Buscar

La arquitectura como arma política: del comunismo funcional a la espiritualidad japonesa

Juan Carlos Rodríguez
11:25 - 24/03/2009

La arquitectura simboliza el poder. Desde su origen, desde Egipto, Grecia y Roma a las catedrales góticas. Pero en su particular recorrido a lo largo del siglo XX ha encarnado diversas ideologías como hasta entonces nunca lo había hecho.

Convirtiéndose en un instrumento de propaganda de primer orden, a la vez que en una herramienta cambiante, transformadora y decisiva de la sociedad. Este es el camino político que la arquitectura ha recorrido en diez hitos que conforman en sí mismo diez de las grandes obras contemporáneas. La historia de la arquitectura contemporánea, pero también de la ideología del siglo XX.


1.Comunismo funcional: URSS / Vladimir Tatlin / Monumento a la III Internacional

Es curioso como la obra de Vladimir Tatlin ha llegado a ser considerada universalmente como uno de los grandes hitos de la arquitectura contemporánea sin que nunca llegara a construirse. Tal era la dimensión de su creación. Tatlin, padre del constructivismo ruso, concibió un proyecto de homenaje a la III Internacional que, en sí mismo, comprendía todo una metáfora del universo y encerraba un simbólico homenaje a la III Internacional como ideología connatural al hombre. Curiosamente, Tatlin cayó devorado por su propia creación, que debería haber encabeza el comunismo funcional, una visión de la arquitectura como medio para reeducar a la población y sinónimo de poder. Sin embargo, el poder comunista prohibió, paradójicamente, el proyecto, al que incluyó en su demonización del arte abstracto. Demostrando, por otra parte, cuan lejos estaba de comprender la esencia misma de la torre de 400 metros de altura llamada a competir con la Torre Eiffel en pleno centro de San Petersburgo.

Eran los años 20 y el proyecto de Tatlin había llegado, acaso, muy temprano: una estructura espiral de metal volcada hacia un lado en el ángulo del eje terrestre, conteniendo estructuras de vidrio con diferentes formas. Todos estos elementos rotarían a distinta velocidad, el cubo completa su giro en un año, la pirámide en un mes, el cilindro en un día y la media esfera en una hora. En su interior se situarían la sede de la Internacional Comunista, una sede de correos, varios restaurantes, diversos espacios para conferencias y la esencia misma del hombre como centro del universo.


2.Capitalismo racional: EE UU / Mies Van der Rohe /Edificio Seagram

No deja de ser curiosa la paradoja de que, con el tiempo, la torre Tatlin responde más a los arquetipos de lo que hoy tomamos como capitalismo y éste rascacielo de Mies Van der Rohe, en el que colaboró también Philip Johnson (el autor de las Torres Kio), podría tomarse por su ángulos rectos y su tajante sobriedad en una contrucción que responde a los principios constructivos soviéticos. Para nada más lejos de la realidad, porque Van der Rohe llevó a la máxima expresión la racionalidad que encierra el capitalismo, compuesto de vigas de acero y columnas de bronce, como la propia fachada de un edificio que, durante décadas, simbolizó el auge de la industria contemporánea. No sólo porque fue sede de la poderosa multinacional Seagram, creada a la sombra de la Ley Seca y la venta de alcohol ilegal, sino porque inauguró una época dorada de la arquitectura como símbolo de poder de económico.

Pero, ante todo, el Edificio Seagram es un símbolo, en sí mismo, arquitectónico: sí, su purismo, su rigor casi obsesivo, su aspiración clasicista. Su idea de la simetría, de la proporción, del orden, está tomada directamente de los templos griegos, que en cierto modo reconstruyó Van der Rohe entre 1954 y 1958, los años de su construcción en pleno Manhattan: no sólo es un edificio construido con basa (entrada y hall), fuste (bloque principal de oficinas) y capitel (sus últimas plantas a modo de remate), sino que a su lado Van de Rohe concibió un espacio vacío, a modo de arena, anexo al 'templo' y en el que se concentrarían los fieles para su admiración. La concepción del arquitecto alemán enlazaba, por tanto, como una conexión espiritual con el capitalismo a través de la depuración expresiva. La antítesis de Tatlin: menos es más.


3.Nazismo y totalitarismos: ALEMANIA / Albert Speer y Ernst Sagebiel / Tempelhof

Albert Speer demostró, en cierto modo, que su Teoría del Valor de las Ruinas, postulada en 1934, era el asentamiento ideológico no sólo de su arquitectura, sino también del nazismo. Si se termina desplomando, al menos que dejen ruinas hermosas. Speer ya debía saber que aquello, la locura de Hitler, no habría de tener un final hermoso, así que se dedicó, al menos, a que sus ruinas fueran indestructible. Tanto como el Schwerbelastungkörper de Tempelhof, esa mole cilíndrica creada para sopesar si el terreno cenagoso de Berlín soportaría la joya de su capital del mundo, o sea, el gran arco de la victoria de la Welthauptstadt Germania.

Como no hubo victoria ni arco, la memoria de Speer permaneció con una de sus escasas construcciones que no se quedaron ni en el plano ni en la ruina: el aeropuerto de Tempelhof, uno de los edificios más emblemáticos del régimen nazi, aunque su proyecto, enmarcado en la 'puerta del aire' de la gran ciudad de Speer, fue encargado a Ernst Sagebiel. Su ampliación en 1934, pues el aeropuerto ya funcionaba como tal en 1909 e inaugurado oficialmente en 1923. Según el proyecto en forma de águila con las alas extendidas, ideado a partir de un dibujo del mismo Hitler, la Terminal que acogería inicialmente a Lufhansa nació siendo el edificio más grande del mundo, curiosamente mérito que le quitaría el Pentágono. La "madre de todos los aeropuertos", según Norman Foster, iría decayendo, aún hoy el el edificio más largo de Europa, con más de un kilómetro y medio, hasta que el año pasado cerró sus puertas, condenado por su privilegiada situación: el centro de Berlín. Pero sigue siendo el mayor testimonio de una arquitectura fría y funcional, simbólica y vanguardista, condecorado por su mito antisoviético como sede del 'puente aéreo' que entre 1948 y 1949 abrieron los Estados Unidos en pleno bloqueo comunista.


4.La potencia de los países emergentes: BRASIL / Oscar Niemeyer / Brasilia

La arquitectura de Niemeyer, ya se sabe, son estructuras dinámicas y livianas, llenas de plasticidad, curvas que parecen imponerse en el paisaje sin apenas sujeción. El creador de la ciudad de Brasilia, junto al urbanista Lucio Costa, encarna, como muy pocos, lo que la arquitectura puede dinamizar una sociedad en desarrollo. Su primer proyecto fue, sin embargo, paradójicamente, una iglesia y un casino, transformado luego en museo de arte contemporáneo, a orillas del Lago de Pampulha, en Belo Horizonte. Construcciones de líneas innovadoras y sutiles que le dieron fama en todo el país. Germen de lo que vendría después, entre 1954 y 1960, sobre todo en la renovación de la arquitectura de la administración civil. De él son el Congreso y los palacios Planalto, Alvorada (residencia oficial del Presidente) e Itamaraty (Cancillería).

Hoy, ya centenario, Niemeyer es un arquitecto consagrado en todo el mundo. Pero su camino no fue nada fácil, tachado de revolucionario y de primar la belleza a la funcionalidad. Pero ahí está su obra: un compendio de cómo se integra imaginación y evolución técnica. Si la arquitectura, ante todo, debe crear sorpresa, ahí está Niemeyer: diferente, audaz, inventor. Ángulo opuesto a la proliferación de rascacielos, opuesto a la displicencia de la racionalidad, opuesto a la mixtificación de la obra por la obra. Actualmente Brasilia encarna una nueva espiritualidad, ahí está, por ejemplo, su catedral, toda la potencionalidad de los países, más que en desarrollo, en construcción.


5.Nueva espiritualidad: JAPÓN / Kenzo Tange / Catedral de Tokio

La vinculación entre las formas de la vanguardia y los contenidos religiosos ofrece uno de los episodios más peculiares del siglo XX. La arquitectura expresa la confusión de la fe de nuestro tiempo y la pluralidad secular de sus lenguajes. Monumentales recreaciones de la ascensión hacia la luz, prácticamente única formulación litúrgica presente en la iglesia moderna, revestida de búsqueda espiritual. Kenzo Tange inauguró, en cierto modo, la construcción de una nueva espiritualidad, simbolizada en su catedral de Tokio, que fue consagrada en 1964. La estructura consiste de ocho paneles en curva, unidos y erguidos casi verticalmente. El techo, con ventanas tragaluces, forma una gran cruz. El exterior está cubierto con acero inoxidable reluciente para recordar la luz de Cristo que brilla en la oscuridad del mundo y de los corazones humanos. Para diseñar la nueva catedral de Tokio, Tange visitó numerosas catedrales medievales y góticas en Europa, de la que, según admitió, recibió la inspiración de erigir su nueva edificación aspirando al cielo, elevándose por encima de la mundanidad. Proclama así su idea de que la arquitectura, como hizo en Hiroshima, debe tender hacia la trascendencia superando la tradición. A la vez que se debía de concebir como un organismo vivo, de ahí su calificativo de 'metabolista' que ha acompañado a su arquitectura.


6.La ingeniería como orgullo nacional: AUSTRALIA / Jorn Utzon / Ópera de Sydney

El expresionismo arquitectónico alcanzó su máxima expresión con la Ópera de Sydney, inaugurada en 1973, después de una delicada obra que se extendió durante 14 años. Muchos textos publicados reflejan las tensiones que se produjeron durante este peridodo. Los más interesantes son los que publicaron los propios implicados como Ove Arup o el mismo Utzon, que defendieron el proyecto ante la incomprensión tanto de las autoridades como de los sectores más conservadores de la arquitectura mundial. Su forma esférica representó la síntesis entre la ecuación simple y la libertad compositiva. Con sus bóvedas en forma de cáscara y su 1.056 millones de azulejos blancos que copan sus alas, compuso la imagen de un edificio único, que Australia abanderó para escenificar que el país entraba por completo en la modernidad como uno de los grandes núcleos del mundo desarrollado. Sin embargo, fue también el primer proyecto que demostró que la arquitectura penetraba en un terreno movedizo donde el equilibrio con la política era más que inestable.

El despido de Utzon fue un despido político debido al sobrecoste de la construcción, que excedió finalmente el presupuesto inicial en un 1400%, pero también por la obsesión del arquitecto danés en controlar hasta el menor detalle de su creación. Pero, ante todo, ha permanecido su identificación de una obra arquitectónica como concreción del orgullo nacional.


7.La revolución cultural: FRANCIA / Renzo Piano y Richard Rogers / Centro Pompidou

Renzo Piano, Richard Rogers y Gianfranco Franchini, los arquitectos del Centro Georges Pompidou, diseñaron el edificio como un "diagrama espacial evolutivo". Eso significa, entre otras cosas, la interacción de dos edificios: una infraestructura de tres niveles donde se reagrupan los locales técnicos y de servicio y, lo más visible, una amplia superestructura de vidrio y acero de siete niveles. Una maravilla que inauguraba un nuevo concepto de museo de arte contemporáneo. Toda una revolución cultural, que insertaba además un edificio de fama mundial en un barrio, Les Halles, no precisamente privilegiado.

En la fachada destacan tubos y conductos técnicos de cuatro colores: azul para el aire (climatización); verde para los fluidos (circuitos de agua); amarillo para los revestimientos eléctricos, y rojo para las comunicaciones (ascensores). Esa osadía obedecía a la intención de dotar al edificio de la mayor movilidad funcional posible, liberando el espacio interior de conductos técnicos y órganos de circulación, escondiéndolos en una definición revolucionaria de espacio museístico: una gran caja vacía. Cada planta tiene una altura de siete metro entre suelo y techo. Inaugurado en 1977, desató una enorme polémica por su imagen de andamio ingente, similar a un mecano, consagrándose más tarde como una de las primeras escenificación de la arquitectura high-tech. Además lanzó a la fama a aquellos jóvenes arquitectos que tuvieron la osadía de romper con un proyecto trasgresor el entorno urbano y la arquitectura que entonces se imponía en Europa, retratando el arte como un espectáculo lúdico y divertido con un diseño en el que, ante todo, importa el interior.


8.Nuevo capitalismo de los 80: GRAN BRETAÑA / Richard Rogers / Edificio Lloyds

Al igual que París, Londres entró en el siglo XXI de la mano de Richard Rogers con un edificio sensacional construído pocos años después del Pompidou, en 1984. Al igual que su referente francés, resultó un icono polémico, pleno de cristales y acero inoxidable, pero que no ha perdido ni un ápice de contemporaneidad. En gran parte por su tremenda flexibilidad, que hace que sea un edificio fácilmente maleable, capaz de renovarse, reemplazando partes de su estructura por otras. Gran demostración High-tech, aunque Rogers rechaza el tecnicismo. Lo que el edificio, en cualquier caso, aparenta es una especie de exceso y denso barroquismo, de solidez industrial, aparentemente hostil al entorno. El edificio está concebido como un gran espacio central definido por tres torres principales y tres torres de servicio. El espacio central, también llamado salón de Finanzas, es un luminoso e imponente ambiente, visible desde las galerías circundantes y alberga la famosa campana del Le Lutine, que se suele tañer una vez cuando un barco asegurado en Lloyd's llega a puerto y dos veces cuando hay un naufragio. Y es todo un símbolo del nuevo capitalismo, aunque paradójicamente, con el tiempo, a Rogers se le haya bautizado como el último humanista, calificativo no muy afortunado, ante sus edificios de dimensiones siderales y rompedores. El Edificio Lloyd's consolidó su prestigio como creador de grandes infraestructuras y definió el carácter de su propia expresión arquitectónica: el interés en la claridad arquitectónica y la transparencia, la integración del espacio público y privado, y la búsqueda de una flexibilidad que permita al edificio adaptarse a los eventuales cambios requeridos por sus usuarios.


9.Explosión turística de los 90: ESPAÑA /Frank O. Gehry / Museo Guggenheim

Y con él llegó la arquitectura como objeto turístico. La gran obra maestra de Frank O. Gehry simboliza la gran explosión del turismo cultural y arquitectónico de los años 90. El arquitecto quiso construir, según el reto que marcaba las propias bases, un símbolo universal. Y lo consiguió, superando incluso al ejemplo a imitar: el museo matriz de Nueva York encargado por Solomon R. Guggenheim al gran Frank Lloyd Wright. Y responde a esa frase que se le atribuye a Brancusi, extasiado ante la imagen de Manhattan: "La auténtica arquitectura es escultura". Gehry para ello tuvo que realizar, no obstante, docenas de maquetas y simulaciones por ordenador donde fue probando diversas combinaciones.

El popular edificio, integrado en el entramado de la ciudad de Bilbao y su plan de regeneración urbanística de cara a la ría, es comparado con una escultura de silueta singular, ingrávida y llena de materiales sorprendentes. Algunos, incluso, le han puesto nombre a esas esculturas. A primera vista, desde cierta distancia, una obra de Hans Arp o Vadlimir Tatlin. Todos parecen estar de acuerdo. Bajo la apariencia caótica de sus formas curvas revestidas de titanio y grandes muros de cristal, se ordena a partir de un monumental espacio vacío coronado por una cúpula metálica, un lucernario en el que entra a raudales la luz. No tiene ni una sola línea recta. Desde el interior, sin embargo, nada hace presagiar su envoltura. Más allá del propio edificio, ha funcionado como un motor, no sólo publicitario y económico, sino que también ha contribuido a activar una sociedad a la deriva ante el naufragio industrial.


10. Experimentación comunista: CHINA / Rem Koolhas y Ole Scheeren / Sede de la CCTV

China ha entrado de lleno en el siglo XXI y en el capitalismo de mano de la arquitectura. Y entre los múltiples proyectos que ha desarrollado, pocos tan impresionantes como el rascacielos, diseñado por el arquitecto holandés Rem Koolhaas y el alemán Ole Scheeren, del estudio Office for Metropolitan Architecture (OMA), con sede en Rotterdam. Son 54 plantas y 234 metros de altura, que ha fascinado al mundo por su forma, una figura geométrica de geometría imposible que imita a dos torres en forma de 'L' unidas en la cima por un puente y también en la base, formando un ángulo recto. Con su apariencia de base sideral, la estructura del edificio fue todo un alarde, que se ha convertido en uno de los símbolos del nuevo Pekín, junto al Nido de Pájaro de Herzog y De Meuron.

La sede de la cadena estatal de televisión impacta, reescribe el concepto de arte urbano, en donde el espacio vacío se conforma tan extraordinario como el construido. Polémico y visionario, Koolhas ha creado, por supuesto, un antes y un después para la arquitectura en altura. Sin duda, es la plataforma perfecta para el gigante chino, que ha hecho de la arquitectura el gran instrumento de propaganda de su capitalismo mixto, de su poder y de su riquezas. La experimentación comunista tantea el futuro como ningún otro país puede hacerlo. Ni otro arquitecto.


Contenido patrocinado

Otras noticias

Comentarios 3

#1
24-03-2009 / 13:59
jose ramon
Puntuación 0

magnifico articulo

#2
08-06-2010 / 17:38
juana
Puntuación -1

soy estudiante de arquitectura y me parecio muy bueno este articulo, me ayudo a aclarar algunas dudas que tenia, muchas gracias .

#3
29-09-2010 / 00:40
Lucasion9
Puntuación -1

Hola muy buen articulo, justo lo que estoy estudiando, muchas gracias


El flash: toda la última hora