Cultura

Las mejores escenas de sexo de la historia del cine

Dejando a un lado los contenidos de sexo real y pornográficos (queda pendiente para un próximo artículo), la historia del cine, bailando al son de la relajación y desaparición de la censura en muchos países, ha alimentado las fantasías sexuales de millones de personas con escenas que brotaron de la imaginación de otros, y que quedaron inmortalizadas sobre cristales de plata en cientos de películas.

Resulta una realidad innegable que cada uno conserva su propia colección de secuencias de sexo favoritas grabadas a fuego en su retina y su memoria, dispuestas a ser reproducidas una y otra vez cuando la ocasión así lo requiera. Y aunque en asuntos sexuales se sugiera extremadamente complicada toda generalización, ofrecemos un repertorio de las que consideramos mejores escenas de sexo de la historia del cine atendiendo a su originalidad, realismo, intensidad e impacto causado.

Enviamos al exilio definitivo esas pudorosas sábanas que todo lo tapan y tanto nos han molestado, y esas escenas en las que pretendieron hacernos creer que el coito puede ejecutarse al compás de una bajada de cremallera.

Apartamos besos, miradas lascivas y carga erótica no resuelta para meternos en el turrón, es decir, imágenes muy explícitas que nos dejaron ver todo (o casi todo) lo que deseábamos. La lista, por supuesto, queda abierta a sugerencias y nuevas incorporaciones.

Julieta (Pedro Almodóvar, 2016)

El cineasta manchego ha rodado una de las mejores escenas de sexo de su filmografía -y esto es mucho decir- en su última película. Adriana Ugarte y Daniel Grao se entregan con pasión por primera vez en un trayecto nocturno en tren, cabalgando sobre las vías de un paisaje nevado que rezuma inquietud.

True Romance (Tony Scott, 1993)

Retitulada en España como Amor a quemarropa, la historia escrita por Quentin Tarantino incluye dosis de gran sexo para compensar la violencia. Una cabina telefónica emerge como el improvisado escenario donde Patricia Arquette y Christian Slater rechazan toda contención. Nunca antes habíamos reparado en lo útiles que podían llegar a ser los gruesos listines telefónicos.

La última seducción (John Dahl, 1994)

En este filme conocimos a Linda Fiorentino en todo su esplendor. Aunque su carrera no logró conquistar cotas de interés tras este título de culto, nadie podrá olvidar su reinvención de la mujer fatal encarnada en su figura pequeña y escasa de curvas, nadando a la contra en medio de unos excesivos años 90. El coito sobre una de sus víctimas dándole la espalda quedará para siempre.

Monster's Ball (Marc Foster, 2001)

El drama protagonizado por Halle Berry y Billy Bob Thornton integra una secuencia de sexo de gran realismo e ínfima idealización. Los dos personajes, vacíos y destrozados, se entregan a un encuentro sexual improvisado y desesperado en busca de una convulsión que aplaque el dolor irremediable. Una escena hipnótica y de alto voltaje como pocas.

Expiación (2007, Joe Wright)

Esta cinta de corte clásico dejó, inesperadamente, un encuentro al rojo vivo entre Keira Knightley y James McAvoy en una biblioteca, con grandes novelas y un ojo impertinente como únicos testigos. Las posibilidades de una estantería cuajada de libros quedaron al descubierto, a la vez que Wright ofrecía la mejor prueba de que la lectura puede ser muy sexy.

Tierra (1996, Julio Medem)

La sensibilidad y creatividad del director vasco explotan en sus secuencias eróticas, muy relevantes en cada una de sus películas y que hacen de él todo un maestro a nivel mundial en el rodaje de este tipo de escenas. En Tierra, el cineasta se apunta al 'más difícil todavía' concibiendo un encuentro sexual sin tocarse entre la volcánica Silke y Carmelo Gómez. Fascinantes e hipnóticos minutos de celuloide teñidos del color de la tierra destrozada por la cochinilla.

Lucía y el sexo (2001, Julio Medem)

Escandalizó por el realismo de su secuencia sexual principal entre Lucía y Lorenzo, los personajes interpretados por Paz Vega y Tristán Ulloa. Sin embargo, bajo el prisma de Medem y con la música de Alberto Iglesias, el sexo totalmente explícito se transforma en pura poesía y un resorte inevitable para la excitación del que mira.

La vida de Adele (2013, Abdellatif Kechiche)

Llegó al Festival de Cannes, vio y venció. Eso sí, envuelta en la polémica. El filme de Kechiche situó el foco de la cámara a centímetros de la relación sentimental entre los personajes de Adele Exarchopoulos y Lèa Seydoux. En concreto, mostrando escenas de sexo lésbico como nunca antes se habían visto en el cine comercial. Las actrices tuvieron que investigar para recrear secuencias sexuales larguísimas, sin apenas cortes y de enorme realismo.

El cartero siempre llama dos veces (1981, Bob Rafelson)

Jack Nicholson y Jessica Lange se olvidaron de su estatus de estrellas hollywoodienses y pusieron toda la carne en el asador en esta escena de sexo salvaje sobre la mesa de la cocina, con los bizcochos recién horneados y la harina volando por una habitación insoportablemente caldeada. Un clásico de cualquier lista que se precie sobre sexo en la historia del cine.

Nunca hables con extraños (1995, Peter Hall)

Una película con Antonio Banderas y Rebecca de Mornay como protagonistas, ambos en su punto más álgido como mitos sexuales, no podía decepcionar. Y no lo hace. En una atrevida secuencia contra una reja metálica, De Mornay se impone a Banderas y le doblega para satisfacer sus instintos carnívoros (mordisco de nalgas en primerísimo plano incluido).

Risky Business (1983, Paul Brickman)

Un casi adolescente Tom Cruise puso cuerpo a una clásica fantasía sexual. El metro se vacía de pasajeros (voluntaria e involuntariamente), y los cortes eléctricos de la luz del vagón acompañan, junto al traqueteo, al imparable aumento de libido de la pareja protagonista. Rebecca de Mornay comenzó a forjar en esta secuencia su propia leyenda como mito erótico.

Showgirls (1995, Paul Verhoeven)

Si Paul Verhoeven está detrás de la cámara, una buena escena de sexo parece garantizada en el menú. Showgirls destrozó la carrera de Elizabeth Berkley, y sería un filme ya olvidado si no fuera por las escenas de alto voltaje que dejó para el disfrute. La más recordada sucede en la lujosa piscina del personaje de Kyle MacLachlan, adonde invita a la aspirante a estrella del baile que acabará seduciéndole entre cloro y burbujas de champán, en un coito convulso y apasionado.

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