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El KO en Bilbao, último clavo en la crisis que abrió Anfield: cronología de nueve meses negros en el Barcelona

7/02/2020 - 10:01
  • La derrota copera en San Mamés ha supuesto el enésimo golpe deportivo
  • Tras caer en Champions, llegó la final de Copa y un duro verano sin Neymar
  • Las decisiones de la directiva han explotado por los no fichajes y Abidal
Foto: Reuters.

San Mamés ha sido el último clavo, de momento, para el Barcelona. La derrota ante el Athletic de Bilbao en la Copa del Rey significa el enésimo síntoma de que la década gloriosa culé se desmorona bajo un proyecto que hace tiempo dejó de tener sentido y se diluye entre bandazos de un Josep María Bartomeu y su directiva caduca y un equipo incapaz de sacar adelante las grandes finales. Si Turín o Roma ya lo vieron venir, el 4-0 en Anfield supuso el inicio de una travesía de nueve meses negros como nunca se recuerdan en la historia moderna de Can Barça.

Como un golpe contra un cuerpo moribundo. Así sonó el gol de Williams que sentenciaba al Barcelona en los cuartos de final de la Copa 19/20. Messi, solitario en otro gran partido, no pudo evitar la eliminación, como tampoco un Quique Setién que ha visto cómo su sueño de entrenar en el Camp Nou se ve arrastrado a una guerra en la que él es el que menos tiene que ver, el único de los presentes que no estaba el 7 de mayo de 2019 cuando todo se desencadenó bajo un 'Help' en la ciudad de los Beatles.

Nueve meses atrás el cuadro culé llegaba a Liverpool con el ansia de regresar a una final de la Champions League. El anhelo de intentar volver a ser campeón con Madrid, morbo mediante, en el horizonte. El 3-0 de la ida parecía suficiente resultado, pero aquella noche Jürgen Klopp desencadenó una oda al fútbol que todavía sigue latente en el deporte rey y es temida por todo aquel que se ponga por delante. Cuatro goles, con el último de Origi y el famoso saque de esquina de Alexander-Arnold como colofón y pesadilla inolvidable para el Barcelona.

Era el cuarto intento en vano de recuperar la corona continental y las cicatrices de esa herida iban a volverse más dolorosas cuando menos de veinte días después la entidad blaugrana afrontaba la final de la Copa del Rey. Ante el Valencia, la temporada se desmoronó pese a haber ganado con holgura LaLiga. Un 2-1 del equipo ché que ponía a Ernesto Valverde en el ojo del huracán ante un verano que se precipitaba de cambios.

Pero la plantilla intercedió por su técnico y la directiva le dio un nuevo voto de confianza. Sin embargo, el otro deseo de los jugadores, el de ver de nuevo a Neymar, no se iba a hacer realidad y en su lugar llegó un Griezmann que precisamente no iba a tener una bienvenida a la brasileña por parte del gran peso pesado del vestario. Un Messi que añoraba a su gran amigo, con el que junto a Suárez consiguió la quinta Champions y el segundo triplete del club.

Así pues, la directiva retransmitió por todos lados su sainete con el PSG y solo el delantero francés, un anunciado hace meses De Jong, Junior Firpo y los enésimos movimientos raros de la Junta para hacerse con Neto acabaron siendo los refuerzos para la nueva campaña. Esa en la que el Barça se prometía volver a luchar por la Champions y asestar un golpe doméstico a un Madrid que precisamente no llegaba con toda la pujanza necesaria.

Se confirmó en los primeros meses, cuando Zidane se quedó en la cuerda floja. Pero en la ciudad condal, Valverde no terminó de cerrar la crisis y eso lo supo aprovechar un cuadro blanco que en cuanto metió una marcha más hizo saltar todo por los aires. Fue a partir del aplazado Clásico, quién sabe qué hubiese pasado de jugarse un 26-O y no un 18-D. Ahí el Madrid fue superior, sometió al Camp Nou pero el 0-0 aplazó la decisión de la directiva de pulsar el botón rojo de echar al Txingurri.

La Supercopa y el 'caso Valverde'

Tras ello, llegó Navidad, brindis al sol por el nuevo año y a las primeras de cambio empate en el derbi ante un Espanyol colista. Ahí, el técnico extremeño ya tenía las horas contadas (o eso se ha hecho saber desde el entorno de Bartomeu), pero con la Supercopa de Arabia Saudí todo se precipitó. El mejor partido del curso mediante, el Atlético supo aprovechar unos diez minutos finales horrorosos para colarse en la final y abrir, de nuevo, el teatro en los despachos.

Viajes a Qatar para ver y convencer a Xavi, noes de éste y Koeman y finalmente la carta de Setién sobre García Pimienta, que convencía menos que el cántabro para cerraba el bochorno con Valverde. Regresaba el cruyffismo a Can Barça, o eso se vendió, antes de que un triste y posesivo 1-0 al Granada, una victoria in extremis ante el Ibiza y la derrota contra el Valencia fuesen un golpe detrás de otro contra todo el barcelonismo.

Lo ejemplificó el Camp Nou semivacío contra Leganés y Levante y lo hizo reventar una entrevista de Eric Abidal a Sport. El director deportivo, ese que iba a servir de enlace entre la directiva y la plantilla, explicó todos los últimos movimientos con la poca experiencia de señalar al vestuario sin nombres concretos. Messi, capitán y excompañero suyo, no tuvo clemencia y por redes sociales dio el paso que nunca antes se había atrevido a formalizar. Crítica directa, incendio en la guerra y Bartomeu reuniéndose de urgencia con el francés.

No hubo despido, pero sí runrún que ha colaborado a que el Athletic haya sacado tajada en la Copa. El último clavo a nueve meses negros donde todo se desmorona. Por si fuera poco, Dembélé y Suárez lesionados hasta verano, la directiva sin encontrar un recambio en invierno y de urgencia a por un parche mal puesto para tapar sus decisiones incomprensibles. Aún quedan tres meses y la Champions y LaLiga siguen vivas, pero la sombra de un curso en blanco, la decisión de Messi y unas elecciones, de momento todavía para 2021, amenazan con ser el negro colofón de la era más gloriosa en la historia del Barcelona.


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