Fútbol

Griezmann se desquita ante el Galatasaray y clasifica al Atlético para octavos de Champions

Hay combinaciones que nunca fallan: Humphrey Bogart e Ingrid Bergman en 'Casablanca', el ron y el limón...y Antoine Griezmann y el Galatasaray. Cuando el jugador francés se enfrenta a los turcos, el éxito está asegurado. El '7' emuló en el Vicente Calderón el doblete que ya consiguió en Estambul y catapultó al Atlético de Madrid a los octavos de la Champions en un partido que dominó de principio a fin.

El de Maçon fue el líder de un Atlético que de nuevo mostró buenas sensaciones (sus tramos de buen juego y presión al rival son cada vez mayores, aunque aún sin la continuidad deseada) y que asumió el papel de favorito, de equipo grande, con naturalidad y mucha burocracia. No fue un partido excelso, pero sí francamente satisfactorio.

Los de Simeone regresaban a la Champions después de sufrir mucho ante Sporting y Betis en Liga por una desesperante falta de pegada, y tuvieron en el francés al ariete con el que derribar la defensa otomana. Lejos de tomar como modelo el temido ejército turco de hace siglos, los de Taffarel se rindieron casi a las primeras de cambio. No hubo bandera blanca, pero casi.

El Atlético comenzó con el arrojo habitual de los partidos en casa, y fiel al espíritu excéntrico que rodea al coliseo rojiblanco, Jesús Gámez estuvo a punto de patentar el gol de saque de banda, con la inestimable ayuda de Muslera, siempre atento a esos detalles. El palo evitó el ridículo, y avivó las esperanzas de un partido cómodo. Solo un susto del Galatasaray las interrumpió por un instante.

Eso sí, un susto de muerte. En el '10', Sneijder, que ha decidido trotar por los campos turcos y esparcir de forma periódica gotitas de talento a su voluntad, hizo magia en al área para irse de la defensa con solo un control. Ante Oblak, cruzó demasiado y por la línea de fondo se fueron todas las opciones de su equipo.

A los dos minutos, respondió Griezmann. Gabi tuvo todo el tiempo del mundo para pensar dónde colocar la pelota desde la derecha, y libre de marca, apareciendo por atrás, el galo irrumpió para cabecear y hacer el 1-0. Con la seguridad del gol a favor, el Atleti siguió intentándolo, pero ya le ha quedado claro en los últimos partidos que querer no siempre es poder. Esta vez, el fútbol le dio un respiro y le permitió no sufrir demasiado.

Antes, tuvo que pasar por una nueva serie de ocasiones malgastadas. Griezmann de volea, Koke con el exterior, Filipe llegando sin fuerzas desde atrás...y el 'Expediente X' (qué sería de este equipo sin uno al año) de este curso, los balones parados. De la noche a la mañana, el Atlético no consigue marcar en un faceta que hasta hace bien poco era como un penalti. Godín y Giménez subieron al área y ganaron muchos duelos a sus marcas, pero nada de nada.

Tras el paso por vestuarios, el objetivo era asegurar el resultado, y se vio un Atlético bastante agresivo. Muslera tuvo que achicar espacios primero ante Carrasco y después para evitar el gol de Koke. Sin embargo, fue de nuevo Griezmann el que hizo diana. Otra vez desde la derecha, Gabi colocó la pelota con mimo, entre las piernas de su marcador. En el palo largo, el delantero solo tuvo que empujarla. Partido cerrado, deberes hechos.

A partir de ese momento, el Atlético se dedicó a esperar que pasase el tiempo, a brindar una merecida ovación a Griezmann y a buscar, eventualmente, el gol número 100 de un Fernando Torres que sigue negado. Se advirtió cierta ansiedad en el de Fuenlabrada en tiros fuera de sitio y algo innecesarios, pero con el ahínco no le bastó, y Muslera frustró su ocasión más clara, un disparo a la media vuelta en la frontal. Su último gol fue hace más de dos meses, en Ipurua, y tanto el Atleti como el propio Torres necesitan romper esa barrera mental.

Vietto y Koke estuvieron cerca del 3-0, Sneijder nos recordó con un disparo flojo que Oblak estaba jugando un partido de fútbol y poco más. Con la nota triste de la lesión de Carrasco (se retiró tocado y Simeone aseguró que está "pendiente de evolución"), el Atlético se marcha a la cama como equipo de octavos de Champions. Se jugará el liderato ante el Benfica en Lisboa, ciudad maldita, pero con una certeza: poco a poco va encontrando el ritmo. Y no es poco, ni mucho menos.

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