Cultura

Dos periodistas reconstruyen la operación clandestina para poner urnas el 1-O

Barcelona, 29 dic (EFE).- Laia Vicens (Igualada, 1991) y Xavi Tedó (Barcelona, 1977), periodistas del diario Ara, reconstruyen en su libro "Operació Urnes" (Columna) el operativo "clandestino" que puso en marcha el soberanismo para que en los colegios electorales habilitados por el Govern el pasado 1 de octubre hubiese urnas.

En sus 189 páginas, el libro ofrece detalles sobre cómo un núcleo reducido de activistas comprometidos con el proceso independentista activó un plan para la compra de urnas de plástico en China y cómo, mediante la organización de cientos de personas coordinadas de forma piramidal, esas urnas llegaron a los 2.243 puntos de votación, sin llegar a ser interceptadas por los cuerpos policiales del Estado.

De la ejecución del plan, que Vicens y Tedó reconstruyen a partir de sus entrevistas con diferentes responsables de la cadena organizativa, no se encargó directamente el Govern de Carles Puigdemont y, de hecho, muchos de sus miembros desconocían por completo las gestiones que se estaban llevando a cabo, como medida de seguridad para evitar filtraciones que echaran al traste el referéndum, suspendido por el Tribunal Constitucional (TC).

Para proteger su identidad, Vicens y Tedó bautizan al cerebro del operativo con el nombre de "Lluís", quien desde hace años "colabora" con formaciones y entidades soberanistas y que asegura haber pagado de su bolsillo los 100.000 euros del pedido de urnas a la empresa Smart Dragon Ballot Expert, con sede en Guangzhou (China).

El pago se produjo a finales de junio, aunque sus gestiones ya se habían iniciado en marzo, meses antes de que Puigdemont concretara su intención de organizar un referéndum en Cataluña el 1 de octubre.

Además de las 10.000 urnas preparadas para el 1-O, se decidió encargar un segundo lote de 6.500 unidades, fabricadas en Cataluña, desmontables y de PVC, que se mantuvieron escondidas y a punto para ser distribuidas si la primera remesa acababa siendo incautada.

No hizo falta recurrir a ellas, porque las urnas procedentes de China llegaron a su destino, después de cubrir en un barco de carga los 9.600 kilómetros entre el puerto de Guangzhou y Marsella, adonde llegaron a finales de julio tras un viaje de 24 días.

La compra llevaba la firma de una empresa francesa y superó el trámite aduanero después de que "Marc", un activista de la Cataluña francesa que asumió las gestiones, alegara que esa carga iba a servir para levantar "el castillo de plástico más alto del mundo para homenajear a una colla castellera".

El 7 de agosto, tres camiones llevaron las urnas a un discreto almacén en el sur de Francia, no lejos de la localidad de Elna, desde donde un segundo nivel jerárquico del operativo formado por ocho coordinadores se encargó de trasladarlas -con un prudente paréntesis de varias semanas, obligado por los atentados islamistas del 17 de agosto, que multiplicaron los controles fronterizos- a otros ocho almacenes situados en diferentes puntos de Cataluña.

Desde allí, y siguiendo la estructura piramidal clandestina que permitió esquivar todos los controles, otra red de coordinadores locales, sin conexión unos con otros, distribuyeron las urnas por una cuarentena de recintos más próximos a los lugares de votación.

En vísperas del día D, cargos intermedios de la Generalitat celebraron reuniones con responsables locales del 1-O, en las que les informaron de que el censo sería universal y se podría votar en cualquiera de los colegios electorales habilitados.

Finalmente, tres días antes de la fecha anunciada por el Govern para celebrar el referéndum suspendido por el TC, los coordinadores locales repartieron las urnas entre los activistas voluntarios que, como último eslabón de la cadena, se encargaron de llevarlas con sigilo hasta los puntos de votación antes de que amaneciera ese 1 de octubre.

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