Cine

Celina Murga declara que el cine argentino "no se hunde por una crisis"

Berlín, 12 feb (EFE).- La directora argentina Celina Murga completó hoy la ronda de cineastas latinoamericanos a competición en la Berlinale con "La tercera orilla", la historia de un adolescente a punto de ebullición, y defendió la vitalidad del cine de su país, con una presencia récord en esta edición del festival.

"Argentina no es como otros países. Nosotros no nos hundimos por una crisis. Al contrario: convivimos con ella y emergemos", explicó a Efe la cineasta, en un aparte del festival y previo al estreno en la sesión de gala de su filme.

"Tenemos aquí dos películas a concurso, sí. Pero eso no es todo. Menos visible, pero igual más relevante que eso es la amplia presencia también aquí de proyectos que buscan, y a menudo encuentran, apoyo internacional", añadió Murga, quien dos años atrás exhibió en ese festival el documental "Escuela normal".

"La tercera orilla" es su tercer largometraje, -tras "Ana y los otros" y "Una semana solos"- y, al igual que otros tres filmes argentinos presentes en Berlín -como "Historia del miedo", de Benjamin Naishtat, a competición- contó con el apoyo del World Cinema Fund (WCF), subvenciones del festival a jóvenes talentos.

El filme de Murga compartió jornada a concurso con "Aloft", de la peruana Claudia Llosa -Oso de Oro en 2009 con "La teta asustada", en su momento asimismo apoyada por esa especie de cantera oficiosa de la Berlinale que es el WCF.

Llosa regresó al festival como una campeona y al frente de una superproducción interpretada por Jennifer Connelly, mientras que Murga lo hizo con un filme de corte minimalista y "presupuesto medio", en palabras de esa cineasta, nacida en Entre Ríos en 1973.

"La tercera orilla" encaja muy bien en la filosofía de un festival que mima las cinematografías latinoamericanas y que este año, por primera vez en décadas, incluyo dos filmes argentinos a competición.

Murga se centra en un adolescente -Alian Devetac- aparentemente tranquilo, en un entorno familiar sin estridencias de su provincia natal y donde nada hace presentir que algo va a entrar en erupción, más allá de su mirada eternamente perdida.

"Se trataba de no anunciar nada, dejar fluir, que fuera el espectador quien descubriera que algo anda ahí socavando al personaje", explicó Murga.

La trama del filme discurre alrededor de una familia -en realidad, dos familias paralelas-, en una sociedad marcada por las "hipocresías de los secretos a voces", propia de los "núcleos cerrados", como es el mundo entrerriano, añadió.

El protagonista es el adolescente, pero su conflicto en torno a un padre multiatareado -Daniel Veronesa- que quiere un primogénito como perfecto sucesor de todo lo que considera su dominio -familia, trabajo, hacienda, prostíbulos y armario donde guarda sus armas.

Murga, además de presentar su filme, participó en la jornada anual del WCF, junto a su colega y "rival" Naishtat, el productor Hernán Musaluppi -miembro de jurado del premio a la mejor ópera prima del festival- y al crítico Diego Lerer.

La sesión se centró en el cine argentino -"parece que estamos en la cresta de la ola", comentó Murga- y en su organización participó el Instituto Cervantes de Berlín.

Musaluppi incidió en la necesidad de los cineastas argentinos en buscar apoyos en productoras europeas, dada que difícilmente la encuentran en otros países latinoamericanos, según explicó.

"En el cine, como en el mundo, hay momentos de grandes cambios y los cambios implican situaciones de crisis", apuntó la cineasta.

Murga recordó que su primer largometraje surgió justo cuando estalló la crisis en su país, en 2001, y sostuvo que, a diferencia de lo que ocurre en otras latitudes, "el cineasta argentino está acostumbrado a reflotar, reinventarse en tiempos de crisis".

Por Gemma Casadevall.

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