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Rafa Nadal hace una oda al tenis junto a Daniil Medvedev para sumar su decimonoveno Grand Slam

9/09/2019 - 8:46
  • El balear se adjudica su cuarto US Open tras casi cinco horas de partido
  • El 7-5, 6-3, 5-7, 4-6 y 6-4 será recordado como una de las mejores finales
  • Rafa acabó llorando y elogiando a un rival que cerca estuvo de voltearlo
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Rafa Nadal ha vuelto a sumar otro Grand Slam al agenciarse el US Open 2019 tras su victoria sobre Daniil Medvedev (7-5, 6-3, 5-7, 4-6 y 6-4). Un partido épico, de casi cinco horas de duración, que sirve como homenaje al tenis y para que el español, que ya sumar 19 'grandes', se acerque así al tope de 20 de Roger Federer y amenace el número 1 de Novak Djokovic.

Para levantar un monumento a la entrada de Flushing Meadows. Una de esas finales que queda en el recuerdo finalizó con la historia de siempre, pero tras algo inaudito: hubo amago de remontada sobre Rafa Nadal. Eso que parece imposible, lo sigue siendo pero porque un animal hizo lo que mejor sabe: competir hasta el final. Cuando todo parecía inclinado hacia el balear (2-0), Medvedev empató la serie y se puso con todo a su favor. Sin embargo, cuando Nueva York empezaba a colgar la bandera rusa, el número dos del mundo sacó el puño y volvió a hacer historia. 19 Grand Slams, cuatro US Open. Ver para creer. Casi cinco horas de puro tenis.

Empezaron sendos tenistas midiéndose de tú a tú. Ya coincidieron hace un mes en Montreal y aquella victoria española supo para conocerse ambos aún más. Con Daniil teniendo punto de rotura en el primer saque del balear, pero con Nadal resistiendo sacando ya su amplia gama de golpes. No así en el siguiente, donde un Medvedev más agresivo supo cerrar, esta vez sí, el break tras varios intercambios largos con dejadas de los dos incluídas (1-2). Sin embargo, el número dos pronto supo recuperarse y al siguiente servicio del quinto del mundo empató el encuentro, para luego exponer su mejores saques. Entre derechas del español y saques y red del ruso se llegó hasta el 5-5 y ahí Rafa supo tirar de experiencia y mover a su contrincante de lado a lado para cerrar la primera manga (7-5).

Había pasado una hora y media y el enfrentamiento solo acababa de empezar. Por raro que pareciese, pues el primer golpe de Nadal y el llevar el partido a su juego de desgaste hacía preveer una final a tres sets. Salvó, en esas, cuatro bolas de rotura Medvedev (2-2), pero no pudo con la insistencia manacorí que tras un intercambio de los suyos, de devolver todas las pelotas, consiguió el esperado break (4-2). Un golpe ayudado por la red y un magistral paralelo confirmaron el 5-2, que no haría sino que encaminar todo hacia el segundo set a favor del favorito.

Dos cero de Nadal (6-3) y el golpe moral. O eso se pensaba en la Arthur Ashe, pues Medvedev tenía un último órdago que lanzar. Cuando otros tenistas se han apagado, los 23 años del ruso le llevaron hacia el máximo atrevimiento (carrera llena de éxitos le espera por delante si sigue jugando así), y más tras perder su servicio (3-2). Evolucionando su táctica hacia un ataque constante, para impedir que Rafa cerrase el choque, en el saque del español empató la tercera manga (3-3) y a base de toques sutiles y raquetazos duros alargó el envite hasta el 5-5. Un juego en blanco, ya con el ruso lanzado, y un 0-40 levantaron al respetable, que para ese momento ya había cambiado los pitos de todo el torneo contra Daniil por gritos a favor de que se alargase la final. Así fue y tras otra hora, Rafa no pudo levantar el avance del 'debutante'. 5-7 y el US Open 2019 todavía tenía mucho que contar.

La cuarta manga fue un regalo para el espectador. Medvedev, que debería haber sacado la bandera blanca en el tercero, estaba crecido y Nadal, que se había visto apeado cuando mejor lo tenía, iba a responder como siempre ha hecho. Repitiendo la historia, puño en alto y un recital de golpes. Derechas, dejadas, paralelos, globos y saques por parte de los dos, que también respondían devolviendo todas las bolas a la pista contraria. 0-1, 1-1, 1-2, 2-2, 2-3, 3-3, 3-4 y 4-4 para escenificar, de largo, los ocho mejores juegos del torneo con una pista entregada a la causa. Hasta que Daniil cerró su saque en blanco y se fue a por todas en el servicio español. Remontado un 40-15, cambió por completo el rostro de Rafa y mandó el partido al quinto (4-6) y, esta vez sí, definitivo.

Pero si el cuarto fue un regalo, el quinto fue un premio... o un derroche de clase de los dos protagonistas. Esos momentos que el deporte exige todo a los mejores atletas, llevó a la ventaja a Medvedev. Se puso 1-0 el ruso y tuvo tres bolas de rotura para meter el segundo. Sin embargo, ahí salió la furia de Nadal y con puntos imposibles devolvió la igualada. A remolque, Rafa empató de nuevo (2-2) y en el tercer servicio del que será nuevo número cuatro, golpeó con más fuerza que nunca. Break con intercambios dignos de grabar y repetir. El mejor tenis que Nueva York había visto en mucho tiempo.

Confirmó la rotura Nadal y volvió a asestar otra cornada a su rival. 2-5 por la vía rápida y saque balear para cerrar. Aunque el moscovita no había dicho su última palabra y, ayudado por el tercer warning por tiempo en sacar de Rafa, recuperó uno de los breaks en contra. Otra paletada para remar. Llegaba el turno de su servicio y ante dos bolas de partido del español, Medvedev tiró otro órdago para seguir soñando (4-5). Pelota, de campeonato, al tejado del número dos y esta vez sí iba a ser la decisiva. A la tercera, con una bola de break por medio, se desplomó la Arthur Ashe.

Las lágrimas de toda la vida. Las que nunca cesan. Las de cinco horas de no parar de luchar. El 19. A uno del tope de Federer. Honores también para un Medvedev al que el futuro le llama. Para aquellos que aún no conocían al ya número cuatro del mundo, esta es su carta de presentación. Rozó lo que nunca antes otro se atrevió a pensar, remontar una final de Grand Slam a Rafael Nadal. Ese que con 33 años sigue dando lecciones de tenis. Las tres de la mañana en España y un país en pie imaginándose estar en Flushing Meadows. Rafa, Rafa, Rafa y así has en tantas ocasiones. La palabra 'competir' nunca tuvo un ejemplo tan claro.


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