España

La Primera Guerra Mundial impregnó la vida cotidiana catalana a pesar de la neutralidad

Barcelona, 28 jun (EFE).- La Primera Guerra Mundial, a pesar de la neutralidad de España, impregnó todas las capas de la sociedad catalana, según se defiende en la exposición "Flames a la frontera", que se inaugura mañana en el Museo de Historia de Cataluña, con elementos singulares, desde juegos infantiles a material bélico.

Los comisarios Maximiliano Fuentes y Francesc Montero, profesores de la Universidad de Girona, han trabajado durante más de dos años en la preparación de esta muestra, que se clausurará el día 18 de noviembre.

Durante una visita con periodistas, hoy han afirmado que el conflicto, durante cuatro años, "lo impregnó todo, igual como sucedió en otros países que sí estaban en guerra".

Hace cuatro años en la Fundación Miró, la exposición "Barcelona, zona neutral (1914-1918)" ya postuló que la capital catalana entró en la modernidad durante los años convulsos de la Gran Guerra, que le supuso una "riqueza cultural y social".

Fuentes y Montero van más allá y sostienen, después de meses de documentación y de lectura de documentos, que "se puede decir que la guerra afectó la economía, la política, pero también los juegos infantiles o el nombre de las calles de pueblos de toda Cataluña" y tampoco dejan pasar que la rémora del conflicto se prolongó en el tiempo.

La exposición toma su nombre de un párrafo de las memorias del escritor Josep Maria de Sagarra en las que se indica que: "Se nos presentaba evidentísimo que Europa se había encendido por los cuatro costados. Teníamos las llamas en la frontera".

Para Francesc Montero, "las llamas se encontraban en la frontera, pero se veían desde casa".

El recorrido expositivo se inicia con una galería fotográfica de lo que fue el Museo de la Guerra en el Tibidabo, inaugurado en 1916 y que pudo visitarse hasta 1940, en el que se reproducían las trincheras del frente y maquetas de tanques o aviones, y se exhibían soldaditos de plomo y postales relacionadas con aquellos hechos.

Tampoco se pasa por alto que los niños catalanes durante ese período hacían colecciones de cromos o leían cómics relacionados con la guerra, recuperados de colecciones de particulares, o que en uno de los carnavales de aquellos años hubo quien apostó por disfrazarse de tanque.

Los comisarios creen que todo ello pone en evidencia, "en contra de lo que se ha creído hasta ahora, que la guerra penetró en todas las capas de la sociedad".

La exposición no obvia el impacto que supuso la guerra para los industriales del textil, que ganaron mucho dinero, pero también resalta que otros sectores como los del vino o el corcho entraron en una crisis de graves consecuencias que llevó a la pobreza a muchos trabajadores.

Por otra parte, en otro momento, se reproduce un angosto pasadizo, con suelo de madera, para que los visitantes puedan hacerse una idea de lo que eran las trincheras, con navajas de afeitar, cascos, estuches, unas gafas o unas balas expuestas, así como la hélice de grandes dimensiones de un avión de combate alemán procedente de la colección del periodista Plàcid García-Planas.

El papel de los entre 400 y 800 voluntarios catalanes que viajaron hasta las trincheras, con nombres como Frederic Pujulà, Pere Ferrés-Costa, Camil Campanyà, o Joan Solé Pla, y el posicionamiento diferente de los intelectuales -unos eran aliadófilos, otros neutrales y otros germanófilos- o vídeos de la época también pueden conocerse en esta exposición.

Asimismo, se resalta el papel de los periodistas en el conflicto, con el nacimiento de los corresponsales de guerra, con Agustí Calvet, Gaziel, de emblema, pero sin olvidar a otros como la enfermera Àngela Graupera, la primera corresponsal catalana de guerra a través del diario "Las Noticias".

Entre los materiales inéditos resalta un busto del mariscal Joffre, obsequiado al Ayuntamiento de Barcelona, así como documentación diplomática y oficial del Archivo Histórico Nacional o la escultura del monumento a los voluntarios de la colección Núria Clapés.

Además, llama la atención un mapa que pone de manifiesto que desde Barcelona a otros municipios como Montblanc, se cambiaron nombres de calles y plazas y se crearon el Paseo de Verdún o en la localidad tarraconense la calle de la Fusteria pasó a denominarse de Wilson, en honor al presidente norteamericano, que se veía como el hombre que logró la paz.

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