Libros

Vuelve Eduardo Mendoza: así será 'El asombroso viaje de Pomponio Flato'

El escritor Eduardo Mendoza. Foto:Xavi Torres

Eduardo Mendoza ya está de vuelta. Y, por lo que se lee, lo hace fiel a esa otra compostura insensata, despreocupada y literariamente libérrima que se ha bautizado como su personaje más anarconovelístico: es decir, Gurb, quien, por cierto, este año cumple dieciocho años

Quien sabe si para invitarlo al cumpleaños, junto a Horacio Dos, el escritor barcelonés ha ideado a otro visitante asombrado que responde al oloroso nombre de Pomponio Flato, protagonista de esta "novelita humorística", género complejo y en desuso, que como aquella Sin noticias de Gurb el autor describe como un "libro excéntrico".

Veamos por qué: "Es un libro que escribí sin pensar que estaba escribiendo un libro. A veces, escribo un libro, y a veces hago un libro, como quien hace un solitario o un crucigrama".

'Parodia' novelística

Antes de darle la voz al autor para que se explique, habría que desmadejar El asombroso viaje de Pomponio Flato (Seix Barral), describiéndolo como una "parodia de las novelas de intriga histórica y de los evangelios apócrifos". Eso es: un capítulo de la infancia de Jesús, a quien Mendoza convierte en un elemental Dr. Watson que ayuda al pomposo Flato, ciudadano de Roma, a desenredar la acusación de asesinato que pesa como una cruz sobre José, carpintero de Judea, esposo de María.

Ahora, las explicaciones: "Este libro realmente surge sin surgir. En unas vacaciones sin nada que hacer pero sin ganas tampoco de ponerme a trabajar en un proyecto que requiriera concentración, y aprovechando, por una parte, la moda de las novelas thriller, con misterio bíblico a ser posible -cosa que me parece abominable-; y, por otro, mis lecturas de aficionado de la Biblia, de los clásicos, de Historia Antigua, sobre todo, de Roma, se me ocurrió escribir una parodia. Pero para entretenerme. Y rápidamente la acabé. Y entonces, me pensé ¿qué hago con esto? Y me dije: ¿Lo tiro? Entonces se lo di a leer a un par de personas, que me dijeron que funcionaba, que tenía gracia y que, sobre todo, no tenía ninguna pretensión. Así que seguí adelante".

Atrevimiento ateo

Menos mal. Porque gustará o no, pero el atrevimiento del Mendoza ateo concluye con donosura: "No es un libro sarcástico, ni con mala intención. Aunque pueda parecer que entra en un terreno donde aparentemente no debería hacerlo la ficción, y menos la ficción humorística, no es de modo alguno, pese a que tiene un componente de irreverencia grande, un libro que pueda ofender a nadie. Es una broma honesta y afectuosa, para todos y para el lector, sean cuales sean sus creencias. Si algo lo define es que es un buen rollo". Insólito. Una osadía humorística.

Ante todo, con humor

Tanto como lo que el autor de "Una comedia ligera" admite haberse desternillado escribiéndola: "Me he divertido mucho. Sobre todo con la idea original de los protagonistas de la historia. Y porque el libro es un disparate del principio al final y no tiene otra pretensión que ser un divertimento, casi todo lo que cuento está basado en escritos reales, a veces en forma de historia y otras en forma de leyenda. Es decir, me divertí buceando en viejas lecturas, como la de Plinio el Viejo, Estrabón o Aristóteles".

La novela está, además, imitando los libros antiguos, en forma de una serie de cartas que el protagonista, Pomponio Flato, dirige a un amigo en Roma. Flato, que es también el narrador, va por el mundo en busca de aguas de efectos maravillosos, "porque ha leído que hay aguas que cuando las bebes las vacas se vuelven blancas y las ovejas negras o que cuando metes una antorcha apagada se enciente".

Pero, sobre todo, una que cuando la bebes te da sabiduría pero te acorta la vida. "Creo que fue Plinio el Viejo quien dijo que esta agua estaba en Cantabria, yo creo que no, porque se notaría, ¿no?". Lo único que se nota -afortunadamente los libros no huelen- es que este Flato "va sufriendo todo tipo de males intestinales, porque bebe todas las aguas que se encuentra en el camino". Viaje hacia Nazaret que Mendoza riega de "muchos guiños, muchas alusiones, muchas citas... y muchos personajes" que el lector avezado en crónicas romanas y griegas celebrará.

"Me gustan mucho las dos Romas. Soy un gran lector de los autores romanos, sobre todo de los historiadores, y de otros grecorromanos como Plutarco o Josefo. Yo creo que autor más importante de la antigüedad es Tácito... y Cicerón, que es extraordinariamente inteligente -se justifica-. Pero también me gusta esa versión de Hollywood de Roma, con grandes películas como Quo Vadis! o La túnica sagrada, que son representaciones estupendas de la fantasía que nos ha dejado Roma. Porque cómo fue realmente no tiene ningún interés, lo interesante es qué significa para nosotros: Nerón, el circo, los cristianos, los leones, los centuriones, la guardia pretoriana... Hay un homenaje en la novela a mi gran amigo Terenci Moix, que era un gran coleccionista de de películas de romanos, incluidas las que se rodaron en Cinecittá. Yo no soy tan aficionado, aunque hay películas que me gustan, como una que se llamaba Barrabás". Confesión esta última que también tiene su consecuencia en la novela.

"Hay un misterio que resuelvo al final como buenamente puedo -continúa-, porque para resolver un misterio hace falta muchísimo talento. Hay muchos buenos escritores de novela negra, pero muy pocos grandes escritores que dominen esta técnica, quizás Chesterton, Conan Doyle... y Agatha Christie, que es una escritora mediocre pero que tenía una gran habilidad para construir tramas y, sobre todo, para deshacerla al final con una frase o con un detalle. Yo no pertenezco a este reducido grupo, pero sí hay un misterio que se resuelve correctamente, sobre todo con sorpresa dentro de la sorpresa. Ni los que resuelven el crimen llegan a sospechar la última broma".

Entre Baroja y Dickens

Mendoza sigue sin verse como escritor. Sigue diciendo que, ante todo, es un "lector que se equivoca y quiere escribir el libro que le gustaría leer". Lo cual hace inevitable preocuparse por el lector y cuestionarle devociones y fobias. "Podría haber un libro que cambiara tu vida, pero lo que realmente te cambia la vida es ser lector, alimentarse de las ideas, las imágenes, los acontecimientos que nos ha ido trasmitiendo". Ahí están algunas referencias fundamentales "en las alturas": Baroja, Cervantes, Dickens -"el más divertido, el más rico en registros"- y Tolstoi, a quien describe como "la cumbre inalcanzable". Y, por supuesto, como queda patente con el imprudente y filósofo Pomponio Flato, "los clásicos romanos y griegos, a los que vuelvo cíclicamente".

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