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Los edificios madrileños con firma de mujer

EFE
30/09/2018 - 10:52
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Madrid, 30 sep (EFE).- Un museo con fachadas de distintos siglos, una vieja fábrica transformada en sede de una ONG o un singular lavadero de coches son algunos de los destacados edificios madrileños con firma de mujer, ejemplo de que la arquitectura, pese a su tradición eminentemente masculina, no es sólo cosa de hombres.

Los tres forman parte del extenso listado de inmuebles que están abiertos al público este fin de semana en el marco del festival Open House Madrid, que este año cumple su cuarta edición y propone visitas guiadas gratuitas a más de cien espacios públicos y privados de la capital.

El protagonismo de apellidos clásicos como Churriguera o Villanueva, así como el de nombres como Ricardo Velázquez-Bosco, Antonio Palacios o Fernando Higueras, es indudable, pero la oferta de Open House Madrid también incluye a una serie de arquitectas que han dejado su huella en la ciudad.

Para la codirectora del festival, Pati Núñez, es "evidente" que "algo está cambiando" en el paradigma de género del panorama arquitectónico, aunque no sabe si achacarlo a una mayor "accesibilidad" y "sensibilidad" en materia de igualdad o al simple hecho de que "hay muchísimas más mujeres que hombres" en las escuelas de arquitectura.

La colombiana Lina Toro es una de las arquitectas con presencia en Open House Madrid; suyo es el proyecto de 'Burbucar', un lavadero de coches de la calle Costa Rica con el que quiso proporcionar a los clientes una experiencia algo más "hedonista" y ajena a la "antipatía" que suele producir la tarea de quitar la suciedad a un vehículo.

Toro, que también ejerce como docente en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Madrid, explicó a Efe que su condición de mujer no la ha "afectado" en su trayectoria, y considera que, de hecho, estamos en un "momento de discriminación positiva" que la alegra porque "ya era hora".

Algo que sí dice haber observado al trabajar como profesora es que los valores percibidos como "femeninos", como la "perfección" o el "recato", a veces dificultan a las alumnas dar rienda suelta a su talento, mientras que con los varones, a menudo criados con la "valentía" y el "atrevimiento" como grandes principios, ocurre lo contrario.

En 'Burbucar', la intención de Toro fue crear "una escenografía", por lo que hizo pintar todo el lavadero de azul (aunque el dueño lo retiró parcialmente después) y diseñó trajes monocromos para los empleados, al tiempo que ubicó espacios de ocio para entretener a los clientes.

El azul también juega un papel clave en la sede de Save de Children en Vallecas, que firma Eva Gil junto a sus socios Uriel Fogué y Carlos Palacios; aunque el rojo es el color corporativo de la ONG, la vocación infantil del inmueble hizo que se consideraran más apropiados tonos celestes o añil.

Son estos los que predominan en la fachada de este antiguo edificio industrial rehabilitado en el que el escaso espacio disponible (unos 500 metros cuadrados distribuidos en cinco plantas) se aprovecha al milímetro, con lucernarios y proyectores de cine en el hueco de la escalera y puertas correderas que sirven como pizarra.

Una "lista de deseos" elaborada por los niños que acuden a este local dio pie a varias de esas ideas, aunque algunas propuestas eran demasiado fantasiosas: montar un tobogán que recorriera el edificio de arriba abajo o instalar una fuente de chocolate era excesivo para las estrictas normativas públicas de seguridad y sanidad.

Y otra rehabilitación, más imponente si cabe, fue la que realizaron María José Aranguren y José González Gallegos en la construcción que hoy alberga el Museo ABC de Dibujo e Ilustración, levantado sobre los cimientos de lo que fue la primera fábrica de la cervecera Mahou, abierta en 1891.

De aquella época se conserva el muro de estilo mozárabe que da a la calle del Limón y genera un curioso contraste con la fachada principal del museo, que presenta un atrevido diseño geométrico y está hecho de aluminio, acero y cristal.

El pasado industrial del lugar, que también albergó el Archivo Regional madrileño a finales del siglo XXI, se deja notar especialmente en las sobrias vigas de acero reforzado que antaño soportaban el peso de la maquinaria y en el fresco ambiente de las salas subterráneas, donde se guardaban los barriles de cerveza.

La impronta femenina en los edificios de Madrid no acaba aquí: la Casa del Lector de Matadero (que firma Débora Mesa con Antón García-Abril) o la rehabilitación de la Fundación Telefónica (de Belén Moneo y Jeff Brock) son otros de los muchos proyectos de la capital en los que las arquitectas toman la palabra. Y es que el futuro, concluye Pati Núñez, "es de las mujeres".

Por Juan Vargas

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