Cultura

Por los ojos primero: la cocina del castrosfascismo

Imagen: Archivo

Un antiguo refrán cubano dice que lo que no entra por los ojos no entra por la boca, lo que describe muy bien el concepto que aprendí de cocina cubana observando a mi abuela, a mi tía, a mi madre cocinar.

Mi abuela era más literaria cocinando, debido a su vocación de actriz y a sus inefables lecturas, mi tía concebía la cocina de una manera más estética, para ella todo era combinación de colores, de texturas, de composiciones: mi tía era manicure. Mi madre, por su parte, poseía un concepto estético muy particular de la cocina, y asumía los manjares como un mandala.

Debían cocinarse en total estado de trance artístico, lograr una especie de dibujo del alma, eso, un mandala en relación a la colocación y posición estética de los condimentos, especias, carnes, pescados, arroces, vegetales, en el plato, para luego, a la hora de comerlos, revolverlos todos y de este modo, destruir el mandala.

Tal como se vive se come

El juego de los sabores es fundamental en la comida cubana. La mezcla de lo salado con lo dulce indica una propensión porque endulzar la vida cuando esta deviene demasiado salada, tal como se vive se come, dicen los mayores. Un plato es un cuadro sentenciaban las tres mujeres de mi vida. Entonces, cuando cocinaban, pintaban, mezclaban mejunjes, colores, estructuras, machacaban polvos, el mismo trabajo del pintor, sólo que al final devorábamos los cuadros.

No está de más recalcar que la ausencia de alimentos con el advenimiento del castrofascismo enfermó de dolor a esas tres mujeres de mi vida que hicieron del desayuno, del almuerzo, y de la cena, una batalla campal de resistencia a la mediocridad del paladar. Mi madre viajaba el país entero en busca de los paraísos perdidos del mantel familiar, mi abuela empezó a cambiar las últimas gotas de sus perfumes preferidos, comprados antes de la revolución, todos de Guerlain, por trozos de carne, y patas de pollo, para mis sopas inteligentes. ¿Qué era una sopa inteligente? Sopa de patas de gallo con letras, las que nos daban de beber a los niños para que aprobáramos los exámenes, algo que tenía, sin duda, un carácter religioso.

Con las últimas gotas de Vétiver de Guerlain, comprado en la prestigiosa tienda de Guerlain en el Paseo del Prado (antes de la revolución, y de que se viniera abajo y la transformaran en Oficoda y Oficina de Permutas, una kaka kastrista más), y un poco de aceite, mi abuela adobó un trozo de carne del mercado negro, lo que ella llamó Rôti al vetiver.

Estoy segura que si el patrón de Guerlain se hubiese enterado de tal asunto algún perfume inventará en honor de mi abuela, o nos trataría de nègressses. A mucha honra.

La cocina del castrosfascismo

Total, que el asunto era que las especies escaseaban ya en aquel momento, y no había vinagre, ni vino, ni limón, para darle un gusto a aquel trozo de buey conseguido en el mercado black. Mi abuela echó mano al vetiver. Luego, el buey también se perdió, así como todo tipo de carne y de pescado, y hasta los huevos, del mercado normal y del black. El único buey que nos quedó fue el Coma Andante, y a ese no lo podíamos guisar para comérnoslo. Aunque con él tiempo él solo se devoró a sí mismo. O se mató a sí mismo, como Chacumbele en aquella inolvidable guaracha.

En algún momento escribiré un libro de cocina del castrosfascismo, pero de la comida de la resistencia, que es también cultura, la cultura del paladar, aún extrañando los condimentos naturales, y mucho aliño poético e imaginario; además de sustancioso, la estética juega un papel fundamental.

La cocina es un arte, pronosticaba mi tía, mi abuela añadía: como un poema de Baudelaire, y mi madre, agregaba su esencia asiática: un plato es un mandala. Y lo que es bueno, siempre entra primero por los ojos, sentenciaba mi tía.

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forum Comentarios 7

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caridad
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Todavia me acuerdo cuando haciamos cola en alguna cafeteria el dia que habia perritos calientes para llevarlos a casa sacarlos del pan y hacer ucaridadn arroz con salchicha.

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#1
Ramón Román
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Castrofascismo le llama Zoé Valdés a lo que es en realidad castrocomunismo al duro y sin careta. El fascismo y el comunismo son parientes, pero no son lo mismo. En Cuba, hoy por hoy, reina el comunismo puro y duro, así sin paliativos, a pesar de las anunciadas reformas. Los que aún creen en la utopía marxista optan por llamarle fascismo al régimen castrista, lo mismo que aquellos que no desean contrariar a los viejos camaradas de L"™Humanité. ¿Con quién quiere congraciarse doña Zoé cuando le cambia el nombre al régimen castrista? ¿Cree que el comunismo no es tan totalitario como el fascismo? ¿O es que tiene mala conciencia?

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#2
Ibis Garcí­a Alonso
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Sr. Ramón Román, el Comunismo es un concepto económico, más que político. Su premisa: "A cada quien según su necesidad". No sé si es usted cubano, pero en el caso de que no lo sea, yo, que sí lo soy, le puedo asegurar que el régimen castrista ni de lejos se acercó al llamado socialismo (para Marx, período de tránsito entre el Capitalismo y el Comunismo) cuya premisa económica era: "A cada quien según su capacidad, y a cada cual según su trabajo." El régimen castrista ni siquiera se ha tomado la molestia de enmascarar su verdadera filosofía: Someter y humillar al hombre; filosofía intrínseca al comunismo y al fascismo, como bien usted acotó de forma subliminal en su comentario. Pero, por supuesto, como el régimen castrista siquiera en el plano económico se acercó a la premisa comunista, y encima, en vez de Mussolini, el que ha sometido a los cubanos se llama Fidel Castro, pues no me negará que se puede tomar como válido el neologismo CASTROFASCISMO. Claro, basándonos en lo que usted plantea, también podríamos aceptar el término castrocomunismofascista. Y quedamos en paz.

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#3
Zoé Valdés
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¿Congraciarme con el comunismo a estas alturas del Partido por el eje? Señor Ramón Román, no me haga reir. Si le parece mejor, pues entonces: castrocomunismofacismo.

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#4
Ramón Román
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Es muy común entre los escritores no pronunciarse como anticomunistas. Tienen el temor de que los progres los tachen de fachas. De ahí que eviten llamar al régimen castrista por el verdadero nombre de su ideología comunista y le pongan la etiqueta de fascista. No solamente la escritora Zoé Valdés padece de ese complejo. Es un fenómeno muy extendido.

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#5
R R
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Es muy común entre los escritores no pronunciarse como anticomunistas. Tienen el temor de que los progres los tachen de fachas. De ahí que eviten llamar al régimen castrista por el verdadero nombre de su ideología comunista y le pongan la etiqueta de fascista. No solamente la escritora Zoé Valdés padece de ese complejo. Es un fenómeno muy extendido.

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#6
R R
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La teórica Zoé Valdés nos sorprende con un charla revolucionaria. O sea, se baja con eso que los cubanos denominan un teque. Tiene la ocurrencia de desempolvar el viejo manual de Nikitín para afirmar taxativamente que "el Comunismo es un concepto económico, más que político". ¿Cuántos años habrá vivido en Cuba la autora de la nada y el todo para no entender la esencia del totum revolutum? A estas alturas deja mucho que desear una compañerita que pasó por el ICAIC y no sepa que el comunismo es ideología 24 veces por segundo. La economía es lo adjetivo, lo ancilar, lo cambiante. Da igual la NEP que el comunismo de guerra con requisas obligatorias, el estajanovismo o la colectivización forzosa. La teoría es lo de menos. Lo que les interesaba a los bolcheviques y sus secuaces es la praxis de la toma del poder y su conservación a toda costa. El tequecito de " a cada cual según su trabajo" suena a chiste cruel, en especial viniendo de quien viene. Doña Zoé sabe mejor que nadie que la verdadera máxima del comunismo es "a cada cual según su papá o según su padrino".

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#7