Buscar

Ser la 'China sin burbuja': así quiere India colarse en el fútbol asiático y mundial

3/05/2018 - 10:53
  • El balompié repunta en un país tradicionalmente de críquet o hockey hierba
  • Quiere convertirse en una alternativa en Asia...sin caer en los errores chinos
  • El objetivo del fútbol nacional: llegar a estar en la Copa del Mundo de 2026
Un partido de la I-League india, en Panchkula.

La Federación India de fútbol tiene a la decimoquinta selección más importante en la AFC (Confederación Asiática). Tiene por encima a países como Siria, Irak, Palestina o Líbano, pero en sus entrañas se está gestando un movimiento destinado a desarrollar este deporte y catapultarlo a la primera línea de un país tradicionalmente dominado por el críquet o el hockey sobre hierba.

El fútbol se encuentra en su momento de mayor esplendor en el país indio y amenaza con derribar todas las barreras que tenía a su alrededor. En los últimos tres años ha escalado cerca de 80 posiciones en la clasificación de la FIFA, en 2017 alojó el Mundial sub-17 y hace poco más de un mes se quedó sin el sub-20 por muy poco a pesar de tener preparadas las instalaciones. El poderío con el que amenazó la creación de la Superliga en 2014 (en la que llegó a estar involucrado el Atlético de Madrid, con su participación en el Atlético de Kolkata) tiene ahora varios brotes verdes.

Según informa Forbes, hay diferentes indicadores que hablan de la hora del fútbol en India. Primero, el crecimiento de los patrocinios en un 64% (cuatro veces superior a la media del resto de deportes). Después, la aparente buena salud de un torneo de reciente creación pero que aspiraba a convertirse en una competición de referencia en la zona. Esa Superliga que llegó a acoger a leyendas como Alessandro del Piero, Robert Pires, Nicolas Anelka o David Trezeguet se ha hecho un hueco en el corazón de los seguidores y se ha consolidado, aumentando sus semanas de disputa y ganando un 22% más de contratos.

Pero la Superliga no está sola. Funciona muy al estilo de las competiciones norteamericanas, con un sistema de franquicias cerradas sin ascensos o descensos...todo lo contrario que la I-League, competición más antigua, de 2007, en la que hay dos divisiones y que tiene unos mecanismos más considerados clásicos. Esta dualidad, reconocida por la propia AFC (que admite a equipos de las dos ligas) multiplica por dos el número de seguidores, pero está pendiente de su posible fin.

Desde 2017, las dos partes hablan para crear una liga unitaria, con divisiones, aunque bajo el paraguas de la Superliga, cuyas franquicias acogerían territorialmente a los equipos de la I-League más cercanos. Un viaje en común para el que aún queda bastante. A pesar de estas peculiares circunstancias, el fútbol indio va creciendo y, con el apoyo de la Superliga, aspira a convertirse en una nueva emergente (en materia de clubes) siguiendo los pasos de China...pero sin entrar en sus errores. Es una declaración de intenciones similar, pero con mecanismos diferentes.

Al contrario de una liga que ha sido frenada por el propio Gobierno a raíz de su desmesurado gasto en fichajes que llegó a generar toda una burbuja, la premisa en India es, precisamente la opuesta. Gastar solo lo que se pueda. Nada de inversiones desmesuradas en jugadores extranjeros y toda una nueva industria (aún no reconocida por el Estado, pero en visos de ello) preparada para sentar las bases de un fútbol base que produzca talentos, futbolistas jóvenes, los primeros estandartes del fútbol del país.

La acción estatal y el Mundial 2026

Por eso, el siguiente factor a tener en cuenta es la participación del Gobierno, que entra, en oposición del fútbol chino (que fue para corregir una desviación del mercado futbolístico dado que su plan de crecimiento se salía del plano establecido), para preparar el terreno de lo que se propone: participar en el Mundial de 2026, el primero con 48 equipos. Todo un reto...y algo más.

Porque esta tarea se hará de acuerdo con los condicionantes del carácter indio, región en la que los deportes siempre tienen un clarísimo sentido comunitario. Usando al fútbol como herramienta para atraer a jóvenes en programas de educación e inserción, incluso relacionados con ONG's, India ha encontrado un nuevo filón, y bastante valioso, con el que seguir actuando en el deporte nacional, que había agotado las posibilidades del críquet, una opción ya quemada.

Esta progresión también se servirá (y no es menos importante en un país con un marcado machismo) de las mujeres. De hecho, el femenino es un sector muy a tener en cuenta: 2017 vio alumbrar la primera liga de mujeres y hasta ocho equipos de las dos grandes ligas se han declarado a favor de abrir una filial para tal efecto.

El Gobierno tiene las infraestructuras, y conforma la base de un crecimiento que, si bien ya se observa en un fútbol profesionalizado y medido en lo económico, aún no se traduce en éxitos deportivos. Los clubes indios, a pesar de poseer una liga emergente, todavía se estrellan en los campeonatos asiáticos. Su presencia es nula en la Champions del continente y en la segunda competición en importancia, la AFC Cup, el Bengaluru estableció la cima del fútbol patrio con un subcampeonato (perdió ante el Al Quwa Al Jawiya iraquí) en 2016.

Al recién nacido fútbol indio le quedan mucho recorrido por gatear, caminar y correr. Ocho años en el balompié son un mundo, y el Mundial de 2026 aún queda lejos. India cree que tiene tiempo suficiente para estar allí y ha empezado a mover sus fichas.


Comentarios 0