Desastres naturales

Las tiendas y comercios reabren lentamente en Nepal

Katmandú, 30 abr (EFE).- Los negocios y comercio comienzan a abrir lentamente en Nepal aunque en Katmandú el sector se resiente por la salida de la ciudad de cientos de miles de personas que trabajaban en el sector, tras el terremoto que el pasado sábado golpeó el país y causó más de 5.000 muertos.

El presidente en funciones de la Federación de Cámara de Comercio e Industria de Nepal (FNCCI), Pashupati Murarka, indicó a Efe que "muchos comerciantes temen aún entrar a sus tiendas", pero subrayó el incremento de la actividad durante el día de hoy.

Sin embargo, alerto de que alrededor de 400.000 personas pueden haber abandonado Katmandú, "la mayoría de ellos trabajadores", con lo que ello implica para estabilizar el sector, y de que hay falta de camiones para transportar suministros.

Gita Shahi mató hoy uno de los cinco búfalos que le sirven de suministro para su carnicería, situada en el extrarradio de la capital, y llenó el mostrador con otras ocho gallinas recién desplumadas.

"No creo que la carne me dure tres horas", indicó a Efe, al explicar que esta mañana llegó el matarife a su casa y dejó hecho cuartos uno de sus cinco búfalos. "Afortunadamente sobrevivieron todos", agregó.

Dice que aguantó cinco días sin abrir y sin comprar gracias a las reservas que tenía almacenadas pero que ya no podía aguantar más.

"Espero que la tienda de las lentejas y el arroz abra hoy", indicó.

A pocos metros, Sita Ram Basukala, que hasta hace una semana trabajaba como peón de carreteras es el improvisado farmacéutico de una pequeña botica cuyo dueño abandonó cuando supo que su casa en un pueblo a varios kilómetros de la ciudad se había derrumbado.

"Solo vendo paracetamol y vendas, cosas que conozco, no vendo otras cosas", dijo a Efe Sita Ram.

Asegura que está en la farmacia por petición del dueño y porque los vecinos le rogaron que la mantuviera abierta durante los días que siguieron al terremoto. Los primeros días regaló material de primeros auxilios para los heridos.

"Ya está por volver el dueño", indicó el hombre, de manos curtidas, mirando su reloj.

El terremoto que ha golpeado el país con una saña que ha causado casi 5.500 muertos y 11.000 heridos también zarandeó la pequeña tienda de ropa de Mina, una mujer de 35 años con dos hijos que perdió su casa y ahora vive en la parte de atrás de su comercio.

Cuando llegó el terremoto salió corriendo a la calle, desde donde vio cómo todo se caía, dijo, apuntando a una mellada estantería con zapatos, que hasta el sábado era un aparador con vidrios y baldas, y a un televisor de plástico con el monitor roto y colocado al revés, mirando a la pared.

Al menos ahora vende más máscaras de tela para la cara, dice, una prenda indispensable para protegerse en las calles del polvo, del hedor y del humo que sale de las hogueras en que se queman los desperdicios.

"Antes vendía una o dos máscaras en un día, hoy he vendido 50 máscaras en unas horas", dijo.

Su marido, vendedor de ladrillos, no ha tenido tanta suerte.

"Nadie quiere ladrillos después de un terremoto", dijo.

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