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El papa anima al Sínodo a inspirar a "todos los jóvenes" sin excepciones

Ciudad del Vaticano, 3 oct (EFE).- El papa Francisco invitó a su Iglesia a abordar "sin prejuicios" las cuestiones relacionadas con la juventud para inspirar a "todos los jóvenes, sin excluir a ninguno", al inaugurar hoy el Sínodo de Obispos que se celebrará hasta el día 28.

El pontífice se dirigió a los 267 obispos de todo el mundo que participan en esta XV Asamblea General Ordinaria del Sínodo y les animó a "hablar con valentía" sobre las problemáticas de los jóvenes y de las nuevas vocaciones.

Y también a "crear un imaginario positivo que ilumine las mentes" e "inspire a los jóvenes, a todos ellos, sin excluir a ninguno, la visión de un futuro lleno de la alegría del Evangelio".

Francisco invocó la necesidad de un examen franco y abierto sobre esta cuestión, crucial para el futuro de la Iglesia, e indicó que, mientras la crítica "honesta y transparente ayuda", "los cotilleos, rumores y prejuicios" provocan el efecto contrario.

El Sínodo debe ser, a su parecer, "un ejercicio de diálogo" entre los participantes, los obispos y prelados, 23 expertos y un total de 34 jóvenes procedentes de distintos lugares del planeta, que podrán tomar la palabra pero no votar los textos aprobados.

El primer fruto de este diálogo, explicó, debe ser que "cada uno se abra a la novedad, a modificar su propia opinión gracias a lo que escuche" durante las sesiones.

"Sintámonos libres de acoger y comprender a los demás y de cambiar nuestras convicciones y posiciones. Eso es una señal de gran madurez humana y espiritual", sugirió.

Francisco reconoció que durante las labores preparatorias de este Sínodo se evidenció "una Iglesia que no escucha".

Por ello, esta asamblea tiene "la oportunidad y el deber" de escuchar a los jóvenes que, sostuvo, "a menudo se sienten incomprendidos en su originalidad y no acogidos por lo que son y, de vez en cuando, incluso rechazados".

"Una Iglesia que no escucha se muestra cerrada a la novedad, a las sorpresas de Dios, y no podrá resultar creíble, en particular a los jóvenes, que inevitablemente se alejarán", advirtió.

Entre los posibles obstáculos del debate destacó "la plaga del clericalismo", que definió como "una visión elitista y excluyente de la vocación que interpreta el ministerio recibido como un poder y no como un servicio gratuito y generoso".

"El clericalismo es una perversión y la raíz de muchos males en la Iglesia. Debemos pedir humildemente perdón por ellos y sobre todo crear las condiciones para que no se repitan", exhortó.

Con estas palabras, el papa intervenía en la primera sesión del que es su tercer Sínodo -tras los previos sobre la familia-, en el que se abordará la temática de la juventud primero de forma plenaria y después en 14 grupos por idiomas.

Su labor será redactar una serie de resúmenes para elaborar después un documento final, la "Relatio Finalis", con las distintas aportaciones o enmiendas votadas por los padres sinodales, y no por los jóvenes y expertos invitados.

En el centro del debate estará un texto base, el "Instrumentum laboris", elaborado en los últimos meses mediante informes y cuestionarios y en el que se enumeran los principales problemas o inquietudes de la juventud contemporánea.

En esta ocasión el Sínodo representa una importante novedad para la Iglesia de Roma: la presencia, por primera vez, de dos obispos de China, señal de la distensión en las relaciones entre la Santa Sede y Pekín tras su histórico y reciente principio de acuerdo.

El pontífice, muy interesado en Asia, les dio la bienvenida en la misa de apertura del Sínodo y lo hizo visiblemente conmovido, hasta el punto de interrumpir sus palabras.

Los obispos son Yang Xaoting, nombrado por Benedicto XVI, y Guo Jincai, perteneciente a la Iglesia Patriótica china, permitida por el régimen y ahora legitimado por Francisco tras el acuerdo.

Los dos, sentados juntos en el Aula del Sínodo, han llegado al Vaticano para dar fe de una nueva etapa de las relaciones entre el papa y China, rotas desde 1951 y con escollos, ahora superados, como la designación de obispos en el gigante asiático.

Por Gonzalo Sánchez

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