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Luces y sombras de los fármacos revolucionarios contra la Hepatitis C

AFP
25/05/2016 - 13:33

"¡No toleramos ni una muerte más!". Los enfermos de Hepatitis C protestan regularmente en España acusando al Estado de no financiar innovadores tratamientamientos para todos los pacientes; pero en otros lugares, el clamor ruge contra el precio prohibitivo de dichos fármacos.

Durante tres meses en 2015, decenas de enfermos y familiares ocuparon el vestíbulo del hospital madrileño 12 de Octubre durmiendo en el suelo para exigir "tratamientos para todos".

En un año electoral, el gobierno cedió, asignando mil millones de euros para estos medicamentos, con un 90% de eficacidad y sin los nefastos efectos secundarios de los anteriores: fuertes dolores articulares, falta de apetito, erupciones cutáneas, insomnio, depresión...

"Me lo tuvieron que quitar, porque en cuatro meses me entró una depresión tan fuerte que pensaba en el suicidio", explica a la AFP Antonio Rodríguez Santos, de 69 años, enfermo desde hace tres décadas, sobre un viejo fármaco.

De ahí, la reivindicación del acceso universal a los nuevos.

"Las enfermedades que ponen en riesgo la vida tienen que ser tratadas", dice Ángeles Fernández, vicepresidenta de la Plataforma de Afectados por la Hepatitis C. Orgullosa de su victoria, asegura que ahora reciben llamadas de muchos países: "Chile, Perú, Suiza".

En España, unos 51.900 enfermos de 472.000 portadores del virus recibieron los tratamientos innovadores. Los otros, siguen reclamando.

- Revolución terapéutica -

Esta enfermedad viral transmitida por la sangre afecta entre 130 y 150 millones de personas en el mundo, de las cuales 7 a 9 millones en Latinoamérica. Sobre ellas pesa una espada de Damocles: riesgo de cirrosis o cáncer de hígado. Según la Organización mundial de la salud (OMS), 500.000 personas mueren anualmente.

En 2013 el laboratorio estadounidense Gilead lanzó un tratamiento revolucionario a base de un "antiviral de acción directa" bautizado Sovaldi. Le siguieron otros similares.

Pero el precio de lanzamiento de Sovaldi era muy elevado: 84.000 dólares por un tratamiento de 12 semanas en Estados Unidos.

No es un caso aislado: otros fármacos innovadores, especialmente contra el cáncer, tienen precios prohibitivos. Un centenar de oncólogos estadounidenses denunció en 2013 en la revista Mayo Clinical Proceedings que "el precio medio de nos nuevos medicamentos (...) se multiplicó por cinco o diez en estos últimos quince años", superando los 100.000 dólares.

Para Gilead, resultó un buen negocio: en 2014 ganó más de 12.000 millones de dólares con este fármaco y sus acciones triplicaron su valor en bolsa entre 2013 y 2015.

Sin embargo, como en España, otros sistemas de salud sufren las consecuencias.

Francia pagó 1.500 millones de euros entre mediados de 2014 y mediados de 2015 y Alemania, 1.300 millones solo en 2015, provocando tal debate que el gobierno alemán prepara un proyecto de ley específico.

Además de una sacudida para las finanzas de muchos países, estos medicamentos llevaron lo que hasta ahora era un problema de "países pobres" --el coste de la salud-- a los países desarrollados, subraya Yannis Natsis, de la Alianza Europea de Salud Pública, plataforma de ONG en Bruselas.

La esperanza de vida de los europeos ganó 30 años en un siglo. Pero como consecuencia, los gastos en sanidad se verán aumentados por "la población envejecida y la prevalencia de enfermedades crónicas, sometiendo a nuestros sistemas de salud a una presión sin precedentes", afirma un portavoz de EFPIA, organismo que representa a la industria farmacéutica en Bruselas.

De ahí la necesidad de abordar las "nuevas terapias teniendo presente la durabilidad de los sistemas de salud", dice una fuente diplomática francesa, precisando que el presidente François Hollande intervendrá al respecto durante la reunión del G7 este jueves y viernes en Japón.

- Precios opacos -

Los laboratorios defienden sus patentes, que les reservan la exclusividad de producción, como la base para financiar su investigación.

Y fijan "el precio que el mercado puede pagar", dice Natsis.

Gilead explica a la AFP que negocia sus tarifas "país por país, teniendo en cuenta el porcentaje de enfermos, los medios económicos y el compromiso a desarrollar el tratamiento y a invertir para el acceso de los pacientes".

Así, en España costaría ahora unos 13.000 euros, según una asociación de pacientes. Mientras que en Egipto, Gilead aceptó venderlo a menos de 1.000 euros.

"Las negociaciones entre Estados y laboratorios son totalmente opacas", señala Sophie Thiebaut, profesora de Economía de la Salud en el Universidad Carlos III de Madrid.

"Hay que ser prudentes antes de decir que se trata a todo el mundo", considera Chloé Forette, de Médicos del Mundo, señalando que los pacientes pueden ser manipulados por los laboratorios para que reclamen un cierto fármaco.

"Los laboratorios siguen una lógica financiera (...) y hay que dar un golpe sobre la mesa", agrega, subrayando que el coste real de Sovaldi está actualmente por debajo de los 100 dólares, sin contar los gastos de investigación, y pidiendo una "licencia obligatoria" que permita fabricar genéricos.

"Hay que cambiar la relación de fuerza con la industria", afirma Valerie Paris, especialista de políticas de salud en la OCDE, proponiendo por ejemplo que los Estados de la UE negocien y compren juntos.

También se plantea una reforma de las patentes, incluso en Estados Unidos.

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