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Costa: Nadie nos perdonaría perder los logros sociales

EFE
20/11/2018 - 15:21

Lisboa, 20 nov (EFE).- Su Gobierno fue bautizado como la "Geringonça" (chapuza) y pocos le daban más de seis meses pero, tres años después, el socialista António Costa se prepara para las próximas elecciones empeñado en apuntalar el crecimiento de Portugal y transformar en "irreversibles" sus logros sociales.

"Aquello que nadie nos perdonaría sería que, si Europa, en el futuro, fuese alcanzada por una nueva crisis, volvamos a estar desprotegidos, como estábamos cuando la crisis nos alcanzó en 2008", sostiene el primer ministro portugués en una entrevista con la Agencia Efe en Lisboa.

En vísperas de la cumbre hispano-lusa que le llevará este miércoles a la ciudad española de Valladolid, Costa recibe a Efe en su residencia oficial, un palacete en el corazón de Lisboa, rodeado por jardines y próximo al Parlamento, donde el jefe del Ejecutivo despacha con sus ministros y celebra audiencias privadas.

En un alto en su agitada agenda política, marcada por el debate con la oposición -y también con sus socios de izquierda- sobre los presupuestos de 2019, los últimos de su mandato, el líder socialista luso hace balance sobre sus tres años de gestión, que se cumplen esta semana.

Cuando llegó al poder, en 2015, de la mano de un pacto con la izquierda, "nadie creía que iba a durar más de seis meses, y ahora ya nadie cree que no va a durar los cuatro años de esta legislatura", recuerda.

Costa (Lisboa, 1961) era de sobra conocido por los portugueses por su labor como ministro en gabinetes socialistas y su estrategia para recuperar las zonas marginadas de la capital durante su paso por la Alcaldía.

Entonces, el país comenzaba a respirar tras el zarpazo de una crisis que derivó en la intervención de la "troika", una severa política de ajustes y privatizaciones y un horizonte más que sombrío.

Hoy crece a tasas del 2 por ciento, se acerca al objetivo de déficit cero (0,2% previsto para 2019) y ha rebajado el desempleo al 6,6%.

Portugal está de "moda" y recibe a decenas de miles de turistas e inversores extranjeros que buscan la residencia y las "golden visas", que han dejado más de 4.000 millones de euros desde 2012.

En su "debe", tiene uno de los salarios mínimos más bajos de Europa -en enero llegará a los 600 euros-, casi un 10 por ciento de los trabajadores en el umbral de la pobreza y una elevada conflictividad entre los sectores más golpeados por la crisis.

Una conflictividad que "forma parte de la vida política y democrática", apunta Costa, y que le incentiva para combatir la pobreza, su "prioridad" para su último año de mandato.

Su meta es transformar los logros sociales en "irreversibles" para que, ante una nueva "tempestad", lo portugueses se sientan protegidos.

Favorito en las encuestas -y conocido por su habilidad como negociador político-, Costa calienta motores para las próximas elecciones, sin excesiva preocupación por la derecha -enzarzada en su crisis interna-, y atento a sus socios de izquierda y a los matices de una relación que "da para ser amigos, pero no para matrimonio".

Para el futuro, revela en la entrevista con Efe, sigue "abierto a la continuidad de una solución que ha probado funcionar bien, ha dado resultados y no vale la pena cambiar".

Pero, "sin querer dar pasos mayores", puntualiza, está convencido de que el éxito de esta "Geringonça" radica en que "ninguno quiso ocupar el espacio político del otro".

Mira también hacia la UE, preocupado por la amenaza del "Brexit" y la fractura este-oeste, mientras estrecha su alianza con el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, para atraer financiación europea y desarrollar las zonas deprimidas de la frontera común.

António Costa es consciente de que, con 10 millones de habitantes, Portugal precisa crecer para garantizar el modelo de prestaciones públicas a medio plazo.

"Somos un país abierto", sostiene. "No queremos sólo turistas, queremos personas que vengan a vivir, a trabajar y a invertir en Portugal".

Fernando Garea y Mar Marín