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Los Congresos están para ganarlos: así calientan motores los aparatos de PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos

  • Los cuatro principales partidos se enfrentan a procesos internos
  • "Hay que dejarse de tonterías, los congresos están para ganarlos"
Montaje: EcoDiario.es

Son tiempos previos a los Congresos, tiempos para preparar la batalla. Tras casi un año de Gobierno en funciones, algunos ya añorarán la incertidumbre continua de unas terceras elecciones antes de enfrentarse a un congreso nacional del partido, o a la asamblea de Vistalegre en el caso de Podemos. Y es que en 2017 las principales fuerzas políticas afrontarán eventos que no dejan de ser el campo en el que se escenificará la guerra interna de poder.

Llega el momento en el que no queda más remedio y las ejecutivas se ven forzadas por sus propios estatutos a enfrentarse a la renovación de los órganos internos. Quien hace la ley tiene que cumplirla, y de cara a la galería los partidos sacan pecho presumiendo de democracia interna.

Pero si para alguien es el momento es para el aparato del partido, para la disciplina y para demostrar que funciona la estructura jerarquizada. Hay una máxima que aprendí en la preparación de uno de estos congresos nacionales, como responsable de la comisión de enmiendas, cuando un miembro de la ejecutiva que se volvía a presentar afirmó tajantemente una verdad absoluta: "Hay que dejarse de tonterías, los congresos están para ganarlos". Y como parte del aparato aprendí que la victoria es a cualquier precio (o a toda costa).

Ya se percibe cómo las maquinarias se han puesto en marcha en todos los partidos, en el caso del PSOE desde la misma salida de Pedro Sánchez. Se juega con los plazos, se modifican y aprueban estatutos para blindar intereses, en Podemos se cortan cabezas como la de José Manuel López para marcar territorio, en definitiva, se ajustan las reglas de juego aunque se desacredite uno mismo cuando presume de democracia interna. Existen todo tipo de escenificaciones y justificaciones: que es por el bien del país, que para proteger al partido de sus propios afiliados, e incluso se tiene el detalle de pedir perdón por televisión por la pública confrontación mientras se guillotina al enemigo que está dentro de tu partido.

Las corrientes de críticos

Frente al aparato, las corrientes de críticos se estructuran y arman para medir sus fuerzas y alcanzar el poder del partido. Como regla general se busca un liderazgo capaz de enfrentarse al aparato. Es un clásico adjetivar las "sensibilidades" cuando existe una cabeza visible, errejonistas en Podemos, sanchistas en el caso del PSOE y sencillamente críticos cuando no tienen peso contra el aparato, como ocurre en Ciudadanos. Se ataca a las formas de cómo se lleva el proceso, se lanzan manifiestos, comunicados y propuestas para llamar la atención pública en busca de ese afán nuestro de ver cómo se lanzan cuchillos entre afiliados y cómo se remueven las entrañas de los partidos.

Sin embargo, la balanza casi siempre está inclinada hacia el mismo lado. Es el aparato quien tiene los medios, las sedes, la estructura y la base de datos si fuera necesaria. Se utilizan mecanismos de autodefensa que dejan muchas veces a la democracia lamiendo los pies del autoritarismo. Lo que se aplica es el realismo político. El sectarismo es duro, pero es una realidad necesaria para sobrevivir en esta profesión. Se busca una confrontación entre "buenos" que están alineados y "malos o enemigos" que son aquellos que constituyen una amenaza para el modo de existencia propio, y la acción a seguir es rechazarlo o combatirlo.

Tal y como lo recoge Carl Schmitt en El concepto de lo Político. Las posiciones se polarizan hasta transformarse en otra máxima: o estás con el aparato o estás contra el aparato. Esta es la polarización como expresión de sectarismo: errejonistas contra pablistas, susanistas contra sanchistas. Todos estos movimientos, que ahondan en la enemistad personal, son ataques sustentados en ideas y disfrazadas de verdades únicas tan peligrosas que en realidad lo que hacen es debilitar las estructuras de los partidos.

Mientras la batalla se libra de fondo, es necesario trabajar la percepción e introducir el mensaje que los partidos y sus líderes quieren hacer llegar a los votantes, esas máximas propagandísticas sin sustento de datos que sirven de doctrina a los hooligans afiliados: desde que ya se está plenamente preparado para gobernar, hasta que el partido está más unido que nunca o que lo fundamental es que tu partido sea fuerte... para el bien del país.

Los cuatro partidos

Quedan varias semanas para seguir armando ejércitos, establecer estrategias y perfilar tácticas pero en estas batallas resulta casi imposible vencer al aparato. Y por supuesto siempre hay vencedores y vencidos. Se aventura una victoria fácil en Ciudadanos pero blindándose mediante los estatutos para centralizar el poder y con un liderazgo consagrado desde hace más de diez años que tarde o temprano será motivo de crítica para un partido renovador. En lo partidos de izquierdas, se podría dar una fractura sin precedentes si se alzan frente al aparato los críticos tras el liderazgo de Errejón y Sánchez.

Lo cierto es que cuanto más democrático es el sistema de elecciones más incontrolable se hace el partido. Con la incongruencia de que es sabido por todos que el votante castiga a las formaciones con enfrentamientos internos, aunque sea la propia naturaleza del hombre luchar por el poder, y todo ello mientras esa misma opinión pública pide a gritos más democracia en los partidos.

Mientras las izquierdas se matan, el que parece que lo tiene claro es el Partido Popular. Da algún paso tibio por presiones internas para que se vote en 'doble vuelta' por los compromisarios. Sin embargo, ni celebra elecciones directas de su órgano ejecutivo ni tampoco primarias. Argumentan -convencidos- que su sistema actual es completamente legal, pero no juega a la apariencia democrática porque sabe que es caballo perdedor.

No tienen intención de cambiar a pesar de tener al líder peor valorado por el CIS desde abril del 2012, y de que gran parte de los votantes, sus afiliados y cargos públicos anhelan la renovación del último líder de la "vieja política". El modelo es más sencillo, se cuadran todos porque "el que se mueva no sale en la foto". La estrategia reniega de la democracia interna pero les funciona. Son un partido "de orden" y, por lo tanto, mientras otros se linchan en sus congresos ellos trabajan la propaganda de que su máxima es salvar el país.

Como toda sociedad, la nuestra no está libre de contradicciones. La democracia interna en los partidos fomenta la confrontación de ideas, creación de familias o corrientes y pugnas por el liderazgo. A priori desde los medios y la ciudadanía se lanzan mensajes exigiendo más democracia interna, sin embargo los partidos que la practican suelen ser castigados tanto en los medios con noticias negativas como por la sociedad en las urnas.

Deberíamos de madurar todos para armonizar nuestros deseos de regeneración con la realidad del ser humano. La democracia es el debate de proyectos y nombres, no el ordeno y mando. Siempre es buen momento para conciliar nuestras preferencias sin penalizar su puesta en práctica.

Francisco Jérez Lozano, CEO de Estrategos

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