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Zoé Valdés se transforma en "Una novelista en el Museo del Louvre", en homenaje a Mújica Láinez

Ya lo verán: una novela extraordinaria inspirada por "una joya, por uno de esos libros que no podrás olvidar jamás", según Zoé Valdés. La novelista cubana ha escrito una obra sorprendente, Una novelista en el Museo del Louvre, que nace de una doble fascinación: la que profesa a Manuel Mújica Láinez y al Museo del Louvre.

El modelo, en cualquier caso, es una obra maestra rescatada hace dos años por La otra orilla, sello literario de Belacqva y el Grupo Norma: Un novelista en el Museo del Prado, que el autor argentino publicó poco antes de su muerte, en 1984. "Lo leo y releo, hay autores cuya lectura provoca una alegría inigualable", afirma de él Zoé Valdés.

Lo dice en Madrid, apenas a unos pocos de metros del Prado, y en donde habla con pasión del autor de Bomarzo -"esa novela me cambió la vida, porque esa novela me convirtió en novelista, gracias al gusto que me dio leerla y a las múltiples lecturas que hice de ella, fue que decidí pasar del poema a la narrativa, con un pasaje por el guión cinematográfico. Luego devoré todo lo escrito por Mújica Láinez"- y no menos de este homenaje transfigurado en el Louvre: "Yo creo que es una ruptura de lo que he escrito hasta ahora".

Y tanto: he aquí una Zoé Valdés catárquica en lo estilístico, con un aplomo literario exquisito, atrevida incluso a jugar con el lenguaje según el cuadro y la época en cuestión en la que se sumerge, pese a que admite que jamás podrá alcanzar la "refinada sutileza" del autor argentino. Porque si Un novelista en el Museo del Prado son doce relatos maravillosos y fantásticos creados por un escritor culto, gran conocedor del Museo del Prado y de la cultura clásica, a la saga le va la novelista cubana en el Louvre.

En la obra de Mújica Láinez, el único elemento común que daba cierta unidad a la trama era la presencia del narrador, un novelista que es el propio Mujica y que será testigo directo y excepcional de cómo los personajes del Prado "se desperezan y sacuden", cobrando vida. Del mismo modo, Zoé Valdés transita por los pasillos del Louvre, observa y convive con la Monalisa, con Eros y Psique de François Gérard, con la Libertad de Delacroix.

Incluso, se encuentra con el propio "maestro" Mújica Láinez -"me gustaría tanto abrazarlo, y confesarle cuánto lo he leído, cuanto lo he amado"- y con Manuel Puig y Julio Cortázar. Justo en el día del entierro del autor de "Rayuela", un día helado de diciembre de 1983, arranca el relato de Zoé Valdés: "Acababa de llegar yo a París -recordó ayer- y fui a su entierro. Al volver no quise entrar en el Metro, porque me deba miedo, y andando, andando, llegué al Louvre a punto de cerrar. Entré, aún así, y me deslumbró".

Pasión por el Louvre

Y ese deslumbramiento no ha cesado. Tres, cuatro veces al mes, allí estaba Zoé Valdés -y sigue sin faltar-, siempre en la memoria aquel libro de Mújica Láinez sobre El Prado leído en La Habana Vieja, en dónde Mújica sigue vetado por aristocrático, copiado a mano. "Siempre quise tenerlo desde entonces, un día en Madrid me encontré con la edición de La otra orilla. Y lo compré por fin. Lo volví a leer y llamé a mi agente. Ya sabía que mis continuas visitas al Louvre se convertiría en un homenaje a un libro imperecedero".

Más aún: Zoé quiso publicarlo en la misma colección en la que se había reencontrado con Mújica. Pere Sureda, el editor de Belacqva, le abrió las puertas: "Zoé Valdés ha escrito un libro extraordinario, que he disfrutado más aún como lector. Dialoga, ve, observa la cumbre del arte y nos la humaniza y contextualiza. Instruye deleitando. Es un juego literario lleno de chispa, incluso creo que va un poco más allá de la propuesta de Mújica Láinez porque rompe moldes".

"Es mi visión personal del Louvre y de Mújica Láinez. Pero quise hacer algo diferente, no sólo jugar con los personajes que salen de los cuadros y que me han hecho soñar o contar anécdotas del Museo que he vivido yo o que otros habían vivido, quería aceptar el reto de que lingüísticamente cada capítulo estuviera imbuido por la época del cuadro que lo protagoniza".

Cuadros, obras maestras, que van y vienen. La balsa de la Medusa, de Théodore Gericault (y sus obvias connotaciones, más o menos metafórica, con la Cuba actual), El pestillo o La música de Jean-Honoré Fragonard; La muerte de Marat, de Jean-Louis David, el gran propagandista de Napoleón? No todos son franceses: Jean Van Eyck, Lucas Granach, Veermer, Leonardo. Y personajes que se lanzan a los pasillos, incluso alguno se enamora. La Desdémona de T. Chassériau, la Medea de Delacroix, algunas de las musas de Corot, entre ellas una que se gira y se muestra a Zoé Valdés como la pintora cubana Gina Pellón, otro de los homenajes que contiene el libro.

25 relatos

Entre relatos y relatos -veinticinco- cabalga una trama subterránea que une a Durero con Ben Stiller, pero que ante todo une intensamente melancolía y literatura, inseparable en Zoé Valdés, con un innegable sentido cómico. "En cierto modo es un libro inacabado -admite-, porque si en cierto modo lo he llevado escribiendo durante veinticinco años, aunque no lo supiera, cada vez que vuelvo al Louvre una vez que lo entregué, siento que puedo ir ampliándolo, viviéndolo de nuevo".

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Comentarios 4

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Zoé Valdés
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Gracias, querido Juan Carlos, por tú crítica. Saludos.

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#1
turandot
A Favor
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Es un libro maravilloso, que se lee con la misma fiebre que una novela.Y con los mismos deseos de que no termine.

Puntuación 1
#2
Mark A. Canning
A Favor
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Libro inolvidable. Imposible regresar a cualquier museo, revisar sus galerias sin percibir los olores, y escuchar los sonidos, las voces de cada cuadro. Una lectura obligada para quienes amen el arte y la literatura. Brava.

Puntuación 1
#3
Gustavo Valdes
A Favor
En Contra

Cada pagina es una invitacion a la belleza, a la creacion misma. Una lectura obligada. Termine de leerlo sentado en la escalinata del Museo Metropolitano de Nueva York. Una emocion irrepetible.

Puntuación 0
#4