Ciencia

Así hacen el amor los monstruos

Los dragones de Komodo. Foto: BSM

El Zoo de Barcelona ha logrado completar con éxito el apareamiento de dos de sus tres dragones de Komodo, dos años después de que llegara una hembra procedente del zoo de Praga.

Según ha informado el zoológico en un comunicado, la primera de las cópulas que está previsto que se sucedan durante los próximos días se ha producido este miércoles "durante toda la mañana sin incidentes ni ninguna manifestación violenta", en el marco del programa europeo de cría en cautividad.

Los cuidadores llevaban semanas preparando la cita, dada la dificultad de que esta especie se reproduzca en cautividad, para lo que habían conectado visualmente a la hembra Asmara -'amor' en indonesio- con los dos machos, Guntur -Trueno- y Ombak -Ola-, separados por una valla, para determinar con cual de ellos presentaba mayor sintonía.

Los dos machos llegaron a Barcelona procedentes del Centro de Investigaciones Herpetológicas Reptilandia de Gran Canaria, donde nacieron en 2004, y en su momento fueron los primeros ejemplares nacidos en cautividad en la Unión Europea.

Después de un intento fallido

El apareamiento con Guntur, el macho escogido, se ha producido después de que Asmara entrara en celo, y tras un primer contacto fallido que hizo que la hembra huyera y se escondiera en una guarida excavada por ella misma.

Si la fecundación culmina con éxito, la hembra pondrá entre 10 y 25 huevos en un plazo de un mes, que el Zoo de Barcelona prevé incubar artificialmente para favorecer al máximo su viabilidad.

Una oportunidad para la especie

Los dragones de Komodo, son los saurios más grandes del planeta, pueden llegar a medir hasta tres metros de longitud y a pesar más de 150 kilos, y habitan en libertad únicamente en algunas islas de Indonesia.

Los expertos estiman la población mundial de este reptil entre los 5.000 y 6.000 ejemplares, de los que más de la mitad viven en el Parque Nacional de Komodo, si bien su distribución se ha visto reducida en las últimas décadas por la presión humana.

Recientemente se ha descubierto que a pesar de que su mordisco no es tan grande como el de los cocodrilos, el dragón de Komodo mata a sus víctimas mediante un veneno que segrega con la saliva.

La reproducción en cautividad presenta una alternativa para la especie, y ya se ha logrado con éxito en zoológicos de todo el mundo como Washington, Cincinatti, Honolulu, Miami y Yakarta, además de Praga, Londres, Chester y Gran Canaria en el caso de Europa.

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