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El extremismo gana terreno a Merkel tras su gestión de la crisis migratoria

La canciller alemana, Angela Merkel. Imagen: Reuters

Ya no sólo la política de acogida de refugiados de Angela Merkel está en entredicho por sus competidores políticos, sino que ahora un sector de la población cada vez más organizado lleva a cabo ataques racistas contra centros de refugiados y se dedica a demostrar actitudes hostiles contra los demandantes de asilo que llegan a Alemania.

La semana pasada ardió un antiguo hotel que estaba siendo rehabilitado como centro de refugiados en una localidad de Sajonia, en el este del país. Casi al mismo tiempo en Clausnitz, en la misma región, varias personas bloqueaban con sus vehículos el acceso a un autobús que transportaba a los refugiados a un centro de acogida.

El presidente de la región de Sajonia, Stanislaw Tillich, ya ha mostrado su preocupación por los hechos acontecidos y ha declarado que va a iniciar una campaña oficial para evitar que se desate el pánico en la región que dirige, lo que podría acarrear numerosas pérdidas económicas si empieza a considerarse como un territorio peligroso y con animadversión hacia los extranjeros.

Mientras el año pasado movimientos xenófobos como Pegida (Patriotas contra la islamización radical de occidente) fueron repudiados por la opinión pública, con la convocatoria electoral que se celebrará en tres estados federales alemanes el próximo 13 de marzo, el racismo ha experimentado un auge apoyado por el partido extremista radical Alternativa para Alemania (AfD), quien según las últimas encuestas ya supera al Partido Socialdemócrata (SPD, socio de Merkel) en la región de Sajonia-Anhalt, que es limítrofe a la que dirige Tillich.

El gobierno alemán de la gran coalición intenta aplacar esta ola violenta y desde el Ministerio de Empleo aseguran que Alemania no tiene ningún problema para absorber laboralmente a 350.000 demandantes de asilo cada año e insisten en que los refugiados no suponen un problema grave para la situación económica futura del país. Merkel se ve desbordada por la situación e intenta no hacer aún más público su ya evidente enfrentamiento con su partido hermano, el bávaro CSU, quien a finales del año pasado decidió cerrar por unos días su frontera para contener el flujo migratorio.

Algunos expertos políticos dicen que estas elecciones regionales serán decisivas para la buena sintonía tanto del partido Democristiano en relación a su homólogo en Baviera, como para la Gran Coalición. Y es que, aunque el SPD ha reclamado a través de su líder y vicecanciller, Sigmar Gabriel, que se contenga la llegada de refugiados para que se produzca una mejor integración (ya se ha rechazado a más de 7.000 refugiados en la frontera con Austria), la realidad mediática revela que hay discrepancias evidentes entre los dos socios del Gobierno alemán. Esta misma semana Gabriel ha solicitado un mayor presupuesto para la acogida de refugiados, lo que ha sido rechazado por la canciller Merkel.

Tampoco ayudan a la integración las grandes restricciones que se van a imponer a los refugiados en el Paquete de asilo II. Esta nueva ley categoriza como seguros Marruecos, Túnez y Algeria, por lo que ya no serán considerados demandantes de asilo y se prohibirá la reunificación familiar durante dos años de refugiados provenientes de países en los que no están amenazados directamente de muerte. Atrás queda la polémica de las agresiones sexuales de Nochevieja en Colonia. Las detenciones practicadas en Carnaval en torno a este mismo tema han revelado que sólo tres de estos agresores procedían de países como Algeria o Marruecos.

Presunta corrupción

Otro jarro de agua fría para Merkel ha sido la detención en Berlín de uno de los responsables de Lageso (la Oficina Estatal de Salud y Bienestar, donde tienen que inscribirse los demandantes de asilo) por presunta corrupción al aceptar sobornos de una de las empresas de seguridad que gestiona los campos de refugiados, según informó el viernes pasado el periódico Süddeustche Zeitung. La cuerda se está tensando tanto que hasta el ministro de Justicia, Heiko Maas, declaraba la semana pasada que "hay que reforzar nuestra Constitución ante la previsible entrada de los extremistas a los parlamentos, no podemos esperar a que se produzca el primer muerto debido a estos ataques racistas". Ya se da por hecho que AfD va a ser el principal partido de la oposición en algún Land.

Las súplicas de Merkel en Bruselas reclamando ayuda tampoco parecen ser escuchadas por sus socios de la Unión, mucho más preocupados por cumplir los ajustes económicos que por la acogida de refugiados. Estas dos semanas preelectorales serán decisivas.


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