Fútbol

Asier Garitano, la esencia de un Leganés histórico

Madrid, 8 may (EFE).- Asier Garitano (Bergara, 1969) ha sido el autor de uno de los relatos más emocionantes del fútbol español en el último lustro llevando desde la Segunda División B a la máxima categoría al Leganés, un equipo que nunca antes en su historia había conseguido subir tan arriba.

Lo ha hecho además sin alardes ni boato, de forma discreta durante una etapa de cinco años a la que pone fin y en la que no solo se han sumado un par de ascensos y dos permanencias en Primera sino también unas semifinales de la Copa del Rey este curso.

Humilde, sereno y cercano son algunos de los adjetivos que mejor definen al entrenador en las distancias cortas. Ahí ha sabido ganarse el respeto de la directiva, los jugadores, la prensa y una localidad eternamente agradecida que incluso le reconoció de forma reciente como 'Hijo adoptivo'.

Pero son necesarias más virtudes para ganar partidos y en varias de ellas el preparador vasco también destaca. Dicen por ejemplo muchos de los que han pasado por sus manos que es complicado encontrar a alguien capaz de estudiar tan bien al rival y lo que se puede esperar de él.

Esa capacidad para anticiparse a lo que va a suceder y transmitir certezas a los jugadores se ha complementado además con señas de identidad reconocibles. Así pues el Leganés ha sido un conjunto muy competitivo, solidario en el esfuerzo y bien trabajado desde atrás hacia adelante.

Fichado en el verano del 2013 tras la salida de Pablo Alfaro, Garitano aterrizaba después de varias experiencias en el fútbol levantino ayudando o entrenando él mismo al Alicante, al Castellón, al Orihuela y al Alcoyano. Antes, una carrera como futbolista que había arrancado en la cantera del Athletic y le llevó más tarde a disfrutar de distintas aventuras en la división de plata y en la de bronce.

Siempre agradecido por tener la oportunidad de trabajar, devolvió la confianza clasificando al Leganés como segundo de su grupo tras el Sestao y después de una intensa promoción de ascenso acabó sacando al equipo del tercer escalón en el que llevaba situado durante diez años.

Lo que parecía todo un reto, asentarse de nuevo en Segunda, el grupo lo hizo sencillo. Con una plantilla en la que abundaban futbolistas formados en Lezama, un patrón que no dejó de repetirse en temporadas sucesivas, y varios retoques invernales terminaron la temporada en mitad de tabla.

Ya entonces se habló de un posible interés del Eibar en su figura pero aguantó y lo alcanzado sentó las bases para aquello que vino después. La siguiente campaña los blanquiazules demostraron ser un rival difícil de doblegar y fueron adquiriendo confianza hasta sellar en Miranda el primer ascenso de su historia a la máxima categoría del fútbol español.

Sin embargo la incursión en Primera parecían palabras mayores. Pese a ello se alcanzó la permanencia con bastante sufrimiento y pocos puntos, lo que permitió a la entidad ganar prestigio de cara a las contrataciones del verano siguiente.

Finalmente en la 2017-2018 ha superado todas las expectativas no solo firmando una salvación más holgada sino haciendo soñar a la masa social con un milagro en la Copa del Rey. Eliminados el Valladolid, el Villarreal y el Real Madrid solo el Sevilla les apartó de la final del torneo. Hasta ahí su legado deportivo. Pero no su aportación.

Quizás lo más meritorio es que bajo su mando se ha crecido año tras año, todo ha ido a mejor incluso cuando parecía impensable. No solo en materia de resultados, que también, sino en otros ámbitos. Ha sido él quién ha convencido a algunos futbolistas de venir cuando tenían dudas y también el que ha insistido en la necesidad de progresar en aspectos paralelos como la construcción de una instalación deportiva que hoy es motivo de orgullo.

Se marcha sin conocerse aún su futuro dejando tras de sí un total de doscientos veinte partidos en los que sumó ochenta y seis victorias, cincuenta y nueve empates y setenta y cinco derrotas. Pero por encima de las frías cifras, lo que queda es un club y una ciudad donde siempre podrá volver con la cabeza alta.

Carlos Mateos Gil

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