Fútbol

Zinedine Zidane se encara contra la autodestrucción del banquillo del Real Madrid

Zidane, en el partido en La Rosaleda. Imagen: Reuters.

Zinedine Zidane lleva dos meses al mando del Real Madrid, y ya sabe los efectos de un breve paso por el que probablemente sea el banquillo más difícil del mundo del fútbol. Con crédito por parte de la prensa, la afición y la directiva, trata de luchar contra lo que ha visto en todos sus predecesores.

Informa ABC de la firme voluntad que se ha instalado en el galo después de sus primeros golpes contra el suelo en el Real Madrid. Zidane se ha propuesto aguantar el tirón, ser una roca y asegurarse el puesto de entrenador en un equipo acostumbrado a la flexibilidad laboral en ese área.

Dicho de otra manera, Zizou no quiere que la tendencia a la autodestrucción que tiene el banquillo del Real Madrid acabe con él antes de tiempo. Quiere mantenerse en el cargo y esquivar las dificultades que entraña su situación, pero por motivos que no han tenido tanta cabida en los rumores acerca de su futuro.

A diferencia de otros técnicos, considera que no ha tenido la oportunidad de demostrar su experiencia antes de llegar al Real Madrid. Solo su breve paso por el Castilla, algo que, en su opinión, no le haría deseable por otros equipos si dejase el conjunto blanco. En resumen, que en caso de salir por la puerta de atrás de Concha Espina, nadie querría hacerse con sus servicios.

El extremo opuesto en comparación lo halla en los últimos integrantes del banquillo blanco. Jose Mourinho, Carlo Ancelotti y Rafa Benítez encontraron rápidamente un destino en el que seguir su carrera como técnicos. El temor de no hacerlo, en su caso, es lo que lleva a Zidane a asumir con más tenacidad si cabe el desafío que tiene en el Real Madrid.

Zidane desea triunfar por razones obvias. Ganar títulos en el equipo con el que comenzó a formarse como entrenador, con una plantilla de ensueño y tras los fracasos de los dos últimos técnicos son motivos de peso. Pero la intención de consolidarse en la élite es también igual de importante para él. Por eso piensa hacer lo que crea conveniente, pese a quien pese.

En virtud de este objetivo, ha cambiado su relación con los jugadores. Lo que parecía una máxima (demostrada en su etapa como segundo con Ancelotti) irrenunciable, el buen rollo con los futbolistas, ha cambiado para convertirse en un flujo de críticas si lo que ve en el césped no se corresponde con lo que se ha trabajado en los entrenamientos.

El panorama es claro para Zizou: si llevar al equipo al éxito conllevará un espaldarazo a su carrera y su porvenir como técnico, ningún jugador estará por encima del equipo. Y si percibe cualquier síntoma negativo, intentará cortar de raíz. Todo por evitar que la marea que derribó a sus predecesores se cobre una nueva víctima.

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