Fútbol

La tiranía económica de la Champions League crea monstruos en las ligas menores y asusta a los grandes torneos

  • Sus ingresos han dado un potencial incontestable a un puñado de equipos
  • En las grandes ligas ya hay ejemplos de que solo ganan los que más ingresan
La Champions está agigantando las diferencias en competiciones menores como Grecia, Croacia o Suiza. Imagen: EFE

La Champions League cumple en esta temporada 25 años. Lo hace mostrando músculo deportivo y económico. La competición goza de una salud extraordinaria que riega de dinero a sus participantes gracias a sus disparados ingresos. Un espectáculo futbolístico-financiero que tiene consecuencias no muy positivas en los torneos domésticos. Las ligas menores están dominadas por 'monstruos' que la Champions amamanta con sus ingresos y que perpetúa tiranías dinásticas en cada campeonato. Los efectos ya se dejan notar: falta de interés por el fútbol y torneos cada vez más debilitados. La competitividad interna ha desaparecido. Una epidemia que preocupa a la UEFA. Hay temor de que se extienda a las ligas más importantes.

Para The New York Times, los ejemplos de Grecia, Suiza, Bielorrusia y Croacia escenifican los efectos perniciosos que la Champions y su reparto económico generan en estas ligas menores. En cada uno estos cuatro países un sólo equipo domina año tras año los campeonatos sin apenas contestación entre sus contendientes.

En el primero es el Olympiakos el 'tirano' que ha ganado 19 de las últimas 21 ligas helenas, todas desde 2010.

En Suiza, el Basilea representa este modelo de desigualdad, con ocho de las últimas ocho ligas en juego.

En Bielorrusia el Bate Borisov ha conquistado los últimos 12 campeonatos y en Croacia el Dinamo de Zagreb ha hecho lo propio con 11 de las últimas 12 ligas croatas.

¿Qué tiene que ver la Champions? En estos torneos sólo un equipo (caso de Croacia y Bielorrusia), a lo sumo dos (caso de Suiza y Grecia) tiene derecho a participar en la Champions. Es el coeficiente UEFA el que determina si lo hacen directamente a la fase de grupos o mediante las rondas previas.

Si logran entrar en la primera, entre los 32 mejores conjuntos del continente, su presencia les garantiza inyecciones económicas a través de premios directos que otorga el organismo y del que no gozan sus competidores en esas ligas. No son grandes sumas. No al menos para gigantes como Barça, Madrid, PSG, Juve, Manchester, Chelsea... Pero en estas ligas menores marcan diferencias.

En los últimos cinco años, el Olympiakos ha ingresado 100 millones de euros procedentes de la Champions. El Basilea, 55. El Bate, después de sus últimas tres participaciones en la fase de grupos ha percibido 40 y el Dinamo de Zagreb, 44.

Ese dinero les permite jugar con ventaja: fichan mejores futbolistas que sus rivales locales y crecen las opciones de repetir título. Apenas sus capitanes levantan el trofeo, el proceso vuelve a repetirse: más dinero, mejores jugadores, más ligas... y así de forma casi ininterrumpida... y aburrida.

The New York Times destaca que en Bielorrusia el dominio aplastante del Bate ha empezado a vaciar las gradas de los clubes rivales porque su liga no tiene interés. El público emigra a otros espectáculos más atractivos, como el hockey sobre hielo, el cine o el teatro. Si quieren ver fútbol, la mayoría se planta frente al televisor para ver la misma Champions (ironías del destino) o a equipos que juegan en España, Inglaterra, Italia o Alemania.

Pero estos países tampoco se libran de la epidemia. Algunos de ellos ya están bajo el yugo de clubes que mandan con la misma autoridad que los ejemplos antes mencionados.

El Bayern de Múnich ha ganado las últimas seis Bundesligas y la Juve, los últimos seis Scudettos. En España el Barça ha instaurado un régimen similar y en Francia el PSG va camino de ello. Sólo Inglaterra se libra gracias al reparto equitativo (y gigantesco) de sus derechos televisivos.

Mientras, en los torneos menores comienzan a surgir soluciones a tanto dominio con fórmulas ingeniosas. En Suiza el Young Boys amenaza con quitarle la liga al Basilea después de haberse reinventado desde 2008. Su nueva política consiste en fichar jóvenes valores desconocidos para, con el paso de los años, poder competir e incluso generar ingresos alternativos a la Champions mediante la venta de estas perlas. 

En Grecia sucede algo parecido, con PAOK y AEK (éste de Atenas) en la pugna por desterrar al Olympiakos del Olimpo en el que ha vivido en las últimas décadas mediante fichajes desconocidos que, por ahora, les están dando buen rendimiento.

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La tiraní­a del Farsa en la Liga española no es por el dinero de la Champions, si no por sus continuas ayudas arbitrales en forma de robo al rival de turno. Hablemos claro y no engañemos a la gente.

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