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Durante los Juegos, los peticionarios no son bienvenidos en Pekín

Es una de las pocas tradiciones que Pekín no quiere enseñar al mundo durante los Juegos Olímpicos que tendrán lugar del 8 al 24 de agosto: los ríos de gente que acude a la capital para reclamar justicia siguiendo una costumbre heredada de la época imperial.

Este sistema permite a los habitantes de las provincias dirigirse al centro decisorio si consideran ser víctimas de injusticias, con lo que de paso desvelan la cara oscura de China.

Desde hace casi cinco años, Feng Yaqin, de Hailun, una ciudad de 720.000 habitantes de la provincia de Heilongjiang (noreste), presenta informes y peticiones ante las administraciones correspondientes.

Todo empezó con el asesinato de su hermano, taxista, en diciembre de 2003. Feng acusa a las autoridades y a la policía de Hailun de haber destruido pruebas y de no haber detenido a los verdaderos culpables para proteger a personas importantes.

La mujer está convencida de que las autoridades centrales le darán la razón frente a unos responsables locales a los que acusa de corrupción.

"Nuestro gobierno da gran importancia a la lucha contra la corrupción, la acción del presidente Hu Jintao y del primer ministro Wen Jiabao en ese sentido es bastante eficaz", asegura.

A sus 46 años, no tiene gran cosa. Sin ahorros, con su madre en Hailun a cargo del hijo de su hermano asesinado y una hija de 24 años que estudia en Pekín y le ayuda económicamente, está sumida en un combate del que su marido está cansado.

"Tiene bastantes quejas de mí porque hace mucho tiempo que no estoy en casa", cuenta a la AFP.

Durante los Juegos Olímpicos, China, deseosa de mostrar su mejor cara, no quiere que todos aquellos que, como Feng Yaqin, acuden a Pekín con sus reclamaciones perturben la fiesta.

Desde hace meses, las organizaciones defensoras de los derechos humanos, como Amnistía Internacional, acusan a Pekín de expulsarlos de la capital antes de la gran cita deportiva.

Feng mantiene en secreto su dirección, sobre todo porque teme a los representantes de las autoridades locales enviados a la capital para llevar de vuelta al rebaño a las ovejas descarriadas.

"No puedo revelarla, ni siquiera puedo telefonear", explica la mujer, que durante los Juegos se mantendrá en segundo plano por patriotismo.

"No se puede hacer otra cosa. Los Juegos Olímpicos son algo grande para nuestro país, hace tanto tiempo que esperamos estos Juegos", dice. "Nuestros asuntillos no pueden perturbar este gran asunto del país", añade.

"Durante los Juegos Olímpicos, algunos peticionarios que no han obtenido resultados tendrán comportamientos radicales. Yo no", dice convencida de que un día terminará ganando.

"No abandonaré nunca porque mis pruebas son evidentes", concluye antes de desaparecer con su montón de documentos. Para explicar su tenacidad, utiliza una expresión china: "Las nubes negras no siempre pueden tapar al sol".

frb/phm/cac/em

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