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Aldea protestante conservadora holandesa quiere conciliar religión y vacunación

AFP
29/08/2019 - 16:05

En la aldea costera de Urk, Holanda, la mayoría de sus habitantes mantienen convicciones muy arraigadas, encadenadas al cuerpo: Dios, la pesca y la negativa a ser vacunados.

La baja tasa de vacunación produjo en junio una epidemia de sarampión en Urk, en el "Bible Belt" (cinturón bíblico protestante conservador), que se extiende desde el suroeste hasta el noreste del país. Pero, los medios utilizados para intentar mejorar la situación podrían sentar cátedra, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte sobre un rebrote del sarampión en Europa.

"Actualmente, la tasa de vacunación es del 60% y es baja comparada con el resto del país. Somos los penúltimos en Holanda", explica a AFP Freek Brouwer, concejal de salud de Urk.

Los habitantes de esta aldea de pescadores son protestantes conservadores y el 94% de la población frecuenta la iglesia local, donde los sermones tradicionalmente han condenado la televisión, el cine, y la vacunación...

"La idea es que no podemos hacerlo puesto que Dios es quien nos cuida. Es lo mismo con los seguros", señala Brouwer, mMiembro del Partido demócristiano holandés, y miembro del comite provincial de salud pública.

Hoy, sin embargo, la religión juega un papel menos importante en cuanto a las vacunas, afirma. "Antes era algo que estaba profundamente ligado a motivos religiosos, y lo respeto", añade.

"Actualmente vemos que es más una cuestión de hábitos. 'Papá y mamá no estaban vacunados, ¿por qué debería estarlo yo?'", se plantean. "Los reverendos y predicadores que se oponen a la vacunación no lo predican, dejan que la gente decida".

Urk está ubicada a apenas 80 km de Ámsterdam, pero mucho más lejos culturalmente de esa ciudad de costumbres liberales, donde la prostitución y el cannabis son legales.

- "Dios se ocupa de todo" -

Hace setenta años, Urk era una isla. Desde entonces, fue unida al continente tras grandes proyectos de desecamiento, pero mantiene su dialecto propio y mentalidad aislada.

En el puerto local, un día de mercado, Jacoba Zoer, de 37 años, hace sus compras con sus dos hijos. "La vacunación es algo bueno, yo he vacunado a mis hijos", afirma.

Al preguntarle porqué numerosos habitantes de Urk rechazan las vacunas, explica: "su religión se opone. Dicen que Dios se ocupa de todo y 'Él me salvará si me enfermo'". Y, añade que la vacunación "es un asunto controvertido, no sólo en Urk".

"Mis hijos fueron vacunados. Pero creo que es un asunto personal", aclara Yvonne Verbaan, de 44 años. "La semana pasada, leí que un niño que también había sido vacunado tuvo epilepsia de inmediato y sufrió daños cerebrales. Esto te lleva a reflexionar sosbre si es algo bueno", plantea.

El Instituto nacional holandés para la salud pública y el medioambiente ha constatado 42 casos de sarampión en Holanda desde principios de 2019, contra 24 en todo 2018.

En 2013-2014, hubo una gran epidemia de sarampión en el "Bible Belt" holandés, provocando la muerte de un niño, 182 tuvieron que ser hospitalizados y 2.700 se vieron afectados. Pero estas cifras eran en realidad mucho más altas, según estimaciones oficiales.

- "Falsa información" -

Para Brouwer, Internet también es responsable de la difusión de ideas contra la vacunación. "La gente cree que se trata de 'veneno, que causa autismo', hay mucha falsa información".

En junio, cuando nueve niños y un adulto sufrieron sarampión en Urk, muchas personas aceptaron la vacunación gratuita propuesta por el gobierno, recuerda, pero sin dudar al mencionar una "sorpresa divina".

"Pero también conozco personas cuyos hijos han sido afectados por sarampión y no han ido al médico", añade, "dijeron: esto 'finalizará en una o dos semanas'".

Rechaza hacer obligatoria la vacunación, como en Alemania. Para él, el objetivo es informar mejor a los padres.

"La gente debe poder tomar sus propias decisiones sobre la base de información correcta", dice. "Esta clase de cosas no deben imponerse porque crearían resistencia".

En Urk, los médicos asesoran a las mujeres embarazadas, las autoridades organizan veladas informativas para padres y distribuyen un foleto con testimonios de personas que quedaron minusválidas por la poliomielitis, antes del programa de vacunación gubernamental.

"Vamos paso a paso", insiste Brouwer. "No podemos alcanzar al 90% en un año, pero si logramos 10 o 20% más, es un buen logro", indica.

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