Desastres naturales

La salud del planeta, la preocupación compartida por los premiados por la FPdGi

Girona, 11 may (EFE).- El medioambiente o la salud del planeta como ellos dicen es una preocupación compartida por los premiados de este año de la Fundación Princesa de Girona (FPdGi), todos jóvenes talentos de diferentes ámbitos que, de una manera u otra, aportan a la búsqueda de soluciones que ayuden a mejorar la salud del planeta.

Los seis se han reunido, a poco más de un mes de la entrega de galardones, y han explicado a EFE la satisfacción que les supone este reconocimiento, pero también la visibilidad que les proporciona y que, en la medida de lo posible, esperan que sirva para concienciar sobre la necesidad de frenar el deterioro del medio natural.

Uno de los ejemplos más evidentes de esta apuesta compartida por la sostenibilidad es el ganador de la categoría Empresa, el ingeniero aeronáutico José Miguel Bermúdez.

Bermúdez ha puesto en marcha la compañía Bound4blue, que instala velas rígidas en embarcaciones para que la fuerza del viento permita reducir combustible y emisiones a la atmósfera.

"Los barcos grandes gastan toneladas de combustible a la hora, un petrolero hasta cuatro", manifiesta este ingeniero para mostrar el tamaño del problema.

Este catalán explica que "el medioambiente es un problema enorme y, en este sector, es el gran olvidado, porque los coches los ves cada día, pero en el mar nadie se da cuenta".

Los profesionales del transporte marítimo son, según José Miguel Bermúdez, "muy conservadores", con lo que la solución para un cambio de este tipo es el boca-oreja y ya tiene como cliente a un armador de pesca de Vigo y, el año que viene, a la compañía teatral La Fura dels Baus, que realizará una gira por mar.

La "visibilidad" que le otorgará es clave para Bermúdez, pero también para ganadores de otras categorías como la ingeniera química María Escudero en la de Investigación Científica.

Esta extremeña dirige el grupo de Nanoelectroquímica en la Universidad de Copenhague e investiga "reacciones electroquímicas para procesos de conversión de energías renovables".

María Escudero se desvive en explicaciones cuando subraya que, a partir de ese trabajo, se puede conseguir "combustible de manera limpia".

Escudero defiende la obligación de estar preocupados por el medioambiente, "porque no hay un planeta B y hay que evitar que el A se siga deteriorando, hay que actuar urgentemente y cambiar el modelo energético".

La premiada define su trabajo como "vocacional" y apunta que "ningún científico haría esto por dinero, porque en el mundo de la empresa viven mejor".

En ese punto coincide con la persona con la que ha compartido galardón exaequo como es el sevillano Guillermo Mínguez, un químico que lidera proyectos en el Instituto de Ciencia Molecular de la Universidad de Valencia

Mínguez confecciona materiales porosos, "que tienen cavidades y canales internos que se pueden utilizar para almacenamiento de gases o moléculas, para reacciones dentro de estos espacios y limitar la radiactividad y que pueden ser precursores de otras cosas".

A este químico también le preocupa el medioambiente, aunque no pretende encontrar la solución al problema, "pero sí desarrollar materiales y nueva ciencia que puedan reducir los niveles de dióxido de carbono.

"A todos los científicos nos gustaría tener relevancia en el campo medioambiental y tener un mundo mucho más limpio que dejar a las siguientes generaciones", indica Mínguez.

Esta preocupación es común entre todos estos jóvenes, aunque la ganadora del premio Social de la FPdGi, Aranzazu Martínez, está volcada en otro asunto como es el de la ayuda internacional a través de la firma "It will be", que pretende profesionalizar este campo.

Martínez procede del mundo de las finanzas, pero un viaje a la India le cambió la vida y, ahora, lucha por darle la máxima efectividad a las organizaciones no gubernamentales (ONG), "porque gestionarlas es igual que hacerlo con una empresa".

La clave es que, a los beneficiados por las ayudas, se les identifica a través de un reconocimiento biométrico para saber si han estado en algún otro programa o si se les ha identificado necesidad de alguna medicación y se digitalizan así los historiales para que "el big data contribuya a mejorar la actuación de las ONG".

La hija menor de Enrique Morente, Soleá, es una de los dos premiados en Artes y Letras y acaba de sacar disco, "Ole Lorelei", con el que sigue la estela de su padre con una fusión atrevida de flamenco y pop, "porque, como él decía, sin riesgo no hay creatividad".

La artista defiende abiertamente el papel de las mujeres en el mundo actual y precisa que, "tanto en el flamenco como en el rock o el clásico, las hay que hacen trabajos valientes y se está avanzando, pero sigue siendo difícil".

Mientras Soleá aprovecha el premio para enarbolar esa bandera, el otro galardonado de la categoría, el violonchelista Pablo Ferrández, lo hace para darle "visibilidad a la música clásica".

Considerado uno talento mundial, Ferrández bromea con el Stradivarius que le ha cedido la Fundación de Música Nipona, de más de trescientos años, "un tesoro para la humanidad cuya custodia daba pesadillas al principio hasta que te acostumbras".

Los seis estarán el 28 de junio en la entrega de los premios de la Fundación Princesa de Girona, que, al día siguiente, organizará una jornada dedicada al programa que desarrolla todo el año con jóvenes.

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