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El 11-S, la conspiración que no cesa

Juan Carlos Rodríguez
7:25 - 11/09/2009

El 11-S no se olvida. Ocho años después, está en primera línea de la actualidad informativa y sigue dando pié a multitud de nuevas teorías, más o menos conspirativas, que defienden que o bien el Gobierno Bush estuvo detrás o actuó a sabiendas con negligencia. De algún modo, parte de la fascinación contemporánea por las teorías de la conspiración tiene su origen en los atentados de 2001. Teorías, en cualquier caso, porque aún nadie las ha podido probar.

Aún así. Van Jones, consejero especial para "empleos verdes", empresa e innovación del presidente Barack Obama, presentó el pasado domingo su dimisión ante las presiones del Partido Republicano una vez que se conociera el apoyo que éste habría brindado a una organización que acusa al Gobierno del ex presidente George W. Bush de estar implicado en los atentados del 11 de septiembre, "un inside job".

La cuestión no se queda ahí. Ayer mismo, el actor Charlie Sheen hizo públicamente una petición al presidente de Estados Unidos para que realice una nueva investigación sobre las Torres Gemelas, en donde fallecieron 2.973 personas. Sheen apareció en un programa de radio y leyó una carta abierta a Obama en la que afirma que "la versión oficial de los hechos" es un "absoluto cuento de hadas" y "una obra de ficción" y ni siquiera una buena".

Como afirman los periodistas Eduardo Martín de Pozuelo y Xavier Mas de Xaxàs, "una fiebre conspiratoria se ha instalado en Europa y América. Miles de ciudadanos de ambos continentes devoran cuanta información llega a su alcance sobre la posibilidad de que los atentados ocurridos en Estados Unidos el 11 de septiembre del 2001 no fueran obra del extremismo islámico sino parte de una conspiración interna sin precedentes".

Y ha sido con el 11-S y sus teorías de la conspiración en dónde internet ha impelido su gran revolución informativa, juzgando, examinando, exigiendo verdad, oyendo a todos los que han tenido algo que contar. Obras y decenas de webs desmenuzan hasta el más mínimo detalle el atentado contra las Torres Gemelas o contra el Pentágono.

Según Mas de Xaxàs y Martín de Pozuelo, "para decirnos que lo que vimos atónitos por televisión en septiembre de hace dos años fue la expresión de la mayor maquinación de todos los tiempos y que ya es conocida como Operation Pearl". En alusión, a Pearl Harbour, y la decisión del Gobierno Bush de crear una agresión que provocara una nueva guerra mundial por el control del petróleo, con la excusa del terrorismo internacional o islamita. Que vienen a ser, en resumen, la tesis cumbre de la conspiranoia.

"No somos conspiranóicos"

La cuestión de fondo es, en cualquier caso, que los defensores, por ejemplo, del conglomerado de asociaciones, organizaciones y simpatizantes del "Movimiento de la Verdad del 11-S", entre ellas 911truth.org, una de las más visibles en EE UU, niegan que estemos hablando de "conspiranoia". Sino de preguntas que ponen en duda las respuestas de la Administración Bush, cuyo mutismo y falta de transparencia acerca de los atentados llevó al The New York Times a compararlo, aún dos años después, con el Kremlin soviético.

Las tesis de la conspiración, afirma el catedrático de Historia Contemporánea Juan Avilés Farré, forman parte del folklore contemporáneo, pero no siempre son banales e inocuas. Se caracterizan por atribuir a una conspiración de agentes poderosos la ocultación de una verdad relevante y a veces logran gran aceptación. Su veracidad o falsedad debe ser probada en cada caso, aunque comúnmente el término se emplea sólo para aquellas que resultan injustificadas.

Según Avilés Farré, "el impacto emotivo que tienen los grandes atentados, como los del 11-S y el 11-M, favorece la aparición de tales teorías, que tienden a mermar la confianza pública en las instituciones. En ambos casos, sin embargo, las teorías que tratan de desmentir el resultado de la investigación oficial carecen de pruebas".

Pruebas de la autoría

En el caso del 11-S, ocho años después, pruebas son, precisamente, lo que piden los miles de defensores de la teoría alternativa de los atentados del World Trade Center y el Pentágono. Verdaderas pruebas que demuestren, precisamente, que fue Al Qaeda ni Bin Laden los verdaderos culpables. Desde la red, por ejemplo, se han dedicado a desmontar cada una de las que se han dado, oficialmente, por concluyentes.

La versión oficial sigue siendo que un grupo de 19 terroristas, dirigido por Mohamed Atta, un hombre de Al Qaeda, fue capaz de secuestrar cuatro aviones comerciales y estrellar dos contra las Torres Gemelas, uno contra el Pentágono y provocar el accidente del otro en un bosque de Pennsylvania cuando iba camino de Washington.

Y es la que se recoge en el informe de una comisión nacional de investigación, integrada por miembros de los dos grandes partidos, cuyos resultados han sido aceptados por los grandes medios de comunicación, aunque ello no ha impedido que se difundan teorías que la niegan. De algún u otro modo, más de cincuenta teorías de la conspiración, de distinto grado y credibilidad, navegan alrededor del 11-S.

A nivel internacional, el teórico de la conspiración que ha tenido más éxito ha sido el periodista francés Thierry Meyssan, creador de la Red Voltaire, quien ha vendido centenares de miles de ejemplares de su libro La gran impostura, traducido a más de 20 lenguas, en el que trata de probar que ningún avión se estrelló en el Pentágono.

Y tampoco faltan en los mismos EEUU teóricos de la conspiración que hayan puesto en cuestión la versión oficial. Entre ellos se encuentra el profesor de Filosofía James Fetzer, quien previamente se había ocupado de otro tema similar, el asesinato de J.F. Kennedy, y el profesor de teología David Ray Griffin. A ese grupo pertenecen también académicos como el profesor de Física Kevin Barrett y Steven Jones.

La argumentación de unos y otros, básicamente, se puede resumir en tres puntos siguiendo a Juan Avilés Farré:

1. Descartan, por motivos técnicos, que el hundimiento de las Torres Gemelas y los daños en el edificio del Pentágono se debieran al impacto de los aviones secuestrados. Por supuesto, no pueden negar que dos aviones se estrellaron contra las torres, pero afirman que su hundimiento se debió a explosivos situados en el interior de las mismas. En el caso de tercer edificio, el WTC 7, ni siquiera recibió un impacto de avión, peor se vino abajo igualmente.

2. Sostienen que los atentados favorecieron los planes de expansión imperial del Gobierno Bush, al constituir un "nuevo Pearl Harbor" que permitió justificar el aumento del gasto en defensa y los ataques contra Afganistán e Irak. Y la "guerra del petróleo" en beneficio de miembros de la administración republicana.

3. Argumentan que, puesto que el Gobierno de Bush se ha esforzado en que se aceptara una versión de los hechos que ellos consideran falsa, incluido el avión que chocó contra El Pentágono, y puesto que se ha beneficiado de lo ocurrido, es probable que miembros del Gobierno estuvieran implicados de alguna manera en los atentados, o al menos estuvieran informados previamente y no trataran de impedirlo.

Investigaciones paralelas

Fetzer, que lidera una asociación de profesores universitarios denominados 'Scholars for 9/11 Truth' (www.scholarsfor911truth.org), sostiene que su grupo ha detectado más de doce irregularidades en la versión del gobierno. Por ejemplo, El gobierno sostiene, por ejemplo, que el fuego generado por los aviones, fue ?más que suficiente? para que las Torres Gemelas se vinieran abajo.

Los "scholars" afirman que el punto de fundición del acero son 1.538 grados centígrados, 538 grados más que el fuego generado por el combustible de los aviones, por lo que "esos incendios no pueden haber hecho que se derritiese el acero, lo que implica que el acero fundido no hizo que se cayeran las Torres".

Jones llegó, por su parte, a la conclusión de que la presencia de metal fundido en el lugar de las Torres Gemelas demuestra la existencia de termita, una mezcla de óxido de hierro en polvo y aluminio capaz de generar temperaturas de más de 2.000 grados centígrados. La termita se emplea para soldar ciertos metales y también como relleno de bombas incendiarias. Y en el WTC se encontraron restos de ella.

Físicos y arquitectos, por ejemplo, no acaban por ponerse de acuerdo de cómo fue posible la "caída libre", la "simetría perfecta" y la "pulverización" de los tres rascacielos. Era la primera vez en la historia que un edificio "y más tres" con estructura de acero se derrumba por un incendio.

El arquitecto Richard Gage, que encabeza la asociación A&E for the 911 Truth (Ingenieros y arquitectos por la verdad del 11 de septiembre), por ejemplo, exhibe un exhaustivo análisis técnico sobre la destrucción de los tres edificios, arruina la versión oficial que ofreció el gobierno estadounidense y piden una nueva investigación sobre los hechos acontecidos, pero esta vez, "sin obviar pruebas irrefutables aportadas por testigos presenciales, científicos y profesionales de la construcción".

Como señala Mas de Xaxàs, además habría que contar con otro aspecto: "Un análisis de las teorías conspirativas muestra que una parte sustancial del asunto gira en torno a los aviones secuestrados por los comandos de Al Qaeda. Básicamente o se niega que los que se estrellaron fueran los mismos que secuestraron aquella mañana "de modo que habría habido una sustitución de aeronaves" o se afirma que hubo explosivos y misiles militares en la causa".

"Soñando la guerra"

Con conspiración o sin ella, judeomasónica, de la CIA o extraterrestre, en toda esta la compleja historia del 11-S es cierto que hay de incertidumbres y explicaciones oficiales que no tienen sentido, por mucho que hasta Noam Chomsky se las haya tragado (o eso dice). Quien no lo ha hecho es Gore Vidal. Y lo ha escrito en dos libros de investigación: "Soñando la guerra", que en su versión norteamericana tiene como subtítulo: "Blood for oil and the Cheney-Bush junta" ('Sangre por petróleo y la camarilla Cheney-Bush'), y "Guerra perpetua por paz perpetua".

Y afirma, por ejemplo, acerca de las guerras desatadas a raíz del atentado en Afganistán e Irak: "Bush padre estuvo en el grupo petrolero Carlyle; Bush hijo, en Harkins Oil; el vicepresidente Cheney, en Halliburton Oil; Gale Norton, la secretaria de Interior, también está vinculada al petróleo; Condoleezza Rice tiene relación con Exxon y Texaco, y el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, fue un hombre de la petrolera Occidental [?] No voy a decir que hay una conspiración. Yo no creo en conspiraciones. Pero, ¿me van a decir que es una coincidencia que estuvieran al frente de EE.UU. y que hayamos ido por el petróleo de Iraq??.

Sigamos con Gore Vidal y "Soñando la guerra". Ahí explica con detalle, y documentos oficiales, cómo "durante una hora y veinte minutos después de producidos los secuestros no pasó nada y luego enviaron un par de aviones cuando ya era todo inútil. Eso me llamó la atención. No llegaría al extremo de calificar la situación de conspiración. ¿Conspiración de quién? ¿Por qué no intervinieron?".

Para el novelista, "nunca se investigó realmente nada, a pesar de que se trataba del golpe más grande que habían sufrido EE.UU. en su historia, más grave incluso que Pearl Harbor. Hay muchas cosas turbias al respecto". Por ejemplo, según afirma, entre los servicios secretos paquistaníes y norteamericanos que, a su juicio, demuestra que se pagó 100.000 dólares a Mohammed Atta, uno de los terroristas de las Torres Gemelas, precisamente cuyo pasaporte "otro argumento de la teoría de la conspiración" se encontró entre los restos.

La rama alemana

Mohamed Atta conduce también a Alemania, país en el que el terrorista se entrenó durante años y organizó una de las células que participó en el 11-S. Y Alemania se ha convertido durante todos este tiempo en uno de los focos de las teorías de la conspiración acerca de los atentados, algunas más creíbles que otras.

Andreas von Bülow, por ejemplo, un ex ministro federal durante el Gobierno de Helmut Schmidt y ex secretario de Estado de Defensa, considerado entonces como una de las grandes esperanzas del SPD, ha vendido miles de ejemplares de su libro "La CIA y el 11 de septiembre. El terror internacional y el rol de los servicios secretos". Bülow afirma que es imposible que la CIA no estuviera al corriente de los planes terroristas, pero insinúa que el Mossad, el servicio secreto israelí, también estuvo implicado en los ataques a las Torres Gemelas para provocar una represalia mundial de Washington contra los enemigos del estado judío, como sucedió con Irak.

El periodista Gerhard Wisnewski concluyó que el Pentágono fue atacado por misiles disparados por el Ejército norteamericano y no por el avión piloteado por terroristas. En su libro "Operación 9/11. Ataque contra el mundo", también cree que ningún avión se estrelló en Pensilvania. No hubo vuelo 93.

Otro periodista, Mathias Bröckers lleva vendidos más de 100.000 ejemplares de su libro "Hechos, falsificaciones y las terribles pruebas del 11.9", donde desarrolla la teoría más espectacular. El autor intelectual del acto terrorista que conmovió al mundo hace dos años, no es otro que George W. Bush, quien promovió el atentado para asumir el rol de líder global y someter al mundo al imperio americano.

Cada una de ellas, han recreados caminos de ida y vuelta desde y hacia los Estados Unidos. En las que, del mismo modo, gozan de distinto eco. Más que irracionales, las teorías conspirativas buscan, precisamente, racionalizar, explicar, determinados hechos irracionales. Eso es lo que trató de demostrar "Fahrenheit 9/11", el documental de Michael Moore: que resaltó básicamente las conexiones entre el ex presidente Bush (padre) y la familia Bin Laden, sugiriendo que los ataques del 11 de septiembre beneficiaban económicamente a las dos familias, además de a la Familia Real saudí, el nexo de conexión entre ambos.

Sobre todo, a través de Carlyle Group. Es lo que exploraba el libro de Dan Briody, "The Iron Triangle: Inside the Secret World of the Carlyle Group". De ese grupo empresarial no sólo eran accionistas el ex presidente Bush (padre), sino también John Mayor o la familia Bin Laden, que la abandonó un mes después del 11-S. La realidad, según Briody, es que es uno de los conglomerados empresariales que se ha hecho de oro con la "guerra contra el terrorismo".

Informes oficiales

En cualquier caso, el mismo informe del Congreso sobre el 11-S demuestra que la CIA, el FBI y la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) cometieron fallos reiterados en el intercambio de información, que impidió que fueran detectados los abundantes indicios de los preparativos de los atentados. "Desde 1998 y hasta el verano de 2001, los organismos de espionaje recibieron un flujo modesto, pero relativamente continuo de informes que indicaban la posibilidad de que se produjeran ataques terroristas dentro de Estados Unidos", afirma el informe, elaborado por un comité conjunto de inteligencia del Senado y la Cámara de Representantes.

Y he aquí, el inicio de otra serie de teorías que apuntan, y en el juicio salieron a la luz, de que, al menos, la Administración Bush conocía los preparativos del atentado y lo permitió por el "rendimiento" político y económico que podrían conseguir con él mismo. El mismo informe es claro y directo: "La comunidad de inteligencia desaprovechó oportunidades para desarticular el complot del 11-S, negando la entrada o deteniendo a los futuros secuestradores o, por lo menos, tratando de descubrir la conspiración por medio de vigilancia e investigación dentro de EEUU". "La pregunta es si eso se provocó a propósito"

El Gobierno de Estados Unidos, obligado por una resolución judicial hace tres años, hizo públicas dos grabaciones de vídeo sobre el momento en que el avión de American Airlines, el fatídico vuelo 77, se estrelló contra el Pentágono en la mañana del 11 de septiembre del 2001. Aún así, ese atentado es puesto en duda por muchas de las teorías de la conspiración entorno al 11-S.

¿Ataque al Pentágono?

El ataque contra el Pentágono -que tuvo lugar después de que los dos primeros aviones secuestrados impactaran contra las Torres Gemelas, en Nueva York- segó la vida de 184 personas, entre ellas 53 pasajeros y seis miembros de la tripulación del Boeing 757, y 125 empleados, civiles y militares, en el interior de la sede del Departamento de Defensa. Poco después se estrelló en un campo de Pennsylvania el vuelo 93 de la compañía United, después de que los pasajeros, alertados por lo que había ocurrido en Nueva York, se amotinaran a bordo. Aquel cuarto avión tenía como destino el Capitolio o la Casa Blanca

En el Pentágono no se estrelló ningún B-757, según Thierry Meyssan. ?Para causar los mayores estragos, advierte Meyssan" el Boeing debería haberse estrellado contra el techo del Pentágono. [...] En cambio, los terroristas prefirieron estrellarse contra una fachada, aunque su altura fuese sólo de 24m. El avión se acercó repentinamente al suelo, como para aterrizar. Manteniéndose en posición horizontal, descendió casi a la vertical, sin dañar las farolas de la autopista que bordea el aparcamiento del Pentágono, ni siquiera rozándolas [...]".

Y sigue: "Sólo una luz del aparcamiento quedó seccionada. El Boeing chocó contra la fachada del edificio a la altura de la planta baja y la primera planta. Todo sin dañar el magnífico césped del primer plano, ni el muro, ni el aparcamiento, ni el helipuerto [...] A pesar de su peso (un centenar de toneladas) y de su velocidad (entre 400 y 700 km/h), el avión sólo destruyó el primer anillo de la construcción".

Además, el avión, de 47 m. de largo, penetró en el edificio 15 m. y luego se desintegró casi en su totalidad, de manera que los 34 m. que deberían sobresalir de la fachada después del impacto no aparecen en ninguna imagen, ni desclasificada, ni inclasificable. Todo esto ocurrió después de que el boeing efectuara un giro de 180º a casi 700 Km/h. Imposible para un avión comercial, lo diga o no Meyssan y su Red Voltaire. Son muchas las versiones que defienden que el vuelo 77 fue derribado en vuelo y que la explosión del Pentágono fue debida a un misil del propio Ejército norteamericano.

¿Hasta qué punto han calado en el público estas teorías? En EEUU las dudas de los ciudadanos se han centrado en la cuestión de si el Gobierno había tenido información previa sobre el proyecto terrorista. Una sorprendente encuesta de Zogby International en agosto de 2004 mostró que casi la mitad de los residentes en Nueva York creían que el Gobierno sí disponía de esa información. Y, en el resto de EE UU, cuatro de cada diez ciudadanos norteamericanos piensa que su Gobierno estuvo detrás.

Pero lo más inquietante resulta la opinión de los musulmanes. De acuerdo con una encuesta del Pew Research Center, en el año 2006 más de la mitad de los indonesios, los egipcios, los turcos, los jordanos y los musulmanes británicos negaban que los atentados del 11-S hubieran sido perpetrados por musulmanes. En el caso de los musulmanes españoles, lo negaban el 35%, mientras que el 33% lo creía cierto. Un año después, la misma empresa encuestó a los musulmanes de EEUU, con el resultado de que el 40% creía que los terroristas habían sido musulmanes y el 28% lo negaba, porcentaje este último que se elevaba al 38% entre los más jóvenes y al 46% entre los más religiosos.

Las versiones españolas

También se han publicado diversos libros de autores españoles sobre la "conspiración" del 11-S, como "La sospecha: el complot que amenaza la sociedad actual" (Belacqua), de Isabel Pisano; "11-S. Historia de una infamia: las mentiras de la versión oficial" (Corona Borealis), de Bruno Cardeñosa, y "Jefe Atta: el secreto de la Casa Blanca" (Plaza & Janés), de Pilar Urbano. Aunque la mayor aportación quizás sea periodística. Mas de Xaxàs y Martín de Pozuelo han publicado una serie de reportajes en "La Vanguardia" interrogándose acerca de dos misteriosas manchas que aparecen en el fuselaje de, al menos, uno de los dos aviones que se estrallaron en el WTC.

Según las imágenes es el que se dirigió a la Torre Sur. Tras estudiar varios fotogramas, y someterlos a un análisis digital de detección de contornos elaborado en la Escola Universitària Politècnica de Mataró, llegaron a la conclusión de que lo que se ve sobre el avión son formas o volúmenes y no reflejos, lo que podría sugerir que el aparato llevaba adosado al impactar algún ingenio desconocido, cuya naturaleza obviamente entra de lleno en el terreno de las hipótesis.

"Una posibilidad es que, pese a los análisis, las formas en cuestión se deban a un fenómeno óptico. La otra es que los terroristas hubieran añadido algo al avión para incrementar su efecto destructivo". Esto significa, entre otras cosas, que los kamikazes habrían necesitado ayuda exterior, al menos, en el aeropuerto de Logan, de Boston. En la red rápidamente se bautizó a este avión, el segundo en impactar, como "el avión preñado" en referencia a las extrañas protuberancias que se aprecian sobre su fuselaje.

Ayer mismo, el propio Charlie Sheen venía a afirmar que basta investigar objetivamente para, al menos, descubrir que la investigación oficial de los hechos sucedidos el 11-S es negligente y que oculta una serie de intereses políticos que escalan a lo más alto de la elite mundial.. Paradójicamente este es un tema que irrita a la izquierda estadounidense.

Por ejemplo, en su análisis sobre la decadencia de la izquierda en Estados Unidos, Alexander Cockburn dice que "el conspiracionismo del 11-S" ha invadido este movimiento, adormeciendo al público y alejándolo de sus filas.

Mas de Xaxàs y Martín de Pozuelo citan a Rudolf Stoeber, profesor de Comunicación de la Universidad de Bamberg, en Alemania, para explicar el interés mediático que ha despertado el 11-S, incluida sus múltiples variaciones de la Teoría de la Consporación: "El 11-S es un hecho totalmente irracional mientras que los humanos necesitamos y buscamos a todo una respuesta racional".

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