Europa

Natascha Kampusch: "El secuestro me hizo reflexionar y vi que el mundo no era como imaginaba"

Natascha Kampusch en una imagen de Archivo.

"El secuestro me hizo reflexionar, me costó digerirlo y cuando lo interioricé vi que el mundo no era tan maravilloso como imaginaba y que también hay cosas muy malas ahí fuera", declara la joven austriaca Natascha Kampusch, con motivo de la publicación del libro '3.096 días' (Aguilar), donde habla por primera vez de su cautiverio.

El 23 de agosto de 2006, los medios de comunicación hicieron pública la liberación de una joven de 18 años, quien había permanecido secuestrada por un hombre, Wolfgang Priklopil, desde 1998 hasta que por fin consiguió escapar de su raptor. El torturador se suicidó y ella comenzó una vida que se había detenido cuando apenas contaba con diez años.

La joven no mantiene contacto con la prensa

Natascha Kampusch (Viena, 1988) es presumida, tímida y fija la mirada en sus manos cuando habla. Después de la sesión de fotos y justo antes del encuentro con unos pocos medios de comunicación -entre ellos, Europa Press-, se asoma a la ventana del Círculo de Bellas Artes y observa unos instantes las calles de Madrid.

Habitualmente, la joven no mantiene contacto con la prensa -"es excepcional"- y afirma que nunca busca los focos porque se considera una persona "muy celosa" de su intimidad. Ahora, afirma que escribir este libro y recordar lo ocurrido durante esos años fue un proceso "doloroso".

"Mi autora y yo necesitábamos pausas para digerir todo aquello, a veces estábamos con los nervios desechos", relata.

Ha preferrido ahorrarse los "detalles escabrosos"

El libro detalla el espacio "agobiante" de su prisión: 2,70 metros de largo, 1,80 de ancho y 2,40 de alto. Además, describe de forma recurrente los golpes constantes a los que era sometida. Estas páginas han sido, según señala, una "terapia" en la que había pensado cuando estaba encerrada. Sin embargo, indica que no encontró la fuerza, porque pensaba que "el hecho de vivir aquello ya era suficientemente duro".

Después de la liberación, cuenta que varias editoriales le ofrecieron publicar su historia, pero prefirió hacerlo unos años más tarde y no dar "detalles escabrosos". "Necesitaba una distancia que me permitiera estar por encima de los acontecimientos, pero tenerlos frescos en la mente para no olvidarlos", señala.

Natascha Kampusch siempre ha negado que haya sufrido síndrome de Estocolmo y ahora precisa que, en ese caso, "no defendería ni protegería al autor de los hechos". "Intento analizar la situación y reproducir los hechos, pero no intento negar que se trata de un delito grave", recalca y añade que su imagen del secuestrador ha cambiado. "Al igual que ocurre cuando alguien muere: todo palidece un poco y se ven las cosas con otra perspectiva", indica la joven.

"Mantenerse firme cuando te golpea"

En el libro, Kampusch habla también del momento en el que pudo oler de nuevo la resina de un árbol, cómo le reconfortaba el calor de los rayos del sol o el día en el que su raptor le permitió ver la nieve de las montañas.

Ahora, afirma que también se alegra cuando está ante momentos "estéticamente bellos". "Me gusta mucho el cielo, las nubes y el agua en particular. La adoro", indica.

Cuando la joven habla de su infancia y del momento en el que apareció en la vida de su familia, señala: "Tuve que ganarme mi puesto en un mundo donde los papeles ya estaban repartidos".

Asimismo, esta seguridad y fortaleza aparece de nuevo en el relato del secuestro, cuando afirma que hablaba con su "segundo yo", una personalidad que le recordaba que debía "mantenerse firme cuando dice que eres demasiado tonta para todo y cuando te golpea".

En este sentido, Kampusch afirma que siempre ha tenido la necesidad de "no someterse y no nadar con la corriente", un impulso que la lleva, según declara, a enfrentarse a "todo lo que se ponga en el camino" para realizarse y realizar sus cosas. Para ella, es su forma del "proteger" su yo contra las "influencias de fuera". "Tengo tantas visiones de cómo quiero vivir mi vida que no hay lugar para las ideas que quieren imponerme otros", indica.

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