Fútbol

Las mentiras de Zidane con el caso Bale, entre el oscurantismo y el misterio

  • En ocasiones el francés ha tratado de ocultar la dolencia del galés
  • En otras ha sido el galés el que ha fallado a la previsión del técnico
Zidane charla con Bale antes de jugar los últimos minutos de la final de la Champions de Cardiff. Imagen: Reuters

Gareth Bale debería haber vuelto ayer a los campos de entrenamiento de la Ciudad Deportiva Real Madrid. Es lo que anunció Zidane después del partido ante el Apoel. Pero la promesa del francés no se cumplió. Bale no apareció. ¿Mintió Zidane? ¿Lo hizo en las ocasiones anteriores, cuando también hizo valoraciones sobre el extremo que, luego, no se cumplieron?

El caso mezcla oscurantismo y algo de misterio. Nada queda claro al referirse a la anatomía del expreso de Cardiff. Esta vez, por ejemplo, todo apunta a que ha sido Bale el que ha dejado en mal lugar a su entrenador. En verdad Zidane parece que tenía claro que, como pasó con Keylor y Kovacic, que Bale estaría entrenándose... pero fue el único que no cumplió.

Todo apunta a que podría haber algo de prudencia en el gesto. Con una musculatura tan especial como la del futbolista, seguramente no hayan querido arriesgar adelantando plazos. En todo caso, el partido contra el Málaga parecía un retorno demasiado temprano. Si había que esperar al duelo de Copa contra el Fuenla, mejor hacerlo con todos los plazos bien cubiertos.

Asunto distinto fueron las respuestas de Zidane en los días casi posteriores a la lesión. Esa noche afirmó que sólo era un calambre y apenas 48 horas después, afirmó que estaría rápidamente a punto. Luego, cuando se vio que la lesión no mejoraba, Zidane dijo que Bale había sufrido "dos cosas distintas", sin precisar mucho más. Mientras, la federación galesa daba un parte médico que nada tenía que ver con el del Real Madrid.

En este carrusel de contradicciones entre lo que decía Zidane y lo que se comprobaba en el día a día, parece relucir más el deseo del técnico y del Real Madrid de no alarmar con la dolencia del futbolista y, sobre todo, no echar gasolina al fuego de una leyenda negra que quema al futbolista.

Pasado el tiempo, quedan dudas de saber si se trató de una buena estrategia o no. Bale sigue tocado con el agravante de que la credibilidad pública de Zidane se ha visto mermada por un asunto delicado. Ahora cuesta fiarse de la palabra del entrenador cuando informa de los nuevos plazos en su puesta a punto.

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