Fútbol

El fútbol europeo, nuevo espacio para la lucha económica, política y social de las superpotencias árabes

  • Qatar, Arabia Saudi, Dubai o Abu Dhabi disputan su poderío en el fútbol europeo
  • A través del deporte se dirimen cuestiones alejadas de la competicion
El fichaje de Neymar por el PSG, uno de los movimientos en esta lucha entre potencias árabes con el fútbol como herramienta. Imagen: Reuters

El tablero de la geopolítica ha cambiado. Antes las fichas eran muy reconocibles. Desde los actores que las movían hasta los ciudadanos de sus respectivos países pasando por la siempre presente amenaza de los ejércitos o la influencia del dinero. Pero el poder de este último ha abierto nuevas vías de influencia más sutiles. Menos perceptibles. Como la del fútbol. Ahora en Europa se libran las nuevas luchas de las superpotencias árabes. Y se disputan con un balón como excusa.

Tres son los Estados que han irrumpido con fuerza en este nuevo escenario: Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes. Cada uno posee una estrategia distinta. Diferente. También los son sus objetivos, aunque en la mayoría de los casos, confluyen en el mismo punto. Superar al vecino. Demostrar la supremacía con respecto al contrario en campos tan íntimamente ligados como la economía, la política y el desarrollo social.

Estas incursiones son múltiples y tocan muchos palos del deporte rey. El útlimo ha sacudido con intensidad LaLiga . El campeonato que dirige Javier Tebas anunció a las puertas del cierre del mercado invernal un acuerdo por el que nueve futbolistas de Arabia Saudí se incorporarían a varios equipos de Primera y Segunda División a cambio de fuertes ingresos económicos en forma de patrocinios.

Aunque el secreto de las cláusulas de confidencialidad ha dominado este sorprendente pacto, se estima que los equipos españoles percibirán una media de 3-4 millones de euros.

Cuenta El Mundo que Arabia Saudí busca fomentar su fútbol patrio y, de paso, contentar a su población, enloquecida con el deporte, ansiosa de ver a los suyos triunfar en cualquier disciplina. También pretende ratificar su poderío sobre países de su entorno. Brillar en el Mundial de Rusia es su objetivo final. 

Qatar ha optado por un tipo de penetración diferente. También su objetivo es distinto. Este país pretenden mostrarse al mundo gracias al fútbol. Limpiar su imagen y darse a conocer mediante proyectos amables alejados de la realidad de un país en el que los Derechos Humanos están en entredicho.

Hasta hace poco la compra de grandes estrellas para reforzar su Liga era su modus operandi. Guardiola, Hierro, Raúl o Xavi son algunos de ellos. Pero con la celebración del Mundial de 2022, su timón ha virado.

Ya no llegan tantas estrellas. Ahora se quiere entrenar a las que hay en casa para para triunfar en este campeonato al tiempo que extienden sus tentáculos en Europa en forma de fortísimas inversiones, como la compra de clubes (PSG y Málaga) o la adquisición de los derechos audiovisuales (BeIN).

Apuestas importantes a fondo perdido. No se buscaba un retorno monetario, sino un beneficio en términos de imagen y, además, de poderío con respecto al vecino. Invertir más que él. Con más fuerza que él.

La estrategia de Emiratos como Dubai o Abu Dhabi es similar en algunos puntos, pero muy diferente en otros.

El primero, Dubai, ha focalizado sus esfuerzos en patrocinar a los grandes clubes de Europa a través la compañía aérea Fly Emirates. Incluso el estadio del Arsenal lleva su nombre. Así potencia la imagen de la empresa y, de paso, fomenta la transformación de su aeropuerto en el de conexión más importante entre Asia, Europa y América.

Abu Dhabi ha seguido un modelo parecido al de Qatar con el PSG, pero con una interesante diversificación de su proyecto en los últimos años. Este emirato es propietario del Manchester City.

En los primeros pasos de este proyecto el gasto en grandes fichajes era su único vehículo para llegar lejos, pero ahora se ha reinventado para expandirse a otros territorios a través de franquicias del City, como las que ya hay en Australia, Estados Unidos e incluso España. El Girona es su avanzadilla dentro de LaLiga.

Al igual que sucede con Qatar, la pugna política con el vecino para demostrar cuál es mejor se esconde tras estas fórmulas en las que también hay mucho de carga simbólica hacia el mundo exterior. Pero, mientras en el caso de Qatar, ésta se proyecta fundamentalmente a través de un sólo club (el PSG), Abu Dhabi logra un resultado similar implantándose en varios países.

Combinaciones en las que también hay espacio para las sinergias. La unión del PSG (Qatar) con Fly Emirates (Dubai) a través del patrocinio de sus camisetas demuestra que las alianzas, como en tablero de la geopolítica, también son posibles entre rivales.

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