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UE lleva sus contradicciones a conferencia sobre cambio climático de Poznan

Afectados por la crisis económica e incapaces de ponerse de acuerdo sobre su plan de lucha contra el calentamiento planetario, los países europeos han arruinado su ambición de presentarse como un modelo a seguir en la conferencia internacional de Poznan (Polonia) de diciembre.

La Unión Euroepa (UE) se fijó un triple objetivo para 2020: reducir en 20% sus emisiones de gases de efecto invernadero con respecto a sus niveles de 1990 y llevar a 20% la parte de energías renovables en su consumo, que al mismo tiempo debe reducirse un 20%.

Pero los países europeos no se ponen de acuerdo sobre los instrumentos a utilizar para llegar a ese "20-20-20", con el agravante de que la crisis económica ha polarizado las posiciones.

Las negociaciones rozaron el fracaso en la última cumbre europea de octubre, con las amenazas de veto de Polonia e Italia.

Para salvar el plan, la presidencia francesa de la UE aceptó sus condiciones, entre ellas la aprobación por "unanimidad" del resultado final de las discusiones, en una cumbre de líderes europeos el 11 y 12 de diciembre, que luego deberá ser avalado por el Europarlamento.

Con este panorama, una semana antes de la apertura de la conferencia de Poznan, Europa aún no tiene una posición común, como reconocen los negociadores, y mantiene ideas bastantes divergentes, según uno de ellos.

"Es una tarea extremadamente difícil", indicó el ministro francés de Medio Ambiente, Jean-Louis Borloo.

Estados, empresas, particulares: todos los europeos deben aportar su contribución para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

En ese sentido, el principio según el cual "el que contamina paga" que pretende impulsar la Comisión Europea es muy complicado de hacer aceptar, especialmente si el resto del mundo no está sometido a las mismas obligaciones.

Bajo la presión de los industriales, todos los países reclaman concesiones para los sectores más expuestos a la competencia e invocan la actual crisis para justificar sus exigencias.

"Será necesario demostrar flexibilidad e ingenio para encontrar soluciones de compromiso sin cuestinoar los principios del plan", reconoce el comisario europeo de Medio Ambiente, Stavros Dimas.

Alemania, que entró en campaña electoral, es según los negociadores el país más complicado. Y no habrá acuerdo si Berlín, que lanzó el plan bajo su presidencia de la UE en 2007, se niega a hacer ceder.

Francia también deberá convencer a italianos y polacos, poco conciliadores, para lograr el objetivo que se ha propuesto su jefe de Estado, Nicolas Sarkozy, de cerrar un acuerdo antes del final de la presidencia francesa de la UE el 31 de diciembre.

El propio Sarkozy estará presente el 6 de diciembre en Gdansk (Polonia), para intentar encontrar una solución a los problemas planteados por los polacos y otros países de Europa del Este, muy preocupados por el costo del plan para sus frágiles economías.

csg/mar/acc

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