Cine

Medio siglo de la película más hermosa del cine: Vértigo de Hitchcock cumple 50 años

Imagen del cartel de la película Vértigo, de Alfred Hitchcock.

La muerte y el deseo como nunca antes fueron filmados, cumplen cincuenta años. Considerada una de las mejores películas de la historia del cine, Vértigo de Alfred Hitchcock está de aniversario. Aunque en un principio las críticas fueron un tanto dispares, la película ha sido coronada como una de las grandes obras maestras.

Considerada una de las mejores películas del mago del suspense, su estreno mundial tuvo lugar en 1958 en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y consiguió dos nominaciones en los Oscars -eso sí, 'menores'- gracias a una temática que combina el suspense con una historia de amor fou.

Aunque se quedó sólo a las puertas de las codiciadas estatuillas de Hollywood, Hitchcock sí se llevó la 'Concha de Plata al mejor director' del Festival Internacional de Cine de San Sebastián, mientras que su protagonista, James Stewart, se hizo con la del mejor actor en el mismo certamen.

Y poco más. Las críticas en su momento fueron mixtas: aunque reconocían la maestría del director británico a la hora de escenificar esa torturada historia de amor y muerte, los expertos -o supuestos expertos- no supieron identificar a la que, con los años, sería reconocida como una de las grandes películas de la historia del cine.

Sólo sería en la década de los 60, y tras el pleno reconocimiento que recibió de los cineastas de la nouvelle vague francesa -una de cuyas expresiones es el magnífico libro de Truffaut en la que revisa la obra de Hitchcock- cuando empezó a aparecer en todos los rankings de los cinéfilos.

Inadvertida para el gran público

Sin embargo, y pese a su ascenso a los 'altares' del celuloide, Vértigo, a diferencia de otros hitos de la historia del cine como Ciudadano Kane o Centauros del Desierto, ha pasado más inadvertido para el gran público.

Quizás debido a que la historia de un policía torturado y con problemas sexuales enamorado de una muerta era demasiado avant la lettre para el público estadounidense de las décadas de los 50 ó 60.

Pero, cuidado. Su imparable escalada en todos los rankings de grandes películas -hasta llegar a situarse en el puesto número 9 según AFI en su listado para 2007- habla de que esta película, adelantada a su tiempo, ya ha empezado a ser reconocida como lo que es: un auténtico muestrario de los peores monstruos que el amor es capaz de crear y, sobre todo, un álbum preciosista que recoge la iconografía del psicoanálisis y de una especie de surrealismo light, de clara vocación romántica, muy en boga en esa época.

Un paseo por el amor y la muerte

Desde su singular código de colores -verde para el recuerdo como fuente originaria del amor, rojo para la pasión y el deseo-, hasta su simbología -la torre Coit de San Francisco como símbolo fálico por excelencia, la secuencia de los sueños, la acrofobia que sufre el protagonista...-, Vértigo es un alucinante paseo por el amor y la muerte y, de nuevo, el amor y la muerte. O bien una canción de amor a una mujer doblemente imposible: por muerta y por ficticia.

Todo ello hace de Vértigo la expresión máxima del cine como creación de una realidad total, envolvente y fascinante; llena de significados entre líneas.

Una doble lectura

Valga como ejemplo la primera vez que el detective John 'Scottie' Ferguson -encarnado por James Stewart- contempla a la misteriosa Madeleine -que luego será Judy y que fue representado por Kim Novak- lo hace en un restaurante con paredes rojas que en Vista Visión, el estridente sistema en el que fuera filmada la película, configura una tramoya alucinante en la que ella se pasea, éterea y vestida de verde:

Y es que todo tiene una doble lectura en la película más personal, posiblemente, de Alfred Hitchcock. El 'mago del suspense', tras comprar los derechos de la novela francesa de Boileau y Narcejac, se empeñó obsesivamente en adaptarla a su propio imaginario. Tanto que llegó a controlar hasta la posición en la que se disponía el objeto más nímio en cada una de las escenas.

A fin de cuentas, Vértigo sugiere una ficción que parece extraída del propio director: un hombre insólito, con enfermizas fantasías sentimentales y sexuales -y si no que le pregunten a Tippi Hedren, protagonista de un par de películas suyas que no sabía cómo librarse del acoso psicológico de su descubridor-, y que era capaz de 'crear' mujeres de hechizante belleza y torturado y excitante pasado donde sólo había vulgaridad de starlette.

La tremenda disyuntiva del autor

No sólo eso, para el bueno de Hitch, esta historia de amor, la madre de todas ellas, posiblemente, ponía en evidencia la tremenda disyuntiva de todo artista de calibre como él: la tortura de vivir enamorado de un imposible o la realidad torturante de una vida doméstica.

Quizás por eso, en el desenlace alternativo que sólo se emitió fuera de Estados Unidos y que finalmente sería suprimido, mostraba como final de la película una escena doméstica entre la sosa y común 'Midge'/Barbara Bel Geddes y un Stewart en estado de shock. Lo único que le queda, tras volver a perder por segunda vez a Madeleine/Judy, es la horripilante vida conyugal:

Además, Vértigo, además de ser la gran obra del grandísimo, genial y macabro Hitockcock -posiblemente el que mejor ha entendido qué es el cine: una gran mentira en la que todo es técnica y casi nada sentimiento- permanece como referente a la hora de crear una atmósfera: nunca una banda sonora ha tenido tanta capacidad de subrayar una obra maestra -obra del grandísimo genio Bernard Herrmann- y nunca los algo más de dos minutos que duran unos títulos de crédito han tenido tanta entidad y han sabido quedar arraigados en la iconografía de los expertos -gracias otro genio, esta vez Saul Bass-:

Una de las grandes secuencias de la historia

Posiblemente por eso, la gran secuencia de la historia del cine, junto con el tremendo plano secuencia de Sed de Mal, o a la grúa que se alza sobre muertos y heridos en la estación de Atlanta de Lo Que el Viento se Llevó, sea ese larguísimo beso sobre un fondo verde que se dan James Stewart y Kim Novak tras haber acabado de transformar el uno a la otra en la reencarnación de aquella mujer que tanto amó y después perdió.

Ese travelling circular resume la maravilla que es Vértigo: el morbo necrofílico del detective que besa a su amada, muerta y reencarnada en una dependienta, a la que ha arreglado como si fuera aquella dama de la alta sociedad de San Francisco que se suicidara a mitad de metraje.

La muerte y el deseo como nunca antes fueron filmados, cumplen cincuenta años. Y darán para 50 ó 500 más. Disfrútenlo:

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Comentarios 1

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macu
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Muy buen artículo. Se merece este esperado homenaje. Además, analiza muy bien todos los puntos tanto estéticos como hitos que ha marcado esta película. Muy buen trabajo!!

Puntuación 2
#1