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El Planeta de las vanidades: 56 años de polémica literaria

Juan Carlos Rodríguez
22:13 - 19/09/2008

¿Alguna vez se han preguntado por qué los pronósticos del Premio Planeta no fallan nunca? El editor Rafael Borràs cuenta cómo en 1989, en la entrega del Planeta a Soledad Puértolas, un periodista ingenuo "como Caperucita" le preguntó a Lara cómo era posible que la premiada, presentada bajo seudónimo, estuviera en la sala la misma noche del fallo. "Usted todavía cree que los niños vienen de París", fue la antológica respuesta del editor, repetida ante otra cuestión similar en 1994.

Juan Eslava Galán, que obtuvo el Premio en 1987 con En busca del Unicornio, dijo de Lara -Lara Hernández, Lara padre, el creador del imperio- que "este hombre inteligente y listo, capaz de venderle arena a un tuareg o hielo a un esquimal, pocas veces se equivocó en el ejercicio de una profesión llena de escollos, aunque, cuando hablaba con los periodistas metía la pata adrede para ofrecerles titulares que promocionaran sus libros. Y los periodistas, aun advirtiendo la maniobra, se hacían cómplices de él porque "siempre se agradece encontrar una persona que te salpimenta la noticia y te da el trabajo hecho".

¿El ganador está dado de antemano?

Hecho o no, la cuestión es que la frase de Eslava podría explicar por qué ante el Planeta -y ante otros premios, tanto del Grupo Planeta: Nadal, Biblioteca Breve, Azorín, Fernando Lara- como de otras editoriales- se mantiene silencio sobre la componenda: que el ganador esté dado de antemano nunca se podrá probar, aunque los testimonios se acumulan. Al menos, se conoce el nombre del ganador, en ocasiones con meses de antelación.

En la noche del premio, cada 15 de octubre -y que arrancó hace 56 años, en 1952-, se sigue con el ritual de toda la vida: entre plato y plato, el jurado se retira a deliberar. Así, la función adquiere todo el sentido de lo que realmente es: una puesta en escena de una pésima ficción. Volvemos a Rafael Borràs. Durante décadas director literario de Planeta y autor del libro biográfico La guerra de los planetas. Y a una de sus "anécdotas" contada por él mismo.

Franco había muerto el 20 de noviembre de 1975, y Borràs pensó que el primer Premio Planeta que se iba a otorgar tras la muerte del dictador debía ser algo diferente y especial. Obtuvo el visto bueno de la casa, y se le encargó a Jesús Torbado, al que prácticamente se le dio el guión de historia ficción. "Trabajamos en el estilo de un editor anglosajón e hicimos nuestro primer best-seller". Era En el día de hoy y ganó el Planeta 1976. Pura casualidad.

Aunque ese año el elegido era Semprún y su Autobiografía de Federico Sánchez -nuevo golpe maestro del viejo Lara- pero "aún no tenía la novela terminada", como ha señalado Borràs, que se ha justificado, exonerando al Planeta, afirmando que "un premio importante con una considerable dotación económica no puede correr el albur de que no se presente una buena obra o la de un autor conocido. En las bases del premio se invita al gremio de escritores a concursar, otra cosa es que a algunos se les invite de manera personalizada".

Los escándalos

Los escándalos han venido más por los que no se quisieron presentar -Miguel Delibes o Ernesto Sábato señalaron en su día que le había propuesto presentarse y, obviamente, ganarlo aún sin novela escrita- que por los que aceptaron. Aunque Borràs insiste en que ser invitado a concursar en el Planeta no significa ganarlo.

Y lleva razón en parte: porque Lara padre, por ejemplo, era maestro en hacer correr el nombre de un consagrado autor como ganador, luego quedaba finalista; ganaba una novela pésima de otro escritor menos famoso y Planeta vendía miles y miles de ejemplares de las dos. Finalistas fueron: Alfonso Grosso, Fernando Quiñones, Umbral, Benet o Ramiro Pinilla. Jugada redonda.

El autor de Verdes valles, colinas, por ejemplo, tiene mucho que contar. Pinilla, que había ganador el Nadal en 1960, estaba convencido de que su novela Seno ganaría el Planeta en 1971: "Me habían citado a la cena insinuándome que el premio era para mí. Cuando se lo dieron a Gironella, el editor vino donde yo estaba, me dijo unas palabras de consuelo y me metió 5.000 pesetas al bolsillo. Cuando semanas después recibí el cheque del 2º premio me había descontado las 5.000 pesetas". En fin: el gran Lara.

"Los premios, nada que ver con la literatura"

Mercedes Salisachs ganó en 1975 con La gangrena. Pero por dos veces había sido finalista, en 1973 y en 1955. De aquel primer intento ha contado cómo le seleccionaron para la votación final y se plantó en Madrid para asistir al fallo. Ganó Santiago Lorén, pero Salisachs coincidió con José Manuel Lara, que, sin saber quién era ella, le contó un secreto: la mejor novela no era la ganadora, sino otra que... "Cuando terminó de contarme mi novela de arriba abajo, le dije: Usted cree que le ha dado el premio a Santiago Lorén, pero me lo ha dado a mí".

En fin, como ha dicho Rafael Conte, "los premios no tienen nada que ver con la literatura". La polémica estigia de 2006 marcó la cima: Juan Marsé, -ganador en 1978 con La muchacha de las bragas de oro y miembro del jurado- deleznó a ganador y finalista, Maria de la Pau Janer y Jaime Bayly, denunciando "la calidad subterránea" de sus novelas, acompañada por la escudero Rosa Regàs, quien dijo que "hemos votado la menos mala" (Un inciso con Regás: ¡¡Como puede decir eso quien ganó los 600.000 euros del premio con la lamentable La canción de Dorotea, posiblemente la peor de todas las novelas del Planeta!!).

La cuestión es que mientras que el Planeta fue creciendo como fenómeno literario, social y mediático ha ido decayendo en calidad, con una nómina increíble de grandes autores premiados con pésimas novelas en su haber: quizás por la precipitación que tienen las obras de encargo. Y, puestos a contar, salen Vargas Llosa, Skármeta, Pombo, Bryce o Cela. Y eso irrita: ¡Cómo se puede hacer tanto negocio con novelas tan malas!

"La sombra de una duda"

Muñoz Molina es paradójico o, más bien didáctico: la mejor novela de los últimos tiempos, El jinete polaco, fue, a la vez, la menos vendida con apenas 50.000 ejemplares. Lara Hernández, que se las sabía todas, enseguida aprovechó el fiasco en las librerías para hacer correr su opinión: esa era la buena prueba de que cuando se premia una buena novela apenas la lee nadie. Y va a ser qué, en la tumba, Lara sigue teniendo siempre la razón.

Lo cuenta el crítico José Belmonte Serrano en su breve ensayo "Los premios literarios: la sombra de una duda", recogido en el volumen colectivo Entre el ocio y el negocio: Industria editorial y literatura en la España de los 90 (Verbum, 2001).Negocio. Al fin y al cabo, la pregunta que interesa al Grupo Planeta es: ¿vendemos? Vaya, que sí: el que más, por supuesto, ha sido Terenci Moix, que superó los 600.000 ejemplares. En una España en donde la tirada media no cruza los 3.500 ejemplares, la primera edición de los ganadores del Planeta supera, estos últimos años, los 150.000.

Aunque para dudas (y negocio), Cela. Planeta, de momento, ha podido hacer frente al que al mayor de los escándalos del premio instaurado en 1952 por el patriarca Lara (con 40.000 pesetas de bote), pero La cruz de San Andrés -con la que Cela hizo una lamentable faena de aliño- se acabó convirtiendo en un auténtico vía crucis en los últimos años de vida del premio Nobel y premio Cervantes desde que en 1998 la escritora Carmen Formoso le acusara de plagiar su novela Carmen, Carmela, Carmiña (Fluorescencia), con la que también se había presentado a ese galardón.

Después de que el Tribunal Constitucional ordenara la segunda reapertura del caso en julio de 2006, una juez de Barcelona reclamó a principios de año un nuevo informe más exhaustivo que pueda arrojar luz sobre el posible plagio para resolver de una vez por todas un pleito que se arrastra por los tribunales desde hace casi una década. El "caso", de todas formas, arrojó una sombra de duda acerca de los manuscritos presentados al premio y su reutilización por las editoriales.

¿Se trata de un fraude?

Nada, en cualquier caso, distinto al destino de los cientos y miles que reciben las editoriales al año. Aún pulula por ahí, por ejemplo, la acusación a José Saramago por la incautación de la idea de Todos los muertos. Sin embargo, ésta ?como las que pesa sobre las editoriales? no se han podido probar. ¿Cuál es el destino entonces de los 538 originales presentados al Planeta este año? Silencio. Acaso, algunos serán rescatados por la editorial en años venideros o canalizados a través de alguna editorial del grupo. Una de sus fuentes, en todo caso, de captación de autores nóveles. Pero ¿ganar el Planeta?

Hay quien opina que "en absoluto se trata de un fraude, es una institucionalización de los mecanismos que rigen el concurso, y puede considerarse hasta cierto punto lógico, dada la dotación, la segunda a nivel mundial, después del Premio Nobel". Vale. Pero aunque a Planeta le irrita que se cite -de hecho, la editorial española no tuvo nada que ver con ello-, el ejemplo de su filial argentina y la versión rioplatense del Planeta -que ya desapareció- no deja ver con claridad el horizonte.

Ocho años después de que Ricardo Piglia ganara el Premio Planeta por su novela Plata quemada -todo sea dicho: un novelón, que en España publicó Anagrama-, una decisión judicial condenó al escritor y a la editorial a pagar una indemnización de 10.000 pesos más intereses a otro novelista que participó del concurso, por considerar que "existen demostradas muchas circunstancias que revelan la predisposición o predeterminación del premio en favor de la obra de Piglia", entre ellas la "menguada intervención del jurado".


Comentarios 2

#1
20-09-2008 / 11:34
Luis M. Ariza
Puntuación 1

Buenísimo reportaje, Juan Carlos. Enhorabuena.

#2
24-09-2008 / 20:40
Miguel Angel Martínez Ruiz
Puntuación 0

Es como todo en la vida. Nada hay perfecto. No dudo que alguna ocasión haya existido cierta preferencia por determinado autor, debido a su prestigio o relaciones de amistad con algunos integrantes del jurado, pero considero, por otra parte, que algunas veces sí ha habido una decisión imparcial, al menos sin mala fe. Es cuanto.