Cine

Y el Oscar es para... México, por la conquista de Hollywood

  • El cine mexicano brilla hoy en la cartelera internacional
  • Nombres como AIñárritu, Cuarón o Del Toro lo han lanzado
Alejandro G. Iñárritu, con un Oscar por 'El Renacido'. Imagen: Reuters

De la mano de los 'tres amigos", Alejandro G. Iñárritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro, el cine mexicano brilla hoy en la cartelera internacional.

En Birdman o (La inesperada virtud de la ignorancia), un Michael Keaton brillante da vida a Riggan Thompson, un actor decidido a ingresar por méritos propios en el olimpo del séptimo arte, adaptando para el teatro una obra de Ray-mond Carver. Después de recorrer un camino regado de dificultades, Thompson consigue hacer historia.

Uno podría advertir una ambición parecida -salvando las múltiples distancias- en los cineastas mexicanos Alejandro G. Iñárritu, director de Birdman; Alfonso Cuarón o Guillermo del Toro, que en los últimos tiempos han elevado notablemente el perfil internacional del cine hecho en México. A menudo, como el atribulado Riggan Thompson, haciendo historia.

Fijémonos en lo ocurrido en las últimas ediciones de los premios más prestigiosos del cine a nivel mundial. Los tres últimos galardonados con el Oscar a mejor director son mexicanos; Alfonso Cuarón logró la estatuilla en 2014 con Gravity -el primer latinoamericano que lo conseguía-, que recibiría otras seis, mientras que su compatriota Alejandro G. Iñárritu se hizo con ella los dos años siguientes, con Birdman y El renacido. Algo que no sucedía desde Joseph L. Mankiewicz, en los años 50. La cinta de Iñárritu se llevó también el Oscar a mejor película.

En 2013, Lupita Nyong'o se convertía en la primera actriz mexicana (también tiene nacionalidad keniana) en ganar un Oscar, esta vez en la categoría de mejor actriz de reparto, por su papel en la aclamada 12 años de esclavitud. También es reseñable lo logrado por Emmanuel Lubezki, que ha ganado los tres últimos años el premio a la mejor fotografía. El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro, cosecharía asimismo dos estatuillas en la edición de 2006, en las categorías de mejor fotografía y mejor dirección artística.

Son algunos datos que evidencian el buen momento que atraviesa el cine mexicano desde que, al inicio del siglo, los tres amigos del cine, como suele designarse a los tres directores mencionados, se dieran a conocer con filmes que traspasaron las fronteras nacionales.

Un nuevo comienzo

Coproducida por Pedro Almodóvar, El espinazo del diablo (2001) fue la primera gran incursión de Guillermo del Toro en la escena global. Ambientada en la España de la guerra civil, esta cinta de horror gótico en torno a un orfanato fue bien recibida por la crítica y clave en la definición del personal estilo de Del Toro.

Su consagración llegaría cinco años más tarde con El laberinto del fauno, que retoma la temática de El espinazo... para combinarla con una historia fantástica de princesas e inframundos. Recaudó más de 80 millones de dólares, obtuvo seis nominaciones a los Oscar, incluida a mejor película de habla no inglesa, y logró finalmente tres estatuillas.

Desde entonces, Del Toro ha alternado filmes de este tipo con superproducciones de acción, como la saga Hellboy o Pacific Rim, con gran éxito de taquilla. De hecho, ya está preparando la tercera entrega de Hellboy y ha confirmado que Pacific Rim 2 sigue adelante, aunque bajo la dirección de Steven S. De-Knight. En diciembre estrenará la serie animada Trollhunters, que realiza para Netflix, y el próximo año llegará su próximo largometraje, The shape of water.

2001 fue también el año en que Alfonso Cuarón logró un reconocimiento amplio, con Y tu mamá también. Ya se había estrenado en Hollywood con Grandes esperanzas, una adaptación del clásico de Dickens de 1861. Sin embargo, el resultado, a juicio del propio Cuarón, no fue cabalmente el esperado. "Creo que es un filme completamente fallido", reconocía en abril al periódico El Universal. El caso de Y tu mamá también fue diferente. El realizador se propuso "empezar de cero" y hacer "la película que habríamos hecho antes de ir a la escuela de cine".

La cinta, protagonizada por la española Maribel Verdú y dos actores mexicanos que hoy gozan de notable prestigio internacional, Gael García Bernal y Diego Luna, es una road movie que explora con gran acierto temas como la transición de la adolescencia a la juventud, la amistad y el sexo.

Alejandro G. Iñárritu también vivió su bautismo de fuego frisando el siglo XXI. Fue con Amores perros (2000), su primer largo tras las cámaras, escrito por el también mexicano Guillermo Arriaga. La cinta, que cuenta también con Gael García Bernal y la española Goya Toledo, entre otros, ganó 11 premios Ariel de la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas, y un Bafta, y estuvo nominada al Oscar a mejor película de habla no inglesa.

Era la primera película de su trilogía sobre la muerte, que se completaría luego con 21 gramos (2003) y Babel (2006), también bien recibidas por la crítica. Todas ellas giran sobre un mismo hecho, un accidente de coche que ocurre en Ciudad de México. El público mostró asimismo gran interés en las películas, con una recaudación creciente: 21 millones de dólares para Amores perros; 60,4 millones para 21 gramos, y más de 135 millones para Babel.

El cineasta se rodeó además de un prestigioso elenco de actores, como Sean Penn, Naomi Watts, Benicio del Toro, Cate Blanchett o Brad Pitt. Babel fue nominada a siete premios de la Academia de Hollywood, incluido el de mejor película; finalmente se hizo con el de mejor banda sonora, un trabajo del argentino Gustavo Santaolalla.

Larga tradición

Si bien es innegable que han inaugurado una nueva etapa para el cine mexicano, los tres amigos no fueron los primeros en abrirse paso en Hollywood. Justo es recordar las hazañas de tres de sus compatriotas, los primeros en pisar la alfombra roja para recoger un Oscar.

Hacia la mitad del siglo XX, Hollywood mantenía aún el fulgor de la que se ha denominado su edad de oro, el periodo que, aproximadamente, se extiende desde 1920 a 1960. El final del cine mudo y el dominio de los Cinco Grandes estudios -MGM, Paramount, Warner Bros., RKO y Fox- consolidaron un estilo que sería canónico durante décadas, con filmes clásicos como Casablanca (1942), Ciudadano Kane (1941), Robin de los bosques (1938), Qué bello es vivir (1946), Eva al desnudo (1950), Con faldas y a lo loco (1959) o La gata sobre el tejado de zinc (1958).

La competencia es intensa. Es la época de directores como George Cukor, Frank Capra, Billy Wilder, John Huston, Elia Kazan o Ernst Lubitsch. También de figuras icónicas como Tony Curtis, Marilyn Monroe, Judy Garland, Lauren Bacall, Janet y Vivien Leigh, Charlie Chaplin, Cary Grant, Clark Gable... La lista es interminable.

Por todo ello, es doblemente meritorio el trabajo realizado entonces por mexicanos como Emile Kuri y Anthony Quinn, que alzaron la preciada estatuilla en cuatro ocasiones. El primero, nacido en Cuernavaca, Morelos, en 1917, trabajó durante dos décadas para Walt Disney Productions. Kuri colaboró con grandes de la época como Hitchcock o Capra, y ganó dos Oscars a la mejor dirección artística: el primero, por su trabajo en La heredera (1949), de William Wyler; repetiría en 1954 con la clásica 20.000 leguas de viaje submarino.

Más conocido fuera de México fue el chihuahuense Anthony Quinn, actor, director y productor, fallecido en 2001. El hecho de que su carrera se prolongara durante 60 años y cerca de 130 películas da una idea de la relevancia de Quinn, que pasaría a la historia por su personaje de Zorba, el griego, en la película homónima de 1964.

Quinn fue el primer actor mexicano en lograr dos Oscars, ambos como mejor actor de reparto, por sus papeles en ¡Viva Zapata! (1952) y El loco del pelo rojo (1956), trabajando al lado de maestros como Marlon Brando y Kirk Douglas.

El también mexicano Robert Amram entró en la historia de los Oscars al conseguir que su corto Centinelas del silencio ganara en dos categorías a la vez.

México ha sido también clave en la historia del cine español, fundamentalmente por el protagonismo que tuvo en la carrera de Luis Buñuel, que desarrolló buena parte de su producción allí y en Francia, lejos de la censura franquista. El turolense inmortal filmó en México cintas memorables como Los olvidados (1950), Viridiana (1961), El ángel exterminador (1962) o Simón del desierto (1965).

Futuro prometedor

Así, los mimbres están puestos para que esta nueva edad de oro del cine mexicano sea duradera. Es llamativo que algunos actores de gran experiencia han acudido a México para filmar sus nuevos proyectos.

Es el caso, por ejemplo, de Danny Glover -conocido sobre todo por Arma letal-, que ha trabajado ya a las órdenes de Diego Luna en la película Mr. Pig, estrenada este año, que retoma el formato de road movie. Antes lo hicieron el veterano Martin Sheen en Chamaco (2009), de Álex Perea; John Malkovich en César Chávez (2014), sobre la vida del activista estadounidense, o Andy García, con su interpretación en el drama bélico Cristiada (2012).

El actor británico Tim Roth es quizá uno de los que más claramente ha apostado por el cine hecho en México. Roth quedó impresionado por la película de Michel Franco Después de Lucía, de 2012, y el año pasado se puso a sus órdenes en la emotiva Chronic. Ese mismo 2015 participó en el debut del mexicano Gabriel Ripstein, 600 millas, y también formará parte del elenco de El jesuita, dirigida por Alfonso Pineda Ulloa y escrita por Paul Schrader, guionista de obras maestras como Taxi Driver o Toro Salvaje.

Todo indica que los éxitos del cine mexicano continuarán en los próximos años, y hasta puede que en la misma familia. Jonás Cuarón, el hijo de Alfonso, llevará este año a los Oscar su filme sobre migración Desierto, su primer largometraje. ¿Conseguirá emular el éxito de su padre al primer intento?

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