Gente y estilo

¿Estrés y cansancio? Pruebe los 'alimentos funcionales'

Estrés , jornadas de trabajo interminables y la empresa que, propia o ajena, agota nuestras energías. Comemos deprisa -si comemos- y lo hacemos de manera desordenada, sin tino, de tal forma que pasamos por alto desayuno y/o almuerzo, y nos atiborramos en las cenas; es decir, hacemos justo lo contrario de lo que hay que hacer. Esta sólo es la radiografía de una situación tan cotidiana como perniciosa para la salud que viven miles de individuos cada día.

Al menos en teoría, aquéllos que consumen una dieta equilibrada con aporte adecuado de nutrientes no necesitan tomar ningún suplemento adicional. Si esto fuera cierto, los alimentos funcionales quedarían reservados para personas con algún factor de riesgo.

Pero la realidad es otra y por eso ha surgido toda una legión de productos que pretenden complementar la alimentación desequilibrada. Y esto es muy importante remarcarlo, porque como afirma Ascensión Marcos, jefa del departamento de Metabolismo y Nutrición del Instituto del Frío de CSIC en Madrid, "estos alimentos nunca deben sustituir a una de las principales comidas y, en todo caso, son complementos de la nutrición habitual".

Buena pinta

Y es que comer bien también se refleja en el exterior. Hoy tener una imagen saludable es fundamental para situarse socialmente. Al menos en los países desarrollados, ya no se come para vivir y cada vez menos gente vive para comer. Por eso la comida funcional se ha convertido en un nuevo icono de la actualidad social y un medio para sentirnos más sanos, ser más listos, más guapos y modernos; o al menos eso es lo que prometen este tipo de alimentos.

Pero, ¿qué se entiende por alimento funcional? Como subraya Ascensión Marcos, codirectora, junto a Juan Manuel Barberá, periodista experto en información científica, del libro Alimentos Funcionales, aproximación a una nueva alimentación, publicado recientemente "son aquellos alimentos que aparte de sus características nutricionales contienen un componente adicional que añade algún efecto benficioso para mejorar la salud, reducir el riesgo de enfermedad o ambas cosas a la vez."

De todos los productos en el mercado, los más conocidos son los yogures, pero también hay galletas, aceites, leches... que contienen componentes que refuerzan las defensas o reducen los niveles de colesterol, entre otras funciones.

Un jerga propia

Una encuesta realizada con alumnos de la Universidad Complutense de Madrid demostró que menos de la mitad sabían distinguir entre términos como prebiótico, probiótico, ecológico, natural, transgénico o nutraceutico. Y a esta ignorancia conceptual tampoco escapan muchos médicos. Por ejemplo, durante la formación en Atención Primaria no se imparten conocimientos de dietética cuando el 80 por ciento de pacientes que acuden a consulta realiza alguna pregunta relacionada con la nutrición.

Por eso no es raro confundirse con términos como licopenos, antioxidantes o resveratroles, todos con nombres tan impronunciables como útiles sus beneficios para la salud.

Según destaca la doctora Marcos, "en el libro que hemos publicado se cuenta todo esto con un lenguaje tan accesible que todo el mundo lo puede entender. Además, al final adjuntamos un glosario por si quedaba alguna duda".

Mito o realidad

Así y todo hay quien piensa que los alimentos funcionales son puro márketing. Por eso, para cerciorarse de que las cosas que publicita la industria alimentaria sobre estos productos son ciertas, la Unión Europea ha redactado un reglamento de declaraciones que pretende asegurarse de que estos alimentos hacen lo que prometen en su publicidad.

Eso significa que deberán hacer ensayos clínicos similares a los que se utilizan para investigar un fármaco, con el objetivo de comporbar sus cualidades terapéuticas. En este sentido, la Comunidad de Madrid, a través de su dirección general de Salud Publica, ya ha tenido que intervenir para retirar algún anuncio de alimento que prometía cosas que no cumplía.

Otro aspecto controvertido ligado al posible efecto terapéutico de estos alimentos, es conocer sus riesgos en caso de sobredosis. De hecho, ya hay asociaciones de consumidores que piden que estos productos adjunten un folleto con posibles contraindicaciones, similar al prospecto que acompaña a los medicamentos.

En todo caso, los especialistas consideran que el lugar donde se va a desarrollar el futuro de la alimentación funcional es, sobre todo, en la mejora de la salud a través de la prevención de determinadas enfermedades o factores de riesgo.

Muchos de los alimentos que tomamos a diario son funcionales por sí mismos: el aceite de oliva -rico en ácidos grasos monoinsaturados y vitamina E, el atún -con su aporte de omega 3- las legumbres y su proteína vegetal, los tomates y el licopeno y así hasta que nos cansemos. Sólo hay un problema, hay que tomarlos a diario y eso está al alcance de muy pocos.

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