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Cochazos de lujo en EEUU a casi mitad de precio

Daniela Roveda
30/06/2008 - 6:00

El concesionario W. I. Simonson, un edificio pseudomorisco de color rosa, puede enorgullecerse de ser el más exclusivo de Los Ángeles. Es allí a donde van las estrellas de Hollywood a comprarse sus Mercedes y donde Arnold Schwarzenegger compró su G5. Ahora, con la caída del dólar se pueden llegar a ahorrar hasta 50.000 euros, viaje incluido.

"El otro día vendí un SL 600 a Britney Spears, blanco, como le gusta a ella. Era para su nuevo novio, el paparazzi... no recuerdo su nombre". John Halaka, revendedor de coches de lujo, desgrana los nombres de sus clientes famosos: Jim Belushi, Hillary Swank...

Coches europeos a mitad de precio

Omite, sin embargo, los nombres de ciudadanos anónimos, provistos de pasaporte extranjero, que han comenzado a hacer fila para comprar en EEUU coches europeos prácticamente a mitad de precio.

Entre el dólar bajo y la ausencia de una regulación rígida del sector de la venta al por menor, un SL 63 AMG descapotable, como el de Britney Spears, cuesta en California 139.665 dólares, es decir 91.284 euros. Ese mismo coche cuesta en Italia 147.191 euros. Es decir, una diferencia de 65.499 euros.

Incluso después de descontar los gastos de expedición, los costes aduaneros, la matriculación en EEUU y las modificaciones del motor exigidas en Europa, más el viaje a California -que puede llegar a un máximo de 15.000 euros-, hablamos de unos beneficios netos de 30.000 o 40.000 euros. En algunos casos de 50.000.

Un negocio redondo

Algo paradójico, pero real. A un alemán le conviene irse a América a comprar un coche alemán. Lo mismo les pasa a italianos, franceses, noruegos y chinos. Los importadores de coches y todos los que trabajan en el sector aprovechan desde siempre la diferencia de precio, llevando y trayendo coches de un lado al otro del océano, según los distintos tipos de cambio. Pero hoy más que nunca, el negocio es redondo.

"En este maletín llevo una pila enorme de contratos de venta a ciudadanos extranjeros -dice Jerry Borja, en su oficina del concesionario BMW cercano a la costera Malibú-. Suelen entrar aquí familias enteras: padre, madre y tres hijos, y todos compran coches. Con lo que ahorran se pagan unas vacaciones de un mes en EEUU y regresan a casa con 100.000 euros netos".

Cuanto más caro es el coche, menor es, en términos porcentuales, el coste del transporte y mayor el beneficio. Por ejemplo, un Porsche 911 Carrera Cabriolet tiene un precio en los catálogos estadounidenses de 94.100 dólares, es decir 61.100 euros, pero en Italia cuesta 105.819 euros, lo que supone una diferencia de 44.719 euros.

Los más exclusivos

El Aston Martin DB9 cupé cuesta 107.124 euros, frente a los 163.451 que cuesta en Italia, con una diferencia de más de 56.237 euros. Y un Jaguar XKR-S V8 cupé cuesta 62.635 euros menos. Precios de los catálogos de los concesionarios más exclusivos de Los Ángeles, pero por Internet son más bajos.

Basta entrar en sitios como www.autobytel.com, que rastrea entre los concesionarios de todo EEUU, para encontrar el pedido que cueste menos. El mercado automovilístico es tan competitivo en EEUU como el de los ordenadores o las cámaras digitales. Eso explica, en parte, que los precios estadounidenses ganen a los europeos.

Para hacerse una idea del número de exportaciones a Europa basta buscar en Google "transporte coche Los Ángeles-Italia" y se genera una cascada de sitios. Aumentan los extranjeros interesados en comprar un coche europeo en EEUU. Pero apenas se oye hablar de expedir a Europa. Y es que, por contrato, los concesionarios americanos no pueden vender coches para la exportación, pero es legal comprar el coche usado en EEUU, matricularlo allí y enviarlo a Europa.

Legal, pero sin el consentimiento de los fabricantes europeos. "Si Mercedes sabe que vendemos coches a quien pretenda despacharlos a Europa, no sólo nos pone una multa, sino que, además, deja de enviarnos vehículos, sobre todo los más solicitados", explica Halaka. Para un concesionario que tiene el tipo de clientela que nosotros tenemos, a la que no le gusta que le digan no, sería un auténtico desastre". Para muchos sigue valiendo más que la pena, la diferencia.


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