béisbol en Matanzas. Como era tan majadero, mi madre cargaba conmigo en sus viajes de trabajo a las provincias. En la casa, uno de mis entretenimientos era transcribir de una grabadora las entrevistas que mi madre hacía. Sabía que de una forma u otra mi destino era ser periodista. De academia o empírico, pero periodista.

ZV: -¿Qué estudiaste, dónde desarrollaste tu ambiente laboral antes de devenir periodista independiente?

IG: -No terminé el bachillerato, ya para ese entonces tenía un montón de problemas “de carácter ideológico”. Una tarde, el profesor de Historia me amenazó con llamar a mi madre y al director del preuniversitario si seguía contando relatos tergiversados sobre las brutalidades cometidas por Stalin. En aquel entonces leía muchos libros prohibidos para la mayoría de la gente en Cuba. Me acuerdo que cuando me botaban del aula me iba a la biblioteca a leer La Gran Estafa de Eudocio Ravines, que llevaba en mi carpeta forrado con una carátula de Fidel Castro, para no llamar la atención. Cuando cursé la secundaria, le dije a un profesor que no iba a participar en los actos de repudio, a los cuales alegremente iba toda el aula a lanzar piedras y huevos culecos a las viviendas de personas que habían decidido marcharse del país. Se llamaba Andrés y daba clase de Literatura, me dijo: “No vayas, esfúmate, pero no digas nunca lo que piensas, eso en Cuba te pude traer muchos problemas”. A los pocos meses se fue por el puerto del Mariel. Era 1980.

Esa etapa marcó mi vida. Fue un antes y un después. A partir de ahí terminaron mis dudas con respecto a la buena voluntad de Fidel Castro y su revolución verde olivo. Al no terminar el preuniversitario no pude optar por estudiar periodismo. Tampoco me hubieran aceptado por mi conducta “impropia”. Pasé 3 años el servicio militar. Al terminarlo, laboré en distintos oficios: ayudante de albañil, en los talleres de la revista Bohemia, en un poligráfico, auxiliar de plomería, hasta que mi madre me consiguió una contrata en el ICRT. Como sabía escribir en máquina, fui una especie de secretario de Roberto Romay, un funcionario del DOR que estaba al frente de un grupo de reporteros de los servicios informativos de la televisión, entre ellos Tania Quintero, mi madre.

Lo menos que hice fue mecanografiar. Romay me dejó participar en la filmación y producción de algunos programas, entre ellos Puntos de Vista. A Tania le gustaba invitar a trabajar con ella en la realización de los programas a jóvenes, fueran periodistas o no, pero con ideas creativas. Una vez, en 1987, durante un Festival de Cine a un imberbe humorista, Alexis Núñez Oliva, hoy productor ejecutivo en Televisa, y a mí, nos dejó que saliéramos solos a la calle a grabar y hacer entrevistas para un Puntos de Vista sobre cine, radio y televisión que Tania estaba haciendo. Fue una etapa donde aprendí mucho al lado de profesionales como Lissette Bustamante, Iría González Rodiles y Leda Creah. Estuve muchas horas en cubículos de edición, vi cómo se armaba un espacio televisivo de 30 minutos. Una buena escuela.

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“ Diciembre de 2003, en payama en mi casa, leyéndole a un periodista suizo la carta que Raúl Rivero enviara desde la prisión de Canaleta y que mi madre el día que se fue al exilio en Suiza, el 25 de noviembre de 2003, no quiso llevar consigo por temor a que se la quitaran en el aeropuerto.”

ZV: -Eres de los que con mayor equilibrio informas sobre la realidad cubana en estos momentos, ¿cuándo decidiste ser periodista independiente?

IG: -Después de terminar mi contrata en el ICRT estuve haciendo medias en las esquinas, como muchos jóvenes en Cuba. Ya estábamos a las puertas del ‘período especial’. Siempre, antes y ahora, me he relacionado con esa amplia gama de pícaros, buscavidas y marginales que existen en todas las ciudades. Conozco a dueños de “burles” (casinos particulares de juegos), boliteros, drogadictos, ex convictos, jineteras, ladrones de cuello blanco y ladrones de pata de cabra, mendigos, homosexuales, funcionarios y policías corruptos. Mucha de esa gente son protagonistas de mis crónicas. Me gusta escribir sobre los fracasados y los perdedores. Historias que no cuenta la prensa oficial, tan dada al triunfalismo.

Llegué al periodismo independiente en diciembre de 1995. Mi madre ya pertenecía a la agencia Cuba Press, fundada tres meses antes y dirigida por el poeta Raúl Rivero. Rivero, del cual tenía referencias por sus libros de poesía, una mañana me dijo: “Escribe un par de crónicas, luego veremos”.  Redacté dos textos que a la distancia me avergüenzan, pero Raúl los aceptó. Me integré a Cuba Press, la más profesional de las agencias de periodismo independiente que hubo, con varios periodistas procedentes de los medios oficiales. Comencé como todo novato, redactando noticias sobre detenciones y juicios a opositores. A ratos, escribía historias de La Habana subterránea. Después Rivero me recomendó que me dedicara a escribir de deportes y “de lo que te dé tu real gana”.

ZV: -Es sabido que fuiste detenido e interrogado en varias ocasiones, ¿tú te consideras un periodista o un opositor o ambas cosas?

IG: -Mucho antes de ser periodista independiente estuve detenido dos semanas. Fue en marzo de 1991. Fui acusado de ‘propaganda enemiga’. Estuve en una celda de Villa Marista. Al salir tuve que soportar el acoso de los tipos duros de la Seguridad. Después de haberme iniciado en el periodismo continuaron las detenciones, ahora breves. Y las ‘charlas’ con oficiales de la policía política, más o menos amenazantes y chantajistas. De esas citaciones y ‘charlas’ no se libra nadie que en Cuba decide públicamente disentir. En esas ‘conversaciones’ tratan de hacerte cambiar de opinión y lo mismo pueden ‘conversar’ en tu casa, en una unidad de policía o una residencia de la Seguridad del Estado, a donde suelen llevar a los disidentes más conocidos. Pero a mí siempre me citaron para estaciones de policía y en una ocasión en el registro civil del municipio 10 de Octubre. La última ‘cita’, en agosto de 2010, fue en una unidad militar, con dos oficiales, uno de la Contrainteligencia Militar y otro del Departamento de Seguridad del Estado.

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Aunque en la citación no lo dice, en la ‘entrevista’ también participó un oficial del Departamento de Seguridad del Estado. Para más detalles, leer: En otros países por escribir un artículo no te citan, te matan; Citación oficial y “Hay una línea tenue que no se puede cruzar“. 

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Creo ser un periodista incómodo. No pertenezco a ningún grupo opositor y no estoy sujeto a ningún tipo de censura, salvo la que impone la cordura. Soy muy crítico con el sistema diseñado por los hermanos Castro, y a veces también lo he sido con el rol desempeñado por la oposición. Soy un cazador solitario de historias. Un tipo que escribe lo que le apetece. Un electrón libre.

ZV: -En estos días hemos vivido uno de los mayores traumas provocados por el supuesto accidente donde perdieron la vida Oswaldo Payá y Harold Cepero. Para mí y para una gran mayoría no se trata de un accidente, ¿qué crees tu?

IG: -Como periodista no tengo todos los elementos para poder escribir que fue un complot. Como ciudadano sospecho que la historia real del accidente donde perdieron la vida Oswaldo Payá y Harold Cepero está por contar. Algún día, Zoé, se abrirán las puertas de los secretos de Estado y se sabrá lo que aconteció. Soy de los que piensa que en las alcantarillas del poder de todos los gobiernos, a discreción y en determinados momentos, se han utilizado las ejecuciones extra judiciales. No es solo la duda de lo acaecido a Payá. ¿Y Laura Pollán? ¿Wilmar Mendoza? ¿Orlando Zapata?

Si vamos más lejos, debiera hacerse una investigación a fondo sobre las muertes por infarto o cáncer de varios de los militares enjuiciados en 1989 por narcotráfico. A mí nunca me convenció la versión oficial del accidente del maestro de espías, Manuel Piñeiro, alias Barba Roja, tampoco el infarto del ex ministro del Interior José Abrahantes. No soy fanático a la teoría de las conspiraciones. Pero el General que rige los destinos de Cuba es un conspirador en estado puro. Así lo hizo constar en un informe un agente de la KGB que en los años 50 conoció a Castro II.

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“ Julio de 2009, escribiendo en la laptop, en el cuarto de mi hija.”

ZV: -En 2009, cuando ocurre la eclosión de los blogs cubanos en la isla, los nuevos comunicadores que en aquel momento no se llamaban opositores ni disidentes, polemizaron con Payá, ¿cómo fue eso? Porque a algunos nos llegaron ecos, pero el único que asumió y escribió un artículo titulado El Cristo del Cerro fuiste tu. Hoy pareciera que ninguno de ellos tuvo un dilema con Payá.  

IG: -En lo personal, respeto la ética y sólidas convicciones de Oswaldo Payá Sardiñas. También reconozco su meritoria labor al frente del Proyecto Varela. Discrepaba con Payá por sus métodos al enfrentar la autocracia. Soy de los que piensa que usando las mismas armas del gobierno poco se podrá alcanzar. En 2009, Payá emitió un documento en los que enjuiciaba -a mí me pareció que incluso daba órdenes- a los blogueros alternativos. En ese momento pertenecía a la plataforma Voces Cubanas y me sentí aludido. Le respondí con ese artículo de opinión. Era mi criterio. No soy hipócrita. Sucede que en Cuba la gente se toma las críticas como una ofensa. Es una rara manera de interpretar el concepto de la democracia. La frase con la cual terminé el texto se la repito a veces a ciertos disidentes que me miran con cara de perro: “Yo no soy el enemigo”.

ZV: -¿No crees que en el proceso de cambio radical cubano hacia la libertad sería muy saludable introducir las críticas y las polémicas? ¿Podrías abundar en el tema?

IG: -Por supuesto, no podría existir una sociedad abierta, tolerante y plural si faltara la crítica y la polémica. Es el combustible que provoca el desarrollo en cualquier sociedad. Es de mentecatos y autoritarios creerse poseedores de la razón o la verdad absoluta. Quien escribe como periodista tiene derecho a juzgar o criticar el papel de grupos, partidos, organizaciones y personas públicas. Al que no le guste, por favor, que no desempeñe esas funciones. Al menos yo no tengo que esperar a que Cuba sea libre para ejercer la crítica. Ya lo hago.

ZV: -Cómo ves el futuro de Cuba….

IG: -Ni el astrólogo Walter Mercado puede augurar con certeza el futuro de Cuba. Vislumbro  cuatro escenarios posibles. Más castrismo, sin los Castro. Una junta de empresarios militares que pactan con Estados Unidos. Revueltas civiles y el caos. Una transición pacífica, democrática y ordenada. Apuesto por la última. Pero tengo mis dudas si eso será lo que suceda. Estoy hastiado de líderes y anclas. Ciertas sociedades parecen que necesitan hombres fuertes y seguros. Pero se corre el peligro que por esa puerta entren también los caudillos y los autócratas.

Considero que en el futuro, el exilio cubano puede desempeñar un rol primordial. Algo se pega después de vivir tantos años en sociedades libres. Lo ideal sería que una mujer joven y moderna esté al frente de los destinos de la isla. Ya el discurso de los cojones está agotado. No sería mala idea mirar a Suiza y tomar como modelo su sistema de gobierno, donde cada año se elige un presidente y un consejo de ministros, que en total no pasan de ocho gobernantes federales. Pero, Zoé, parafraseando al ex senador Orestes Ferrara, ¿tendremos que exportar los suizos a Cuba?

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“Abril de 2009, en el hotel Colina, el día que una periodista del New York Times quiso conversar con Laritza Diversent, Luis Cino (pulóver rojo) y yo.”

ZV: -¿Crees que sólo los movimientos pacíficos son válidos para lograr la libertad de Cuba?

IG: -Pienso que una oposición pacífica sólida puede voltear un gobierno, por muy represor que sea. Ejemplos sobran. No es el único camino. Pero mi temor es que, por lo general, las sublevaciones armadas, en nombre de la democracia o lo que sea, siempre nos traen un dictador clarividente a la cabeza. Ya tuvimos un Fidel Castro. Más que suficiente.

Zoé, te agradezco tu interés por entrevistarme, pero éste es el último cuestionario que respondo para hablar de mi vida. ¿A quién mejor que a ti? Desde siempre he sido un lector de tus escritos y tus libros, aunque éstos me llegan a cuentagotas. La entrevista quedó un poco larga, métele la tijera. Un abrazo desde La Habana a París, Iván.

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“Paseando por La Habana Vieja con mi hija Melany, el 3 de febrero de 2012, día que ella cumplió 9 años.”

Soy yo quien agradece a Iván García sus palabras de hombre honesto y periodista transparente, raro en el contexto cubano. No le metí tijera, “no soy nadie para hacerlo”. Un periodista que entrevista deberá tener en cuenta siempre que, como Ulises en La Odisea (parafraseándolo fuera de contexto), es bueno a veces volverse Nadie ante la clarividencia (y no la ceguera) de los demás.

Tania Quintero, periodista nada más

Lunes, 16 Abril 2012

Me bastaría con tomar el tren e ir a verla, pero mi trabajo no me lo permite por ahora y sé que ella es una mujer sumamente ocupada también. Nos carteamos día a día, por email. Esta mujer es de una entereza que ya quisieran muchos. La invité a esta entrevista y contestó que sería la última que daría. Es una de las personas más discretas que he conocido, sin embargo, cualquiera con su trayectoria estaría buscando las luces constantemente. No es su caso. Su hijo Iván García es periodista al igual que ella. Él vive en Cuba, La Habana. Ella en Lucerna, Suiza. Agradezco las respuestas a la periodista cubana exiliada Tania Quintero.

¿Cómo fue tu infancia? Algunas fotos muestran a una niña bien cuidada y feliz. ¿De qué origen era tu familia?

-La felicidad no la da el dinero, ni vivir en una buena casa y tener un cajón lleno de juguetes. No tuve nada de eso en mi infancia y fui feliz. Hubiera deseado tener un hermano, no lo tuve, pero haber sido hija única no me hizo una niña triste ni infeliz. Desde muy pequeña mis padres me prepararon para enfrentar la vida, sin tener que depender de nadie. A los 10 años me dejaban ir sola al Roosevelt, el cine del barrio y también al Ten Cent, a comprar aquellos útiles escolares que no vendían en La Casa Bulman, al doblar de la casa. A los 12, dos veces al año, mi padre me daba 10 pesos, para que en verano me comprara un vestido y un par de zapatos blancos, y en invierno, otro vestido y otro par de zapatos, esta vez negros, de charol. En mi época, los meses más fríos eran enero y febrero. Febrero era el mes del Carnaval en La Habana, celebrado a lo largo del Paseo del Prado, desde el Malecón hasta la calle Monte. Nuestro barrio, El Pilar, era colindante con el de Atarés, cuna de una de las más famosas comparsas habaneras, Los Marqueses de Atarés, que siempre recorrían las calles de las dos barriadas y la gente arrollaba detrás.

1944, la típica foto de estudio que le hacían a los niños en Cuba.

-Mi padre, nacido en Palmira, Cienfuegos, de joven había sido panadero, pero luego se hizo barbero ambulante, oficio que alternó con el de escolta, por su biotipo: un mulato que medía 6 pies y pesaba 200 libras. Mi madre, de constitución delgada, nació en el seno de una familia campesina, en Sancti Spiritus y siempre fue ama de casa. En sus documentos se decía que era de la raza blanca, pero en realidad era ‘capirra’, como en Cuba le dicen a las mestizas de piel clara y pelo ‘bueno’. Mis padres sabían sacar cuentas, leer y escribir, les gustaba leer la prensa, escuchar noticieros y eran aficionados a la pelota (béisbol). A pesar de que ninguno de los dos terminó la enseñanza primaria y a diferencia de otros padres, que atosigaban a sus hijos para que fueran médicos, abogados, ingenieros, ellos no me presionaron para que hiciera una carrera universitaria. Me dieron libertad para que yo estudiara lo que quisiera. Cuando terminé la Superior (secundaria) matriculé en la Escuela Profesional de Comercio de La Habana, pero no llegué a graduarme de Contabilidad. Fui una alumna aplicada, con buenas notas. En la Primaria, los 28 de Enero íbamos a pie hasta el Parque Central, cada alumna con una rosa blanca, que depositábamos ante la estatua del Apóstol José Martí. Nos encantaban las excursiones escolares, al Valle Viñales, las Cuevas de Bellamar, el Parque Zoológico… Durante la Semana del Niño recorríamos las fábricas de los alrededores, las preferidas eran La Estrella, donde nos regalaban galletas y confituras o la de chocolate La Española, en Infanta y Estévez, ya desaparecida. Participaba en los actos cívicos de los viernes, en concursos de historia y en visitas para llevarle tabacos a los veteranos, como eran conocidos los antiguos mambises.

Tania y su mama

La foto debe ser 1945 o 46, yo tendría 3 o 4 años. Soy la del globo, a la izquierda, en el medio, mi mamá, Carmen Antúnez. La otra niña es una vecinita Tamila del Pino, nacida en Camagüey, en 1989 estuve en esa provincia y la visité, poco después supe que había fallecido de cáncer. Estamos en el balcón interior del edificio donde vivíamos, en el segundo y último piso, en Romay 67 entre Monte y Zequeira, Cerro.

-He olvidado decir que nací en La Habana, el 10 de noviembre de 1942. Por esos días, la ciudad de Leningrado, nombre que los bolcheviques pusieron a San Petersburgo, era asediada por tropas hitlerianas. Aunque Cuba quedaba a miles de kilómetros de Europa, los cubanos vivían pendientes de las noticias procedentes del viejo continente, y al igual que hicieron cuando la República española, la gente recogía leche condensada, chocolate, azúcar, sal y otros alimentos no perecederos y hacían llegar esas donaciones. Entonces en la isla se producían muchos tomates y hortalizas, y éstos se mandaban frescos a Estados Unidos y allí los procesaban y enviaban a los combatientes del Segundo Frente. Haber nacido en 1942 me aficionó a la literatura y la cinematografía sobre la Segunda Guerra Mundial, a filmes como Liberación, Los amaneceres son aquí apacibles, La lista de Schindler, La vida es bella y El pianista, entre otros. Muy impactante para mí fue la visita que en 1979 hice al ex campo de concentración de Buchenwald, en Weimar, pensando en todos los hombres, mujeres y niños que allí murieron y porque ese mismo día visité las casas de Goethe y Schiller. Cuesta creer que en la ciudad donde vivieron y murieron dos grandes de la literatura alemana y universal, los nazis hubieran instalado un sitio de hambre, terror y muerte.

La foto debe ser de 1948, yo tenía 6 años. Estoy en el patio de la escuela, al terminar una actuación escolar, a la cual todas las niñas fuimos vestidas de blanco.

-Fui una niña pobre, pero feliz. Jamás me acomplejó el bajo nivel escolar y cultural de mis padres, ni haber vivido en un barrio de gente humilde, con personajes como Piri Carbón, Cebolla, Paco Cabeza o el asturiano Fermín el Carbonero, que me guardaba las revistas Life, Good Housekeeping y National Geographic Magazine, llevadas por los vecinos para envolver el carbón. Esas revistas me servían para repasar el inglés, aprendido en un colegio gratuito que funcionaba en el mismo local de mi escuela primaria, de 6 de la tarde a 9 de la noche, y también para recortar fotos y anuncios para ilustrar los cuadernos de Economía Doméstica, asignatura que los barbudos eliminaron de los programas escolares. Era impartida por maestras graduadas de las Escuelas del Hogar, abolidas después que llegara el comandante y empezara a destruir.

-En la casa no teníamos nevera y todos los días se compraba una piedra de hielo, de 10 centavos en verano y de 5 centavos en invierno. Refrigerador tuvimos en 1959, un Frigidaire comprado de uso por 100 pesos. Y televisor en diciembre de 1977, un Krim soviético, en blanco y negro, de los que repartían a los trabajadores y que tras el pugilato correspondiente, me lo dieron, por no tener ausencias ni llegadas tardes. Ventilador y batidora no tendríamos hasta el 2000, nunca tuvimos cámaras fotográficas, grabadoras ni equipos de video. El electrodoméstico de mi infancia, adolescencia y juventud fue un radio, un RCA Victor que fue de mi abuela Pancha, quien creía en Dios y los santos y rezaba todas las noches antes de dormir. Nosotros no, mi familia, por parte de madre y de padre, era atea. Mis primos y yo éramos ‘judíos’, como antes le decían a los niños no bautizados. Una parte de mi familia materna era comunista, mi padre fue guardaespaldas de Blas Roca, secretario general del Partido Socialista Popular, de ideología marxista-leninista, y dos tías, hermanas de mi madre, en la década de 1930 fueron activas luchadoras por los derechos de las mujeres, obreros y campesinos en Sancti Spiritus, su provincia natal. No he sido militante de ningún partido, ni antes de 1959 ni después. Para mí, los partidos políticos son una especie de cofradía.

La foto es de 1949, tenía 7 años, me vistieron de mexicana para una fiesta escolar de disfraces, por los carnavales.

-Nunca me gustaron los ‘muñequitos’ o dibujos animados, ni en la televisión ni en el cine. Tampoco los comics o historietas, con excepción de La Pequeña Lulú. Entre mis películas favoritas se encontraban Picnic, Sayonara, Té y simpatía, Tres monedas en la fuente, Cantando bajo la lluvia y El puente sobre el río Kwai, estrenada en 1957, año que cumplí los 15, edad celebrada en Cuba según el bolsillo familiar. Como mis padres no podían hacerme una fiesta, me regalaron un juego de suéter rosado de orlon. Lo estrené con una saya acampanada de fieltro gris, confeccionada por Delia, la madre de Gladys, mi mejor amiguita. En la parte inferior, con retazos de fieltro de distintos colores, realizó un paisaje de los Alpes suizos con una vaquita, un diseño que resultaría una señal, una premonición: en 1957 no podía imaginar que 46 años después viviría en Suiza. Heidi no estuvo entre mis libros infantiles de cabecera, pero sí La Edad de Oro, de José Martí: Mujercitas, de Louise M. Alcott, y Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain.

En el Parque Zoológico, es de 1952, cuando aún no había cumplido los 10 años. Estoy sentada en el banco, la segunda de izquierda a derecha. Hasta los 12 años tuve trenzas y mi mamá siempre me ponía lazos.

¿Cómo empezaste en el periodismo?
-En el periodismo me inicié casualmente, en 1974. Mi primer texto fue una crónica sobre el campeonato de boxeo efectuado ese año en Cuba. Como no teníamos televisor, mi hijo Iván y yo veíamos las peleas en el televisor del cuarto que en el primer piso de nuestro edificio vivían Jorge Luis Piloto, hoy reconocido compositor cubanoamericano, su madre Beba y su hermano Juan Carlos. Esa crónica se la mostré a un periodista deportivo de Verde Olivo, creo se apellidaba Janer, a él le gustó y sugirió su publicación. Se titulaba En las esquinas roja y azul y aunque no me pagaron, marcó mi inicio en el periodismo. El deporte nacional en Cuba es la pelota. En mi infancia había cuatro clubes profesionales: Habana, Almendares, Marianao y Cienfuegos. Vivíamos relativamente cerca del Stadium del Cerro y a menudo yo iba con mis padres. Cuando en 1965 nació mi hijo Iván, antes de cumplir los 3 años mi madre lo llevaba al estadio, al que ya le habían puesto Latinoamericano. Si ese día no iban a la pelota, la escuchaban por la radio. Por cierto, Iván se inició en el periodismo independiente, en 1995, inaugurando una sección a la cual tituló Minideportivas de Cuba Press. -Con regularidad comencé a escribir en 1975, en la revista Bohemia. En ese momento laboraba como secretaria en el Movimiento Cubano por la Paz y en la página internacional me publicaron sobre la temática de la paz. Después me convertí en colaboradora de Bohemia y uno de los trabajos más interesantes fue el de corresponsal viajera en Matanzas, cuando en 1976 impantaron el Poder Popular en esa provincia.

-Soy autodidacta. El periodismo es un oficio y los oficios se aprenden en la práctica: mientras más escribes y de más temas, mejor. En Bohemia pasé por casi todas las redacciones: En Cuba, Economía, Cultura, Historia… En casi todos los géneros: informaciones, crónicas, entrevistas, reportajes… Tal vez donde más me destaqué fue en el periodismo de investigación, algo que ahora se ha perdido. En la Sección Económica de Bohemia investigué y con especialistas, funcionarios y trabajadores, debatíamos y tratábamos de dar soluciones a temas tan variados como el desaprovechamiento de la piel de tiburón y otras pieles (tilapia y rana toro); la industria textil y del calzado, donde tuve el apoyo del ministro de la Industria Ligera; el diseño de vestuario y de muebles, con respaldo de la Oficina de Diseño Industrial (en esa oficina laboré dos años, en el departamento de divulgación); el tiempo libre de los jóvenes y los círculos sociales obreros, entre otros. También hice varias series, una sobre los Festivales Mundiales de la Juventud y los Estudiantes y otra titulada El país de los cochecitos, sobre mi viaje a la República Democrática Alemana, en junio de 1979. De ese viaje de tres semanas, solamente en Bohemia publiqué 50 páginas.

Soy la tercera, de izquierda a derecha en la primera fila, con un chalequito. Fue el 24 de febrero de 1952, aún no había cumplido los 10 años, aparecen varias de las alumnas de la foto anterior, en el Zoológico, la maestra es la misma, la Dra. Carmen Córdoba.

-En 1982 me trasladé al Instituto Cubano de Radio y Televisión y tuve oportunidad de conocer y dominar un medio totalmente distinto. En la televisión conocí a profesionales de gran experiencia, directores, productores, camarógrafos, editores, musicalizadores, de todos aprendí y a todos los recuerdo con admiración. Algunos ya han muerto, como la presentadora chilena Mirella Latorre, en cuyo programa Conversando estuve un tiempo como guionista. Guiones escribí también para espacios musicales, entre ellos uno realizado en Trinidad, donde tuve el honor de trabajar con Manolo Rifat, uno de los mejores directores que ha tenido la TV cubana. Se te conoce por ser una persona que dice las cosas como las piensa, sin tapujos, y de una transparencia más clara que el agua.

-Además de haber sido criada para que me convirtiera en una mujer independiente, sin miedo a decir lo que pensaba y sola fuera capaz de enfrentar la vida, tuve la suerte de nacer y crecer en una etapa donde había democracia y libertad de prensa, inclusive después que Fulgencio Batista diera el golpe de estado, el 10 de marzo de 1952, en pleno auge de la Guerra Fría y el mccarthysmo en Estados Unidos. Pienso que ese anticomunismo influyó para que Batista, quien en su primer mandato como presidente (1940-44) había pedido la colaboración de los comunistas, a partir del 52 los reprimiera.

-Siempre he dicho lo que he pensado. Mi primer empleo fue en agosto de 1959, cuando aún no había cumplido los 17 años. Me pagaban 47 pesos al mes, por trabajar de lunes a domingo, sin horario, como mecanógrafa y bibiliotecaria en el Comité Nacional del Partido Socialista Popular, en Carlos III y Marqués González. Allí se concentraba la flor y nata del comunismo criollo, hombres que me habían visto nacer, pero no por eso fueron complacientes conmigo. Se los agradezco, porque aprendí a trabajar con responsabilidad, mecanografiar sin borrones y a redactar cartas o lo que me pidieran. Me ayudó que nunca tuve faltas de ortografía y en las clases de gramática y composición sacaba el máximo. Y de la misma manera que ellos no tenían en cuenta que era la hija del ‘gordo Quintero’ y fueron muy exigentes conmigo, yo a ellos les decía lo que pensaba y lo aceptaban, porque los comunistas que yo conocíeran demócratas.

Es del año 1958, tenía 16 años, soy la flaquita de espejuelos a la izquierda, con una falda ancha floreada. La otra muchacha es Estercita, prima de Marco (el administrador de mi blog) quien en esa foto tenía dos años, es el jabaíto con la camisita de cuadros, el varón más alto es su hermano Rafaelito, que se hizo abogado y el otro, a la derecha, es Armandito, biólogo marino El varón a la izquierda es Alfredito, hermano de Estercita.

-Era muy joven, pero de absoluta confianza, por eso me pidieron que pasara en limpio las actas de sus reuniones donde hablaban muchas cosas importantes y que mecanografiara los mensajes enviados a ‘Alejandro’, seudónimo de Fidel Castro. Acerca de los 19 meses que trabajé con los comunistas, en mi blog publiqué un testimonio en cinco partes titulado Harry Potter y la revolución escatimada. Con tales antecedentes, no podía temerle a ningún dirigente de verde olivo, empezando por Fidel Castro, quien el 12 de mayo de 1986 me recibió en el Palacio de la Revolución.

¿Cuándo empezaste a desencantarte del proceso castrista para algunos todavía revolucionario? ¿Fue fácil para tí?

-Como nunca milité en el PSP ni en el PCC, como jamás he tenido miedo de decir lo que pienso y como mi padre siempre me aconsejó no contraer deudas de gratitud con nadie, no fue demasiado traumatizante dejar de simpatizar con Fidel Castro y su revolución. Quienes me conocen bien saben que siempre fui ‘conflictiva’, y le cantaba las cuarenta a quien tuviera que cantárselas, casi todos jefes y funcionarios. Y después que les decía todo lo que consideraba debía decirles, recogía mis matules y me trasladaba a otro puesto de trabajo. Al ser una mecanógrafa que tecleaba con gran rapidez, en español e inglés (aprendí mecanografía y taquigrafía en los dos idiomas en la Havana Business Academy) y además sabía redactar, lo mismo una carta que un artículo, hoy dejaba de trabajar en un lugar y al día siguiente ya estaba en otro. En 37 años, desde agosto de 1959 a marzo de 1996, trabajé en una docena de centros distintos, como mecanógrafa, bibliotecaria, secretaria, divulgadora, maestra de adultos y periodista. Cuéntanos cómo entraste en el periodismo independiente y en la disidencia.

-No me considero disidente, porque los disidentes cumplen funciones políticas, de agitación y propaganda o son activistas de derechos humanos, se agrupan en partidos y organizaciones y eso nunca lo hice. Soy periodista, nada más. En la agencia de periodismo independiente Cuba Press comencé desde su fundación, el 23 de septiembre de 1995. Escribía lo que pasaba a mi alrededor, con especial énfasis en las mujeres y los negros. Igualmente reportaba sobre la oposición, los opositores y sus actos contestatarios. A partir de los 90 escribí bastante del ‘período especial’, en mi blog se pueden leer algunos de esos relatos. Lo que determinó que dejara el periodismo oficial y me sumara al periodismo independiente fue la detención de mi hijo el 8 de marzo de 1991. Fue la gota que colmó el vaso de mis decepciones: ése no era el socialismo por el cual mi padre había luchado y yo de niña había leído en aquellas revistas dedicadas a las ‘bondades’ de las “democracias populares”, como en 1940-50 se autodenominaban los países del bloque socialista o telón de hierro.

Estuviste detenida y tu hijo, el periodista Iván García, que sigue en Cuba, también, ¿por qué, cómo sucedió?

-Estuve detenida dos veces, el 21 y 22 de enero de 1997, 48 horas en un calabozo de la estación de policía situada en Zapata y C, Vedado. Me arrestaron junto con Juan Antonio Sánchez, también de Cuba Press, cuando salíamos de la Embajada Checa, en el Nuevo Vedado. Y entre el 1 y 2 de marzo de 1999 permanecí 29 horas en un calabozo de la unidad policial de 7ma. y 62, Miramar. Me detuvieron cuando me dirigía al juicio a los cuatro miembros del Grupo de Trabajo de la Disidencia Interna (Martha Beatriz Roque Cabello, Vladimiro Roca Antúnez, Félix Bonne Carcassés y René Gómez Manzano), redactores de La Patria es de Todos. Sobre la detención de Iván en Villa Marista, mejor leer Pistola en mano.

¿En qué año te exiliaste? Vives desde entonces en Suiza, ¿por qué Lucerna?

-El asilo político lo solicité el 24 de junio de 2003 y el 30 de julio, apenas un mes después, el embajador suizo personalmente me comunicó que nos lo habían concedido, a mí, a mis dos hijos y a mi nieta mayor. Mi hijo escribió al gobierno suizo que de momento no viajaría: la novia que tenía había salido embarazada y el 3 de febrero había dado a luz una niña, de lo que me enteré estando ya en Suiza. Mi hija, mi nieta mayor y yo salimos de Cuba a las 8 de la noche del martes 25 de noviembre de 2003, en un vuelo de Air France. Sobre las 9 de la mañana del miércoles 26 hicimos escala en París, y alrededor de las 12 del día montamos un Easy Jet rumbo a Zürich, a donde llegamos unas dos horas más tarde. Aunque teníamos el asilo político concedido desde Cuba, del 26 de noviembre de 2003 al 1 de marzo de 2004, cuando nos mudamos al apartamento actual, en un barrio de extranjeros e inmigrantes (porque así lo quisimos), durante tres meses estuvimos en albergues para solicitantes de asilo, en Kreuzlingen, en Thurgau, cantón fronterizo con Alemania, y en Sonnenhof y Ritahaus, en Lucerna. Fue una experiencia enriquecedora, porque tuvimos oportunidad de conocer a represaliados africanos, árabes, musulmanes, tibetanos…

-Desde la primera vez que estuve en la Embajada Suiza en La Habana, fui cogiendo materiales en español que ponían a disposición de los visitantes. Empecé a leer y documentarme sobre la Confederación Helvética y en hojitas de papel iba tomando notas, confeccioné un fichero que aún conservo. Así que a Suiza llegué con un mínimo de conocimientos del país y su gente. Lo que desde el principio tuve claro que ya que nos íbamos de Cuba, lo mejor, sobre todo por mi nieta, entonces con 9 años, no era ir a los cantones franceses e italianos, con idiomas más fáciles de aprender para un cubano, si no a los cantones de la Suiza alemana, los más desarrollados y disciplinados. En cuatro meses mi nieta aprendió alemán suficiente para comenzar en la escuela. Al principio fue duro para ella, pero después que dominó el alemán y el suizoalemán (dialecto), con facilidad aprendió inglés y francés. El cantón de Lucerna lo escogí porque se puede vivir en el anonimato y porque el único periodista suizo que conocía residía en Lucerna, aunque mi amistad con él no duraría mucho tiempo. En enero de 2005 me envió un correo electrónico que consideré machista y lo mandé a freír tusas. ¿Qué has aprendido en el exilio o qué conocimientos pudiste poner en práctica?

-Para ser totalmente sincera, de quien he aprendido mucho en estos casi nueve años ha sido de los suizos y de Suiza. De los suizos, por su forma de trabajar y de ser, y de Suiza por su democracia, una de las más avanzadas del mundo, todo lo someten a votaciones y referendos, y es la población la que decide si aprueban o no una ley o medida. Al exilio ya lo conocía desde Cuba, a través de Radio Martí, así conocí a personalidades como Luis Aguilar León, en cuyo programa participaba a cada rato. Ya en Suiza, a partir de 2004 me relacioné por email o teléfono con exiliados cubanos residentes en Europa y Estados Unidos; conocí a cubanos que no eran refugiados políticos y contacté con amistades mías de La Habana, ahora establecidas en el exterior. En el exilio, como en todo conglomerado humano, hay personas con diversas formas de pensar y analizar los problemas. Unos son más radicales que otros, y no todos son tolerantes hacia quienes tienen diferentes puntos de vista. Es cierto que somos un solo pueblo, pero veo difícil que los cubanos de adentro y de afuera lleguemos a ponernos de acuerdo. Son demasiados años viviendo alejados, en sociedades muy distintas.

-En 2004 me regalaron una computadora, bastante vieja. Tuve que adaptarme al teclado en alemán y aprender a poner acentos y tildes. Un viejo amigo de mi familia solía decir que uno está contínuamente aprendiendo y así es. No creo que haya podido poner en práctica los conocimientos adquiridos en Cuba, porque a Suiza llegué con 61 años, ya en edad de retiro y las neuronas un poco cansadas para aprender idiomas. Lo más importante ha sido el descubrimiento de internet y poder estar cada día bien informada de lo que pasa en Cuba y el mundo. Vivir en un país capitalista desarrollado no ha cambiado mis hábitos de vida ni mi pensamiento. En Cuba las marcas me resbalaban, en Suiza también, no me deslumbra el consumo ni el lujo. En Cuba apagaba las luces innecesarias, ahorraba agua y recogía papel y cartón, en Suiza también. Aunque Suiza tiene fama por sus relojes, yo uso el mismo reloj que un matrimonio suizo me obsequió en diciembre de 2003, les costó 50 francos y me ha salido buenísimo. No he tenido ni me interesa tener celular. A mi nieta en 2009 le regalé un iPhone y básicamente lo utiliza para almacenar y escuchar música, imprescindible para sus clases de Stimmbildung (adiestramiento de la voz en el canto) y sus actuaciones como solista en el coro de su instituto de bachillerato. Iván García y tú tienen tienen tres blogs, muy conocidos fuera de Cuba. Él describe lo que vive, experimenta, como un periodista independiente, más que como un bloguero. Tú igual, desde el exilio. Publican en medios del exilio también.

¿Cómo un periodista real se plantea la noticia?

-Al vivir Iván en Cuba, sin acceso a internet, con prensa y canales televisivos controlados por el régimen, y yo en Suiza, con adsl las 24 horas, más de 200 canales de más de 50 países y la posibilidad de comprar periódicos, revistas y libros en español, las noticias y sus realidades las vemos desde distintos ángulos. Pero no muy diferentes, pues él, gracias a un radio Sony de onda corta que hace dos años le envié, se mantiene bien informado. Si en Cuba escuchas la BBC, Radio Exterior de España, Radio Francia Internacional, Radio Nederland, la Voz de los Estados Unidos y Radio Martí, estarás al día de lo que pasa en tu país y el mundo. Iván y yo nos planteamos las noticias de la misma manera, lo único que él no siempre puede reportar un suceso con la inmediatez que quisiera. Yo podría, pero prefiero dejarle esos espacios a los periodistas independientes que escriben desde la isla. Los tres blogs que tenemos me roban bastante tiempo, sus perfiles son periodísticos, no noticiosos.

¿Cómo ves la disidencia en la isla y los nuevos comunicadores que se han reproducido a montones sin que eso signifique que el pueblo sea verdaderamente informado?

-A la disidencia y el periodismo independiente trataron de descabezarlos y desguasarlos en 2003. Ha resistido el embate y ha sobrevivido, a pesar de todos los encarcelados, exiliados, desterrados… Ha surgido una nueva generación de disidentes, periodistas independientes y últimamente de blogueros alternativos, pero también, paralelamente, otra de seudodisidentes. Están los que se meten a ‘disidentes’ para hacerse de un curriculum y solicitar una visa de refugiado político en la Sección de Intereses de los Estados Unidos, y los que a ciencia cierta no se sabe quiénes son ni quién o quiénes están detrás de ellos. Cuesta creer cómo de la noche a la mañana se convierten en personajes famosos, tienen recursos para enviar mensajes, fotos y videos y subirlos a internet con una facilidad increíble. Cuando a mí me pueden mandar fotos de mi nieta que vive en La Habana, me las envían en tamaño reducido. Debido a las lentas conexiones, enviar fotos de gran tamaño y videos no lo pueden hacer ni todos los cubanos ni todos los disidentes y periodistas independientes.

-Hablando sin tapujos. De lo que escriben los periodistas independientes y los blogueros alternativos muy pocos dentro de Cuba se enteran, porque sus textos se difunden en internet y en la isla es ínfimo el porcentaje de la población con acceso a la red, y cuando alguien paga 6 o 7 pesos cubanos convertibles para conectarse durante una hora, utiliza ese tiempo para pasar correos a su familia o echarle un vistazo a noticias de su interés, por lo regular de música, cine, deportes… Menos aún los cubanos de la isla se enteran de todos esos videos realizados por los nuevos comunicadores, quienes parecen han pasado la escuela de la oratoria de Fidel Castro y meten unos ‘teques’ (discursos) demasiado largos, gesticulando y utilizando una verborrea similar a la de los dirigentes castristas. Todo lo que desde Cuba ellos escriben, fotografían y twittean es para consumo externo. Pueden darse el lujo de recorrer a pie todo el país que a no ser la policía política, nadie los conoce. De 1995, cuando me hice periodista independiente, a la fecha, dos tandas de infiltrados por el Departamento de Seguridad del Estado han salido a la luz en 17 años: una en abril de 2003 y otra en enero de 2011. Al parecer, el tiempo de vida útil de un informante o chivatiente es de 7-8 años. Así que los próximos se supone sean ‘quemados’ en 2018 o 2019. Si aquello no explota antes.

En mayo pasado publicaste un libro en internet, ¿podrías hablarnos sucintamente?

-Ese libro lo comencé a escribir en diciembre de 2002, en la mesa del comedor de mi apartamento en La Habana. Escribía directamente en la máquina de escribir, no sabía si algún día lograría publicarlo, pero pensé que a los 60 años ya era hora de volcar en blanco y negro algunas vivencias. Tenía 61 cuartillas redactadas cuando el 18 de marzo de 2003 fue desatada una feroz oleada represiva. Saqué de mi casa esas cuartillas y después logré que un turista suizo me las trajera a Lucerna, en la misma carpeta plástica verde donde las guardé. En 2005 surgió una posibilidad de publicar el libro y empecé a trabajar intensamente en ello. Tuve desencuentros con los editores y terminé no queriendo saber nada de ellos. A fin de cuentas, a mí no me interesa el dinero ni la publicidad. En mayo de 2011 decidí publicarlo en mi blog. Se titula Periodista, nada más y comienza con un capítulo al que decidí ponerle Un pedazo de mi vida.

Portada del libro Periodista nada más.

¿Qué le dirías a los cubanos de la isla, qué mensaje te gustaría enviarles?

-Me da mucha pena con los cubanos, en particular con los residentes lejos de la capital y con las mujeres, las madres solteras y las abuelas, por la vida tan dura que la mayoría ha llevado y sigue llevando. En Suiza vivo muy modestamente, pero cada vez que entro a un supermercado, y veo los paquetes de arroz que no hay que perder tiempo escogiéndolo o los estantes con papas, frutas y vegetales, frescos y limpios, a la mente me vienen las cubanas de a pie. La revolución de Fidel Castro siempre fue y sigue siendo machista. Y muy mal agradecida: si él y su hermano Raúl se han mantenido en el poder, en buena parte ha sido por las mujeres, esas mismas que apenas tienen íntimas (almohadillas sanitarias) para su menstruación. Pero cuando decidan decir BASTA, ese día comenzará el final de más de medio siglo de autocracia. Muchas ya han perdido el miedo, como las Damas de Blanco y las de los movimientos Leonor Pérez y Rosa Parks. A ellas, mi respeto y cariño. Extensivo a las que permanecen detenidas, como Sonia Garro, brutalmente detenida junto con su esposo Ramón Alejandro Muñoz, una semana antes de la visita del Papa. Hasta la fecha permanecían encarcelados y todo parece indicar que los van a enjuiciar y condenar a varios años de prisión.

Gracias a Zoé Valdés y a El Economista por haber considerado interesante entrevistarme. Es la última entrevista que pienso conceder. Me cuesta tener que hablar de mí y de los míos. A los lectores, mi más sincero abrazo desde Lucerna, Suiza.