Elecciones País Vasco 2016

Hacer valer la cultura de pactos y la geometría variable

  • Poco a poco el escenario político vasco se va pareciendo al de los países con gran tradición democrática.
Iñigo Urkullu celebra su victoria electoral. Imagen: Reuters

Aunque parezca casi inimaginable (máxime viendo lo que sucede en la política española) en Euskadi en esta campaña se ha debatido sobre programas políticos, especialmente sobre aspectos económicos, lejos de la crispación que generaba el terrorismo de ETA del pasado y también lejos de la división generada por el soberanismo radical.

Hay algunos que han tildado de aburrida la campaña vasca. Puede que tengan razón, pero las campañas han de ser para eso, para debatir y confrontar programas políticos, no para divertir.

El ganador indiscutible de las elecciones, a nivel político e incluso personal, ha sido Iñigo Urkullu. El PNV consigue sobrepasar los resultados de 2012 y afianzar un liderazgo basado en gestión y en estabilidad. La personalidad de Iñigo Urkullu despierta tal credibilidad que son muchos los que nada tienen que ver con el PNV pero que le han confiado su voto.

Es cierto que los vascos votan diferente en los comicios para las Cortes Generales, que para las Autonómicas. Ha quedado demostrado una vez más. En junio se depositó mucho voto en función de quién podía desalojar a Rajoy de La Moncloa y eso parecía que iba a ser Podemos, pero hasta ahora no ha sido así

En este contexto, Urkullu también ha captado parte del voto que se derivó para Podemos. Tras el desencanto de la falta de un gran cambio en Madrid, en la política vasca lo que se busca es estabilidad, gobierno, certidumbre, que se hagan las cosas que se tienen que hacer.

La cultura de pactos es una constante en la política vasca. Puede decirse que todos los partidos han pactado con todos (salvo la excepción de PP y Bildu) y ello ha reportado una gran estabilidad a Euskadi incluso en las épocas más duras del terrorismo de ETA.

Ahora Urkullu, con el aval de los votos y su prestigio personal parte de una posición de fuerza, que dice que gestionará con humildad, para pactar con quien desee y acuerde un programa.

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