Fútbol

El Benfica desquicia al Atlético y asalta el Calderón

Guedes, tras marcar el 1-2 ante el Atlético. Imagen: Reuters.

Hay noches en las que todo se tuerce, en las que nada sale como estaba previsto. La chica que te sonríe desaparece del garito, te sirven garrafón y lo que empieza siendo una fiesta prometedora acaba en un taxi antes de las cinco de la mañana. Eso le paso al Atlético de Madrid, que vio como el debut europeo en el Vicente Calderón se le echó a perder después de adelantarse con un gol de Correa y hacer méritos para ampliar la cuenta y terminar estrellándose en la ansiedad de un Jackson Martínez negado de cara al gol para ver cómo el Benfica le remontaba el encuentro antes y después del descanso. Lo peor de todo es que la juerga deja una resaca complicada: espera el Real Madrid el domingo.

En un partido con viejos conocidos (Raúl Jiménez, Sílvio y Pizzi visitieron la camiseta del Atlético, y Siqueira y Tiago jugaron con la del Benfica) fue un jugador que estuvo a punto hacer el viaje Lisboa-Madrid el que mandó en el césped del Calderón. Nico Gaitán, con un gol y una asistencia, fue el baluarte de los portugueses para acabar con la imbatibilidad de los rojiblancos en su estadio, desde que Kaká metiese con el Milan allá por el lejano 11 de marzo de 2014.

Antes de que el pretendiente diese la vuelta al partido como un calcetín, el Atlético manejó el partido con bastante comodidad. A pesar de que el Benfica quiso (y lo consiguió) llevar el encuentro al nivel del fango, los locales estuvieron siempre un nivel por encima en la intensidad, y fieles a su estilo, fueron llegando al área de Julio César a arreones.

Tiago tuvo la primera a balón parado, tras un centro de Gabi desde la esquina. La pelota pegó claramente en la mano de Almeida, que instantáneamente se dobló como si el tiro del '5' le hubiese roto la nariz. El penalti se quedó en el limbo, pero no frenó el ímpetu rojiblanco. Mejor dicho, el de Correa.

El argentino, titular por fin, acaparaba todos los focos, y quiso responder a tanta atención con gusto: como el resto de veces saliendo desde el banquillo, al coger la pelota da siempre la impresión de que algo importante puede brotar de ese cuerpo de adolescente. Después de que Jackson fallara la primera de muchas (remató demasiado elevado tras un buen pase de Gabi), demostró que la impresión es real: con la agilidad de un jovenzuelo agarró con el pie un pase fuerte de Griezmann al primer toque, y fusiló dentro del área haciendo imposible la oposición de Julio César.

Con el tanto del jugador que todos querían ver, el Atleti encontró gasolina extra. Antes, solo había sufrido una mala salida de Oblak que reparó Fillipe parando el disparo de Gaitán a puerta vacía. Después del 1-0, se dedicó a buscar el segundo con ahínco, y lo tuvo en la testa de Jackson, que cabeceó fuera cuando estaba solo en boca de gol. Al colombiano le dio tiempo a fallar otra más, rematando con la punta del pie al cuerpo del portero y propiciando un rechace que Correa también desperdició, mandando la pelota arriba con todo el arco para él.

Se mascaba el 2-0, pero en cambio llegó el jarro de agua. Un centro desde la derecha de Semedo fue despejado por Godín con la mala suerte de que esperaba Gaitán con la zurda preparada. De primeras, sin pararla, reventó la pelota para empatar el partido y provocar una vergonzosa lluvia de bengalas de los aficionados visitantes ubicados en el fondo norte. El tortazo en la cara fue considerable, y le siguió una tangana por un mal gesto de Eliseu respondido por Jackson, que marró la cuarta ocasión un remate acrobático dentro del área. Zarandeado y alborotado, el Atleti se iba al descanso sin saber por qué había cambiado todo.

En la reanudación, se consumó el fin de la fiesta. No le había dado tiempo a los de Simeone a prepararse para el asedio cuando un fallo defensivo le costó el segundo. Un fallo defensivo, sí, y también la excepcional cabalgada por la izquierda de Gaitán, que se hinchó a sumar metros para ponerla con una zurda de seda a Guedes, que ayudado por la candidez de Filipe y Oblak hacía el 1-2.

El reloj decía que restaban 40 minutos para el final, pero fue en ese momento cuando el partido dio a su fin. De una forma misteriosa, las fuerzas se le evaporaron al Atlético, que dejó en el vestuario su faceta agresiva del primer tiempo y observó como su traje se lo había puesto el Benfica: manejando los tiempos a la perfección y desquiciándole a base de parones y pillerías.

Los cambios (entraron Saúl, Vietto y Torres por Óliver, Correa y Griezmann) no dieron resultado y el Atleti le metió más corazón que cabeza. Julio César salvó la quinta ocasión clara de Jackson (de nuevo con la testa) y al final el Benfica solo tuvo que armarse atrás y despejar con cierta solvencia los balones aéreos que a falta de ideas por abajo se limitaron a lanzar los de Simeone, derrotados previamente en lo moral.

Traspiés inesperado para un Atlético que sin llegar a complicarse la clasificación a octavos (eso sí, deberá ganar en Lisboa si quiere a la primera plaza), sigue perdiendo en la batalla de las sensaciones. No deja de ser un equipo en construcción, pero el ritmo vertiginoso de la temporada no espera a nadie. Llega el todopoderoso vecino, el Real Madrid, el rival al que más gusta ganar, y las piezas aún no están engrasadas. La paciencia ha dejado paso a una contrarreloj.

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