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De grandes escritores cubanos y el desprecio de las autoridades españolas

Zoé Valdés
7:31 - 24/11/2010
La Habana. Imagen: Archivo

El próximo 7 de diciembre se cumplirán veinte años de la desaparición física de Reinaldo Arenas, quien se suicidó, enfermo de sida, en un vetusto edificio neoyorquino. Su suicidio, tal como cuenta la película de Julián Schnabel, Antes que anochezca, basada en las memorias del escritor, actuada magistralmente por Javier Bardem, fue asistido por su mejor amigo: Lázaro Gómez Carriles.

La obra de Reinaldo Arenas, sin embargo, sigue más vigente que nunca. Acaba de publicarse el libro Cartas a Margarita y Jorge Camacho (1967-1990) en la editorial Point des Lunettes, antes editado por Actes-Sud, en Francia. El libro fue presentado en la Casa de América de Madrid, el día 19 de noviembre, en lo que fue un homenaje en cierto sentido extraoficial.

Sin prensa, sin publicidad de ningún tipo, el homenaje organizado por Julia Escobar, Margarita Camacho, y los amigos de Reinaldo Arenas, no contó más que con la presencia de Boris Izaguirre, como personalidad de la cultura, y eso porque fue invitado por una amiga común entre los Camachos y él.

Cero, desprecio absoluto

Un gran escritor cubano, muerto en el exilio por suicidio, enfermo, con una obra de la que han escrito los mejores críticos mundiales, es otra vez despreciado por las autoridades españolas de uno y otro bando. Mucho bombo y platillo para algunos representantes del castrismo, y para los verdaderos escritores que simbolizan la cultura cubana: cero, desprecio absoluto.

El escritor Juan Abreu escribió al respecto, en su blog (www.emanaciones.com ), donde dice: "Los techos dorados de Casa América y a pesar del homenaje por todas partes el lugar apesta su desprecio a Arenas. Estos socialistas. ¿Por qué odian tanto a las víctimas de Castro? Sé que a él nada le hubiera alegrado más que este odio a 20 años de su muerte pero a pesar de eso pienso qué gente tan hija de puta". Y más adelante añade: "Imagino la patada en el culo que le hubiera dado Reinaldo a Zapatero de haber tenido oportunidad y me voy sosegando".

Nadie, nada, en un homenaje que debió de haberse anunciado en Babelia, en todos los periódicos importantes del país. Yo envié mi texto -el que fue leído por Aline Schulman, escritora y traductora de Reinaldo Arenas-, terminé publicándolo en mi blog personal. Porque no hubo ni siquiera una respuesta de parte de los editores. Es más, desde hace años, siempre que se habla de literatura cubana a mí me ignoran olímpicamente. Y la respuesta a esa ignorancia, es porque somos anticastristas, y porque no cejamos en el enfrentamiento ante la mediocridad de la izquierda que sólo apoya a los intelectuales que le hacen la reverencia política.

Convergen en el dolor y la humillación

Otro escritor cubano deberá ser mencionado por la misma fecha, en diciembre: José Lezama Lima. El gran escritor cubano nació un 19 de diciembre del 1910, o sea, estamos ante el Centenario de su Natalicio. La historia de Lezama es diferente a la de Arenas, pero como en todo totalitarismo al final las realidades de ambos convergen en el dolor y la humillación.

Arenas nació en el campo, en una familia humilde, muy joven se fue de la casa queriendo convertirse en guerrillero de Castro -según sus propias palabras entrevistado por Bernard Pivot-, era casi un niño. Por suerte no lo logró ya que no había armas sobrantes que darle. Llegó a La Habana casi con la revolución triunfante. Estudió con maestros soviéticos, pero al mismo tiempo leía libros prohibidos que el mismo Lezama y otros escritores del Grupo Orígenes, casi todos católicos, le entregaban para que consolidara su cultura. Reinaldo y Lezama se hicieron muy amigos. Aquella fue una amistad literaria, habanera, y de confesiones políticas secretas.

José Lezama Lima nació en una familia de clase media, su padre era militar, su madre fue el centro de su obra. Participó en las manifestaciones del 30 en contra de Gerardo Machado, en la "revolución que se fue a bolina". Al triunfo de la revolución castrista, empieza a perder amigos y familiares que se exilian, entre ellos su hermana Eloísa, a la que adoraba. Su madre muere y él se casa con una amiga de la familia María Luisa Bautista, a pedido de Rosa, su madre.

Lezama tuvo un cargo importante en la UNEAC (Unión de Escritores y Artistas de Cuba, modelo soviético), junto a Nicolás Guillén; sin embargo, pese a los escritos pro revolucionarios lezamianos, donde se incluye un texto dedicado al Ché Guevara, el escritor se apertrecha todavía más de soledad, lecturas, y dedicado a su obra, inicia un proceso de alejamiento de la situación social. Su obra magna Paradiso fue catalogada de pornográfica por el mismo Fidel Castro, y aunque publicada, se creó alrededor de este libro una especie de maldición por parte del castrismo que lo ninguneaba y despreciaba. Finalmente la novela, de corte hermético y lírico, fue retirada de las librerías, y en algunas, vuelta a reponer para visibilidad de los invitados extranjeros oficiales. A Lezama lo salvaron los amigos que lo visitaban del extranjero, entre ellos los Camacho, Robert Altmann, Mario Vargas Llosa (muy al inicio), Julio Cortázar, entre otros. En el momento del proceso estaliniano al poeta Heberto Padilla, Lezama fue siquitrillado al igual que el resto de los escritores, clasificado de escritor de torre de marfil, vejado y silenciado.

La heroína de la revolución

La única que se ocupaba de lejos de él, de vez en cuando, era Haydée Santamaría, una heroína de la revolución, cercana a los Castro, presidenta de la Casa de las Américas, que publicó sus libros, sus poemas en un disco, y le mandaba cajas de tabacos, puesto que Lezama era un fumador empedernido.

Mientras Lezama fue condenado al olvido, Arenas era perseguido por escritor contestatario, homosexual, y antisocial. Publicar varios libros en Francia, donde recibió el Premio Médicis, le valió dos años de cárcel. Antes debió esconderse en el Parque Lenin, dormir en los árboles, recibir comida, en forma clandestina de parte de Juan Abreu, que se la llevaba al tupido bosque del parque donde debió refugiarse; hasta que la policía lo atrapó. Reinaldo escribió varias cartas que fueron difundidas en el extranjero, donde denunciaba su situación, hasta la última, antes de morir, donde condenó a Fidel Castro, como para que no quedara dudas de su anticastrismo, en la que termina con la frase: "Cuba será libre, yo ya lo soy".

De Lezama se huía y se le acusaba de escritor hermético -según los castristas-, en realidad se le marginaba por homosexual y pervertido. Por mucho que su hermana Eloísa intentó sacarlo de Cuba, vía México, jamás le dieron el permiso de salida. Su obra fue conociéndose más y más en el extranjero, y el escritor incomodaba más y más a las autoridades con su sola presencia. En 1976 cayó enfermo, debido a sus continuos ataques de asma el corazón se le debilitó. Un médico militar se ocupó de sacarlo de su casa a través de la ventana, tan gordo estaba que apenas podía salir por la puerta, y de ingresarlo en el hospital Calixto García. Al poco tiempo murió. Se dice que fue un asesinato político, como el de Virgilio Piñera. Pero nadie ha podido comprobarlo.

Muerto de hambre, de soledad, de abandono

En cualquier caso, a solo cuatro años antes de que se abriera el Puerto de Mariel, en una de las mayores oleadas de éxodo de la historia, y que Reinaldo Arenas escapara hacia la libertad, en 1980, murió en La Habana, en 1976, José Lezama Lima, al que Reinaldo y un grupo de jóvenes llamaba: El Maestro. Reinaldo Arenas vivió en Miami, e inmediatamente se mudó a Nueva York, publicó libros en España, en Francia y en Estados Unidos, pero su anticastrismo, y sus críticas a la sociedad norteamericana, le valieron que fuese silenciado y despreciado también por las universidades estadounidenses que invitan a cuanto escritor castrista se les ocurre.

Margarita y Jorge Camacho, pintores surrealistas, Juan Abreu, escritor y pintor, y otras personas que lo conocieron, cuentan que Reinaldo jamás cedió un ápice en sus posiciones políticas. Yo lo encontré en dos ocasiones. Tengo el recuerdo de su respuesta, firme, cuando Alfredo Guevara le propuso que fuera a trabajar al ICAIC (Instituto Cuba de Arte e Industria Cinematográficos), fue un NO del tamaño del Capitolio, al día siguiente se iría hacia Mariel, y de ahí hacia Estados Unidos.

Reinaldo Arenas -pese a su homosexualidad clara y definida- también se casó, con una actriz, que tenía un hijo. El matrimonio se dio por esas cosas que se dan en Cuba, para conseguir una dirección en una casa, y permutarla por un sitio más grande. Lezama no dejó herederos. La mujer de Reinaldo Arenas no significó más que una relación amistosa. El único compañero que tuvo Reinaldo fue Lázaro Gómez Carriles. María Luisa Bautista, sin embargo, fue la esposa sin la que Lezama se hubiera muerto de hambre, de soledad, de abandono.

En los últimos años, la figura de José Lezama Lima ha sido oficializada por los mismos que lo persiguieron y condenaron al ostracismo. Recuerdo cuando su casa -en la que casi fui a vivir-, fue desmantelada, y sus libros, objetos, manuscritos, colección de obras de arte, escondidos y desaparecidos, en las penumbrosas salas de la Biblioteca Nacional. Su casa fue abierta al público, yo estuve en la inauguración, a mediados de los años ochenta, pero en los anaqueles sólo habían colocado discursos de Fidel Castro y textos de otros comunistas de la época. Paradiso, el título de su magistral novela, ha sido usurpado, haciendo referencia a la obra del autor, para nombrar una agencia de viajes, que promueve la cultura cubana.

Ofertas desde La Habana

En varias ocasiones me han llegado ofertas desde La Habana de personas que intentan vender manuscritos de JLL, me pregunto de dónde los han sacado.

A Reinaldo Arenas también han querido recuperarlo, sobre todo desde que vieron que la película de Julián Schnabel multiplicaba las tiradas y las traducciones de la obra del escritor. A la madre de Reinaldo, que murió en Cuba, la pusieron a vivir con un periodista del régimen, primo del autor de El mundo alucinante, y la entrevistaron obligándola a decir las peores tonterías sobre su hijo. Ella salió más o menos airosa, como pudo. Sin embargo, la obra de Reinaldo Arenas es irrecuperable, porque cada frase, cada párrafo, es una condena virulenta, precisa y necesaria en contra del castrismo.


Comentarios 3

#1
24-11-2010 / 10:13
CARIDAD
Puntuación 2

HASTA CUANDO DURARA LA DICTADURA CASTRISTA.CUANTAS MENTIRAS Y QUE ENGAÑADOS ESTAN TANTOS ESPAÑOLES Y SOCIALISTAS.MUCHOS NOS HEMOS IDO DESENGAÑANDO CON EL PASO DE LOS TIEMPOS.

#2
24-11-2010 / 10:18
liborio
Puntuación 2

La revolucion cubana deberia llamarse La Gran Estafa.

#3
24-11-2010 / 12:34
zafra
Puntuación 2

Es una dictadura peor incluso que la de Franco porque Franco te dejaba salir del pais y emigrar si no querias vivir bajo su regimen.