Europa

Se cumple el 26º aniversario de la caída del Muro de Berlín en plena crisis migratoria

El Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989. Imagen: Reuters

El 9 de noviembre de 1989 es una de esas fechas que quedaron grabada en la memoria colectiva de toda una generación. Esa noche, hace hoy 26 años, el mundo entero contempló en directo cómo caía el Muro de Berlín y dos países que se habían mantenido separados durante casi 30 años (la República Federal Alemana y la República Democrática Alemana) eran finalmente unidos de nuevo.

Construida en 1961 para evitar que los alemanes del este huyeran a Occidente buscando democracia y unos sueldos más altos, la pared se convirtió en un símbolo de tiranía y opresión que sonrojaba a Europa desde su mismo corazón. Su caída marcó el principio del fin de la Guerra Fría y la desaparición del comunismo en Europa.

Tras la euforia inicial, los primeros años que siguieron a la reunificación de Alemania supusieron un enorme esfuerzo económico y político para lograr la convergencia entre dos países que habían estado casi tres décadas dándose la espalda.

Las cargas sociales de la unificación tuvo que soportarlas la población del Este mientras que las financieras fueron asumidas en gran medida por la del Oeste. En 1999, diez años después de la caída del muro, el semanario The Economist publicaba un reportaje sobre Alemania que tituló 'El enfermo de Europa' donde resumía la década posterior a la caída del Muro como un periodo de postración donde el país se veía afectado por su rígido mercado laboral, una burocracia ineficiente y una baja competitividad. Alemania se veía impotente y con una economía débil incapaz de hacer frente a la competencia de China y los países emergentes.

La locomotora de Europa

Con el cambio de siglo llegó el despegue económico que terminó convirtiendo a Alemania en la locomotora de Europa que es a día de hoy. El punto de inflexión se atribuye a la Agenda 2010 presentada en 2003 por el entonces canciller Gerhard Schröder (SPD). El plan de Schröder imponía una batería de reformas que hicieron prosperar al país y lo transformaron en una potencia económica pero que supusieron un gran coste social. El periódico conservador Frankfurter Allgemeine definió los ajustes como ?el mayor recorte de prestaciones sociales desde 1949?. Gracias a sus sólidas finanzas, unas exportaciones crecientes y una tasa de paro cada vez más baja, Alemania dejó atrás sus complejos y se convirtió en la cuarta economía del planeta.

Pero esa fortaleza tiene una cara oculta. Según el jefe de investigación del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, Hans Kundnani, la Agenda 2010 favoreció a los empresarios en detrimento de los trabajadores. "Los que no trabajaban vieron una caída de su nivel de vida por la reforma de la seguridad social y los que sí tenían trabajo no sintieron que se beneficiaban de este llamado segundo milagro alemán. A esto se sumó el empleo flexibilizado que contribuyó a bajar más el costo laboral germano", explica.

Si bien Alemania lleva meses batiendo récords mínimos de desempleo, esta última semana la Administración publicó un informe que revela que uno de cada cinco alemanes, 16,5 millones de personas, está en riesgo de pobreza o exclusión social. Combatir la creciente desigualdad entre ricos y pobres e integrar a los miles de refugiados que han llegado al país en 2015 son los mayores retos del país.

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