España

"La Generalitat está más pendiente de que la enseñanza se adapte a las pautas idiomáticas que de reforzar la calidad"

El asunto de Bolonia ha despertado pasiones y, mientras la mayoría de los actores académicos está de acuerdo con el proceso, una minoría radical se opone rotundamente, con el argumento de que Bolonia generará una universidad elitista, con importante intervención del sector privado, a la que sólo tendrán acceso los más pudientes.

El debate sobre Bolonia está abierto en toda Europa, y su descripción requiere más espacio del disponible en estas líneas.

Los hechos: desalojo y violencia

El caso es que desde el 20 de noviembre pasado, el edificio sede de la Universitat de Barcelona ha permanecido ocupado por docenas de estudiantes en protesta por Bolonia. Y en la madrugada de ayer ?las 5,30 de la mañana- los Mossos d?Esquadra ?la policía autonómica de Cataluña-, reclamados por el rector, Dídac Ramírez, con el argumento de que se habían producido comportamientos violentos, procedieron al desalojo del recinto, en vísperas de la huelga general convocada para hoy contra la ley de Educación catalana (la pasada semana, también fueron desalojados otros grupos que ocupaban la universidad Pompeu Fabra).

Fueron desalojados por la fuerza 53 estudiantes con gran violencia. Sobre las 8,30 de la mañana, manifestantes cortaron la Gran Vía, y los Mossos cargaron asimismo con una intensidad descomunal, produciéndose las primeras agresiones injustificadas a periodistas, fotógrafos y simples transeúntes.

A las 12,30, se produjo otra carga policial, y a continuación se formó espontáneamente una manifestación de centenares de estudiantes que, por las calles más céntricas de la ciudad, marcharon hacia la sede de la Consellería d?Innovación, Universitats i Empresa, cuyo titular es Josep Huguet, y a continuación se realizó otra carga desaforada, que sembró franca alarma ciudadana.

En aquel momento, ya había seis personas detenidas y veinte heridos, 11 de ellos Mossos. Pero no acabó aquí la violenta jornada: a las 20 se celebró otra concentración en la Plaza de la Universidad bajo fuerte vigilancia policial, seguida de una manifestación que avanzó por la calle Pelai hasta la Via Layetana, donde fue disuelta de nuevo con brutalidad después de que grupos minoritarios lanzaran piedras y objetos a los guardias. De nuevo periodistas y transeúntes fueron atacados con saña por los agentes del orden.

Los límites del derecho de manifestación son subjetivos

El desalojo de la Universidad de Barcelona, desencadenante de los acontecimientos, es opinable pero parece justificada. Los límites del derecho de manifestación son subjetivos, pero en este caso se habían atravesado muchos de ellos. Sin embargo, el comportamiento de la policía autonómica ha sido condenable, y demuestra una gran bisoñez tanto en los mandos policiales como en la dirección política (Saura, representante de IC, es el consejero de Interior).

Una fuerza policial no debe sembrar con sus actuaciones más conmoción de la que trata de reprimir, y es evidente que las cargas para reducir algaradas han de ser selectivas y cuidadosas. En particular, resulta intolerable que los profesionales de la información que cubren tales acontecimientos sean tratados como maleantes. El Colegio de Periodistas de Cataluña ha hecho bien expresando su malestar.

En el fondo de este conflicto está probablemente la mala situación de la Universidad española, que no atina a ponerse al frente de la inteligencia de este país, ni a desempeñar un liderazgo intelectual, ni siquiera a formar profesionales capaces de auparse a la clase dirigente y de representar un auténtico factor de innovación.

En otras palabras, la protesta contra Bolonia no es sólo contra Bolonia sino contra un modelo educativo periclitado, constantemente reformado sin tino y cuya principal característica es la mediocridad. Hoy mismo, la huelga de ESO y de Bachillerato en la escuela pública está siendo seguida por más del 78% de los docentes.

El sectarismo y la incompetencia están detrás de este conflicto

Frente a esta situación, la Generalitat, que no sabe gobernar a sus fuerzas policiales, está mucho más pendiente de que la enseñanza se adapte a las pautas idiomáticas nacionalistas exigidas por una minoría que de reforzar la calidad de los diferentes niveles. El sectarismo y la incompetencia están detrás de este conflicto, en que los estudiantes son conscientes de las carencias del sistema y temen con fundamento por su futuro.

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forum Comentarios 1

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atoan
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Aqui no queremos la calidad que por cierto es infinitamente mayor en la Universidad privada que en la pública (como en casi todas las empresas). Lo que se quiere a mi entender por los estudiantes es seguir en la mediocridad y que no falte el botellon .De doblarla mas bien poco.

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