Cultura

Un cómic aborda con humor e ironía la locura de tener como jefes a 2 "canis"

Barcelona, 15 ene (EFE).- Tener como jefes a dos "canis quepasanéng", esos jóvenes de cultura limitada, amantes del chándal y el tuneo, puede resultar una experiencia laboral de riesgo, como padece el protagonista de "Working for canis", una divertida novela gráfica de tono autobiográfico obra del dibujante Jöse Sénder.

Sénder (Terrassa, 1983) no esperaba, cuando consiguió lo que parecía el trabajo de sus sueños en una agencia de publicidad, que iba a encontrar al frente de la misma a una pareja de iletrados sin ningún conocimiento de márketing, ni de nada de que se le pareciera, y que además de explotarle laboralmente le obligaban a realizar tareas de lo más extrañas, alejadas de cualquier lógica profesional.

Ese "malrollo" cotidiano en la agencia, donde estaba acompañado de becarios que apenas duraban unos días por las malas condiciones de trabajo, lo canalizó en una tiras cómicas en las que narraba sus experiencias, "válvulas de escape" que publicó en un blog bajo el título "Las mágicas aventuras de Sénder", ha explicado el autor a Efe.

El éxito digital de esas historias llamó la atención de la editorial Letrablanka, que le propuso convertirlas en una novela gráfica, este "Working for canis" donde adapta aquellas tiras -de formato autoconclusivo- para dotar al libro de un hilo argumental, y en el que, para evitarse cualquier problema, ha cambiado los nombres de los protagonistas y el de la agencia, donde duró un año.

Mientras el autor se enmascara bajo el pseudónimo de "The Rednes" (anagrama de su apellido) los jefes pasan a llamarse "el Yoni" y "la Yeni", unos treintañeros máxima expresión del "mundo cani", a los que Sénder representa sin cara y hace hablar por medio de unos "bocadillos llenos de faltas de ortografía, porque así escribían y se expresaban", recuerda.

"En algunos puntos he exagerado un poco, en como visten y otra cosas, pero realmente eran así, y hasta que no llevaba un mes dentro no me di cuenta de verdad", comenta el dibujante, que aún no entiende cómo una pareja "poligonera" acabó dirigiendo una agencia de publicidad en la que nunca dejaba de sonar una emisora de machacante reggaeton.

"Una vez se lo pregunté y me dijeron que les parecía glamuroso y guay, pero no tenían ningún estudio de publicidad", se sorprende.

Anécdotas de aquel sinsentido, a decenas. "Una vez un cliente muy serio encargó a la agencia un logo para una medicina. Presenté una cincuentena de propuestas, pero, al final ellos realizaron una por su cuenta, un diseño con comic sans -tipo de letra odiada por los profesionales- con unas fotos de gatitos recortadas. Lo enviaron al cliente, y éste al verlo anuló el encargo".

"Lo más fuerte es que me descontaron ese dinero de mi sueldo", rememora, ahora, Sénder entre risas.

Sénder, que estudió cine antes de dedicarse a la ilustración, tiene entre manos una novela gráfica de temática seria, a la vez que trabaja como diseñador freelance desde que dejó la agencia, de la que salió dando un portazo, "totalmente quemado y con una denuncia por explotación laboral", apunta el autor, que no obstante, ha optado por el tono humorístico para "Working for canis".

"No sé nada de ellos. Eran unos inútiles, y por eso creo que a tanta gente le gustaban las tiras cómicas, porque se sentían identificados con lo que ellos mismos vivían en sus trabajos con sus propios jefes", argumenta. EFE

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