Fútbol

El número de ultras en las gradas se mantiene. Su violencia desciende

Madrid, 13 mar (EFE).- El fútbol transforma a la gente y los violentos pueden encontrar en las gradas ultras un vehículo para dar rienda suelta a sus instintos más salvajes. Esto siempre ha sido así y el número de radicales se mantiene, pero la violencia en el entorno de los campos ha descendido notablemente los últimos años.

La reyerta del 30 de noviembre en Madrid en la que murió un seguidor del Deportivo; la detención del cabecilla de los Ultrasur Antonio "El Niño", y los cánticos en el estadio Benito Villamarín contra la exnovia de un jugador han sido noticias recientes que han puesto sobre la mesa el debate sobre la relación fútbol-violencia.

Sin embargo, la concatenación de estos sucesos no significa que la violencia en el fútbol "se haya vuelto a desatar", según explica a Efe un jefe de grupo de la Brigada de Información de Madrid.

"El nivel de violencia en España dentro del ámbito del fútbol ha descendido considerablemente" y no tiene que ver con lo que ocurría en los años 80 ó 90, "en los que prácticamente en todos los partidos había reyerta y eran necesarias cargas policiales".

La cantidad de hinchas radicales es más o menos la misma -entre 600 y 700 solo en Madrid y unos 3.000 en toda España-, pero su entorno "está bastante controlado" y el número de arrestos ha descendido hasta ser hoy "prácticamente nulo", según el investigador.

Así, en 2012 la Brigada de Información de Madrid detuvo a 105 personas y en 2013 a 68, en una tendencia que solo se ha roto en 2014, con 170 detenidos, debido precisamente a los arrestos practicados tras la reyerta del Manzanares, que suman 82 por el momento.

"El fútbol transforma a la gente. Algunos se limitan a animar a su equipo; otros van más allá, insultando, y hay algunos que aprovechan el entorno de los ultras para dar rienda suelta a sus instintos más salvajes", relata el agente.

El perfil del hincha radical es el de un hombre joven -algunos adolescentes de 14 ó 16 años- al que suelen captar regalándole entradas. En el fondo ultra ve una manera de diferente de vivir el fútbol y suele adquirir un rol en el grupo.

Y son grupos "altamente ideologizados" hacia la ultraderecha o la ultraizquierda.

Un ejemplo claro de esta ideologización es la del líder de los Ultrasur del Real Madrid, Antonio Menéndez Moríes, alias El Niño, que según los investigadores también comanda un colectivo neonazi.

El Niño está en prisión desde mediados de febrero pasado tras ser detenido por extorsionar a un conocido y por traficar con estupefacientes y anabolizantes, y previamente contaba con una veintena de antecedentes.

"Aprovecha la amistad dentro del colectivo del fútbol para formar sus pequeños grupos para cometer delitos", explica el policía.

Precisamente para detectar estas actividades y evitar altercados la Brigada de Información trabaja 'in situ' en cada partido y también recaba testimonios y rastrea redes sociales, que es donde hoy muchos hinchas radicales vierten sus amenazas.

Su trabajo no pudo evitar sin embargo la reyerta del Manzanares de noviembre, algo que el investigador explica porque ellos conocían que varios miembros del Frente Atlético habían quedado para desayunar antes del partido en su lugar habitual, "pero no el desplazamiento de dos autocares desde Coruña".

La Policía sí detuvo a muchos de los implicados en la reyerta (82), entre ellos los presuntos autores materiales de la muerte del seguidor del Deportivo. La operación sigue abierta.

Este suceso motivó que se anunciasen diferentes medidas contra los colectivos ultras, la última de ellas esta misma semana, cuando el Consejo Superior de Deportes adelantó una posible reforma de la ley contra la violencia en el deporte para considerar los insultos como actos violentos y que se prohíba formar parte de grupos definidos como radicales.

El experto policial considera acertadas todas estas medidas y lanza el balón al tejado de los equipos: "Son los clubes los que tienen que dar el primer paso para erradicar los grupos violentos, ya que, si no existe ese primer paso, por parte de las instituciones es muy difícil que la erradicación sea efectiva".

"Quizás deberíamos plantearnos si a los clubes les interesa tener a estos grupos, o si realmente están decididos a erradicarlos completamente de las gradas", añade.

Y es que los investigadores creen que "si los clubes no les han eliminado o expulsado de los estadios es porque no les interesa, primero por el nivel de animación que proporcionan, y también porque crean un clima de intimidación y de hostilidad hacia los equipos visitantes". Paqui Gallego

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