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Éxitos insospechables de la ingeniería celular: así es la investigación con células embrionarias

Luis Miguel Ariza
10/03/2009 - 16:41

Noviembre de 2005 marcó el fin de la promesa, casi a la vuelta de la esquina, de que las células embrionarias lo iban a curar prácticamente todo. El espejismo se hizo trizas. Las células madre visitan Times Square: en imágenes.

Y el detonante, el fraude cometido por el que hasta entonces era considerado el líder mundial de células madre, el coreano Hwang Woo-Suk, quien había proclamado con éxito el milagro de la creación de embriones clónicos a partir de pacientes y la generación de células embrionarias -en concreto once líneas celulares- a partir de los mismos enfermos.

Todo era mentira, los resultados que aireó la revista Science fueron prefabricados. De repente, el pesimismo cundió en este campo de investigación. El tema de las células madre, tan politizado como está, se había 'enfangado' en el terreno que más cuenta: el científico.

Tres años después

Han pasado más de tres años. Por un lado, el presidente Obama acaba de firmar una orden ejecutiva que propondrá levantar el veto para impulsar la investigación de las células embrionarias en Estados Unidos. Por el otro, la ciencia ha progresado durante este tiempo de oscurantismo hasta ver de nuevo la luz. Y de qué manera.

El milagro de Woo-Suk se ha visto sustituido por trabajos excelentes y de primera. La noticia de la obtención de células madre con características embrionarias a partir de las células de la piel humana -que llamaremos células inducidas pluripotentes o iPS (induced pluripotent cells) en contraste con las embrionarias originales, o ES-de la que dimos cuenta en Ecodiario, no es una isla en un océano infértil, ni mucho menos.

Esa misma semana, el investigador Rudolf Jaenisch, del Whitehead Institute y el prestigioso Instituto tecnológico de Masachussets, reportó el logro de haber obtenido células madre a partir de la piel de pacientes de Parkinson mediante el uso de virus como vectores, con la particularidad de que el procedimiento dejaba finalmente a las células obtenidas libres de esos mismos virus. Como broche final, Jaenisch y su equipo lograron convertir esas células madre en neuronas. Es decir, se había logrado de verdad lo que Woo-suk hizo de una mentira: cultivar tejido nervioso a partir de un paciente usando sus propias células, y lo que es más significativo, sin la necesidad de crear un 'embrión' o un 'clon' del enfermo.

Así es el proceso

Como recordatorio entre paréntesis, la técnica 'anunciada' por Woo-suk en principio es similar a la que creó la oveja Dolly: se coge un óvulo de una mujer, se vacía de su ADN, y se coloca en su lugar el ADN diferenciado de la célula de un paciente; no basta con un intento, desde luego. El éxito es de uno entre trescientos intentos. Y en humanos, los clones aún no se han conseguido.

Los progresos científicos se encuentran ahora con la iniciativa del presidente Obama para levantar el veto que prohibe el uso de fondos federales para la investigación de células embrionarias humanas.

¿En qué consiste ese veto?

Desde 1996, una enmienda convertida en ley prohibía el uso de fondos públicos para crear embriones humanos o destruirlos para obtener de ellos las células embrionarias. Pero cuando hablamos de "crear" embriones, nos referimos a la forma clásica, es decir, un espermatozoide se fusiona con un óvulo. En las clínicas de fertilización, se crean de forma rutinaria embriones in vitro. La clonación -la obtención de un 'embrión' con las células adultas del propio paciente- está hecha de una pasta muy diferente, y ahora parece un camino cerrado y poco productivo (hay cierto debate sobre si estos intentos de "clones" son considerados como embriones capaces de progresar con normalidad, o simples incubadoras de células).

En otras palabras, La ley, conocida como Dickey-Wicker, establecía la prohibición para destruir con dinero público embriones humanos, pero este tipo de investigación es factible de hecho en EE UU con fondos privados. Bajo el mandato de Bush, sin embargo, la puerta no se cerró del todo, como se ha llegado a afirmar.

En 2001, el hoy ex-presidente aprobó el uso de fondos federales para estudiar un número limitado de líneas celulares embrionarias que se habían obtenido de embriones humanos antes de la prohibición, si bien los investigadores, que podían hacer crecer estas líneas en sus laboratorios con los fondos públicos, derivarlas y dividirlas, seguían sin poder destruir embriones para obtener nuevas células.

Obama, atado por el Congreso

Con la orden de Obama -que, recordémoslo, ha de ser ratificada por el Congreso de los EE UU- se abre más la puerta al debate. Una matización importante, de acuerdo con el diario The New York Times, es que Obama no puede por sí solo anular esta ley, por lo que, hasta que no se discuta y se apruebe o rechace la orden ejecutiva presidencial en el Congreso, sigue vigente hasta ahora. Y de acuerdo con Melody C. Barnes, el presidente norteamericano no ha tomado partido ante la prohibición, sino que la investigación con células madre "debe adecuarse a las leyes federales".

Lógicamente, también existe una intención clara de su gabinete de potenciar la investigación con este tipo de células, como ha declarado el Nobel Harold Varmus, asesor científico de Obama.

Ahora bien: si los investigadores han logrado células iPS (inducidas para comportarse como las embrionarias) sin necesidad de destruir embriones o meterse en experimentos de clones humanos, ¿en qué va a beneficiar la orden ejecutiva de Obama si se anula finalmente la ley Dickey-Wickey? "Ambos tipos celulares son idénticos en sus propiedades", admite a Ecodiario Jonathan Slack, director del Instituto de Células Madre de la Universidad de Minnesota, el más antiguo de todo EE UU dedicado a este tipo de investigaciones, y probablemente el más prestigioso y con más experiencia. Si el veto se levanta, "se acelerarán algunos proyectos, se quitará el papeleo para otros, y la imagen de la ciencia de Estados Unidos mejorará a nivel internacional".

Los científicos saludan los nuevos tiempos, sin duda. Pero la tecnología iPS de células inducidas, a la que no afecta la prohibición, es "muy importante", en palabras de este experto. Con ella se han logrado producir "varias líneas celulares iPS a partir de individuos que sufren alguna enfermedad en particular. Y lo más probable es que progresen las investigaciones en el futuro con este tipo de células, y también lo más probable será que las futuras terapias de trasplantes celulares usen las células iPS".

¿Se trata de una cuestión de imagen?

En absoluto. Slack añade que no conviene olvidar que "las técnicas para generar, cultivar y trabajar con células iPS se derivan completamente de la experiencia obtenida con células embrionarias humanas". Es decir, genuinas células de embriones humanos. "Las células iPS no se habrían descubierto sin el trabajo previo sobre células ES, y tengo mis dudas sobre si cualquier laboratorio que no tenga entrenamiento con células embrionarias ES sería capaz de producir células iPS de forma satisfactoria".

Es decir, una cosa lleva a la otra. Como sucede en ciencia. Slack saluda la orden de Obama como una buena noticia para todos los investigadores, ya que en su opinión, tanto la investigación con células ES y la de células madre adultas son igualmente importantes y no debieran de existir restricciones. Bajo su punto de vista, las células embrionarias cultivadas en una botella no son muy diferentes de otros tipos de células humanas que se han venido cultivando durante años en los laboratorios. Lo importante es hacerse la pregunta de "qué es esto" y no debatir "en qué podría convertirse".

Una puntualización fundamental es que, hasta el momento, no existen terapias celulares a partir de células embrionarias que curen enfermedades en humanos. Ni Parkinson, ni Alzheimer, ni diabetes...nada de nada. Aunque los experimentos en cobayas sugieren que estas terapias celulares son posibles, lo cierto es que las personas no son ratones (no queda otro remedio que experimentar con animales e intentar extrapolar los resultados). En muchos discursos, los políticos suelen recurrir al asunto de las células embrionarias como solución para el "alivio" de enfermedades que hoy no tienen cura y atacar así al bando contrario.

En realidad, los experimentos han sugerido que existe el serio peligro de provocar un cáncer al enfermo si se usan este tipo de células. Hoy por hoy, cualquier terapia basada en células embrionarias aplicada sin más a personas supondría un riesgo inaceptable, y sería una irresponsabilidad desde el punto de vista humano y sanitario.

Terapias

En cambio, las terapias celulares a base de células madre adultas son un éxito contrastado desde hace décadas para curar algunas enfermedades que se consideraban incurables: por ejemplo, el trasplante de médula ósea, que no es otra cosa que trasplantar al paciente de leucemia células madre hematopoyéticas de un hermano o una hermana después de haber destruido todos sus glóbulos blancos por radiación. Muchos tipos de leucemia y linfomas se curan gracias a estas terapias celulares.

Por otra parte, las terapias a base de células iPS también tienen sus riesgos. Para generarlas, "se precisa hoy en día de la inserción de determinados genes en su ADN", nos dice Slack. "Y esto es potencialmente peligroso si esas células se van a usar para un trasplante". Aunque es bastante probable que se encuentre una técnica que no precise de la inserción genética para generarlas, aunque hoy en día los métodos de no inserción han dado resultados bastante pobres.

¿Cual es la conclusión?

Las terapias celulares adultas demuestran por una parte que la medicina regenerativa celular puede tratar y a veces curar varios tipos de leucemia. En vez de usarse en contra de la investigación de células embrionarias, debería ser, desde el punto de vista científico, un argumento favorable para que se prosigan con estas investigaciones.

Y más si tenemos en cuenta que, a medida que envejecemos, las enfermedades surgen porque las células fallan, como es el caso de las enfermedades neurodegenerativas. El propio Slack ha comentado en una exposición de la Universidad de Minessota que puedes "soñar con reemplazar las neuronas que se mueren en el cerebro", o lograr que las neuronas crezcan en los cuerpos de las personas que están paralizadas para que extiendan sus axones en las partes dañadas de la médula espinal, o hacer crecer "un brazo" después de una amputación. Pero si uno pregunta "¿cuándo?", la respuesta es: "no lo sé". "Quizá dentro de cien años," sugiere.

Un niño diabético, por ejemplo, o un adulto que padezca este mal. ¿Se le pueden hurtar esfuerzos para intentar encontrar una terapia celular y curar su condición? Slacks explica que la Universidad de Minnesota tiene un proyecto por el que los doctores extraen las células beta del páncreas de un donante, que son las que producen insulina, para inyectarlas en un paciente diabético, el cual debe de ingerir fármacos inmunosupresores para evitar el rechazo. Pero en todos los casos estudiados, la diabetes en los pacientes ?mejoró? y en algunos casi se puede hablar de una cierta ?curación?, aunque Slacks no se atreve a pronosticar si el ensayo acabará con éxito, pero tiene confianza en que algún día se logrará.

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