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Una peligrosa sobreprotección para Vicente del Bosque

17/05/2016 - 22:53
  • El debate sobre Del Bosque pocas veces se centra en la evolución del equipo
  • El nivel de análsis sobre el seleccionador le hace parecer sobreprotegido
Vicente del Bosque, en una imagen de archivo. EFE.

Este texto nace con la premisa de que nunca llueve a gusto de todos, con el punto de partida de que en el fútbol la objetividad completa es una sucia mentira y que los gustos personales siempre inciden en nuestros análisis.

Una vez lanzado el aviso, confieso: la lista que ha lanzado Vicente del Bosque para la Euro no es ni mucho menos mi lista preferida. Esto me ha llevado a diferentes discusiones en variados formatos en los que, sin éxito, trataba de elevar el debate más allá de una simple convocatoria. La respuesta, más o menos generalizada y sujeta a matices de todo pelaje, era que no había más de dónde coger. Una sobreprotección con el salmantino que ni mucho menos comparto.

En paralelo al seleccionador que hay en todos y cada uno de los 46 millones de españoles, ¿no es lícito poner en tela de juicio un periodo de dos años que, desde luego, no se ha caracterizado por la generación de ilusión? Por supuesto, un análisis (sea lo crítico que sea) basado siempre en el respeto y el reconocimiento a un entrenador que ha conseguido un Mundial y una Eurocopa.

Da la sensación de que desde el batacazo en Brasil hemos hablado más de nombres y enfrentamientos absurdos que de la dirección a la que va 'La Roja'. Y, en ese sentido, los resultados hasta la fecha son, cuanto menos, dudosos. Se obtuvo un pase a la Euro casi sin sustos, sí, pero en cuanto el nivel de los rivales ha aumentado el equipo ha dado señales de una alarmante falta de competitividad. Holanda, Italia, Alemania, Francia e Inglaterra han medido las fuerzas de los nuestros, y el balance es de una victoria, un empate y tres derrotas y sólo tres goles en cinco partidos.

Los resultados contra las selecciones con las que en teoría debemos jugarnos revalidar el título se unen a una evolución discutible del equipo desde 2014. La transición no ha tenido lugar porque la noción de bloque se ha contaminado de tal manera que merma más que ayuda al combinado. Las nuevas piezas no han tenido todo el espacio que necesitaban para acoplarse y determinados huecos están limitados por la existencia de jerarquías que van más allá de rendimientos. Incluso a veces cuesta saber a qué jugamos exactamente, qué se busca en el campo.

Los cambios sólo son efectivos si no se quedan a medias, y da la sensación de que, dos años después, España sigue atrapada entre lo que fue y el camino de llegada a lo que quiere ser en el futuro. Tiene potencial de sobra para callar la boca al plumilla que esto escribe, pero da la sensación de que está perdiendo tiempo.

Esta nómina de factores a tener en cuenta bien podrían estar en el debe de Vicente del Bosque, pero ocupan con poca frecuencia los análisis sobre 'La Roja'. Y uno, que es nostálgico, echa la vista atrás, hacia 2006 y 2007, años en los que España tuvo que ir regenerando una escuadra en la que había unas cuantas figuras futbolísticas en el tramo final de sus carreras. Recuerden, la entrenaba Luis Aragonés, el hombre que se convirtió en una piñata sobre la que cualquiera podía descargar su revanchismo.

Se da la triste circunstancia de que al hombre que mayor atrevimiento y empeño puso en dar una forma concreta a nuestra selección se le dispensó un trato injusto. El técnico con el que comenzó la gran etapa de la historia de nuestro fútbol fue sometido a una caza continua que sólo paró cuando España tocó el cielo en Austria.

La comparación con este periodo triste de la Selección es inevitable porque, contrapuestos los dos casos (el de Luis y el de Vicente), nos encontramos que la opinión mediática española penaliza muchísimo más al que consiguió lo más complicado, fue valiente y apostó por una idea en la que durante mucho tiempo creyeron muy pocos.

Vicente del Bosque tendrá todo el reconocimiento que se ha ganado, es decir, una cantidad ingente. Pero goza de un halo de invulnerabilidad que no beneficia ni a él ni a la Selección y que pone en tela de juicio el respeto a la memoria de los que se llevaron palos hasta en la ducha por crear los cimientos de algo que ya es historia del fútbol. Una bipolaridad que a día de hoy sigue resultando incomprensible.


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