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La pancarta de la infamia

13/01/2016 - 23:53

De todos los momentos bochornosos que ha dado la eliminatoria de octavos de Copa del Rey entre Espanyol y Barcelona, uno de ellos ha resultado ser el más patético, deleznable y ruin. En un fondo del estadio de Cornellá, una pancarta aparecía durante el partido de vuelta: "Shakira es de todos".

La cantante, pareja sentimental de Gerard Piqué, era utilizada como arma arrojadiza para ofender al jugador culé, que lanzó un 'dardo' a la afición perica al término del encuentro de ida. Un sector de la hinchada del Espanyol respondió, y su actuación supuso un acto de vergüenza infinita. Una muestra del machismo más arraigado que aún persiste en nuestra sociedad, un motivo de sonrojo para todos. Algo que duele en lo más profundo de las entrañas.

En la estúpida lógica de responder a las provocaciones como algo indispensable para mantener intacto un orgullo que absolutamente tiene nada que ver con los valores del deporte, ciertos hinchas creyeron conveniente humillar a una mujer. El fútbol que hace menos de dos meses se vanagloriaba de los homenajes en el Día Contra la Violencia de Género, mira de reojo uno de los sucesos más vergonzosos ocurridos desde los cánticos del Villamarín contra la expareja de Rubén Castro.

En un asunto tan importante como éste, todos tenemos nuestra parte de responsabilidad, también el aficionado que pudo asistir estupefacto desde otra localidad en el mismo recinto. En Cornellá no se escuchó ni un solo grito de repulsa, ninguna pitada a un acto tan deplorable. Es más, a la pancarta de la infamia le siguieron otras haciendo apología de la violencia ("Pau, tu pie nos marca el camino").

Tampoco con ellas hubo gestos de rechazo.

El problema, obviamente, va mucho más allá. Al margen de la laxitud de la seguridad para que pudiesen surgir pancartas de esas dimensiones, está la respuesta institucional. O la sonrojante falta de respuesta. El capitán blanquiazul, Álvaro González trataba de relativizar lo ocurrido fuera del césped. El director deportivo del Espanyol, Òscar Perarnau, llegó a decir que solo se había enseñado una pancarta, minimizando el asunto. Y lo más indignante, una leyenda del club como Marañón, que a los micrófonos de Canal+ atenuaba lo ocurrido: "El público es soberano".

Lo sucedido en las gradas (en una parte) de Cornellá es gravísimo. No se trata (que también) únicamente de la humillación a una mujer por el hecho de ser mujer, es mucho más que eso. Estamos ante la posibilidad de que esto pueda resultar muy barato, o incluso gratis. Estamos ante algo imperdonable que por el mero hecho de tener que recordarlo ya da muestras de lo mucho que queda por avanzar. No hablamos de condiciones laborales, ni siquiera reducimos la cuestión a comportamientos sociales: es dignidad. En esa pancarta se atacaba a la dignidad de una persona en particular, y a la de un género castigado durante años y años, y la respuesta debe ser acorde a la gravedad de lo realizado.

La lucha que se mantiene en pos de la protección de los derechos de la mujer (resulta ridículo tener que aludir a algo que debe pertenecer al ser humano de forma inherente) admite todo menos tibieza. Queda por ver si los dirigentes de nuestro fútbol estarán a la altura. Ninguna mujer es propiedad de nadie; la dignidad es un patrimonio común del que nadie debe ser despojado.


Comentarios 2

#1
14-01-2016 / 01:37
Som-hi Espanyol.
Puntuación -2

Adelante nuestro mágico Español. Solos contra todos!

#2
14-01-2016 / 14:18
Sofia
Puntuación 4

El madridismo y el españolismo no son más que fascismo deportivo. Son clubs de gente rancia, facha, machista y racista en gran medida.