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Juan Marsé: Fui un pésimo periodista y mis textos eran alimenticios

Barcelona, 22 oct (EFE).- El escritor barcelonés Juan Marsé, que hoy ha presentado una antología de sus textos periodísticos iniciáticos, algunos de ellos inéditos, ha afirmado con rotundidad que fue "un pésimo periodista" y que sus textos eran "meramente alimenticios".

Bajo el título "Periodismo perdido", el periodista y profesor Joaquim Roglan ha indagado en este pasado poco conocido de Marsé y ha seleccionado más de sesenta textos, que incluyen críticas de cine, teatro y televisión, entrevistas a folclóricas y toreros, consultorios sentimentales y retratos en los que no rehuye la polémica.

El autor barcelonés ha asegurado que nunca se ha sentido un auténtico periodista, porque, ha dicho, "tengo un concepto más alto del periodismo y el título del libro está por encima de mis méritos" y ha añadido: "yo lo habría titulado 'Textos alimenticios'".

Marsé reconoce que algunos textos pueden resultar hoy divertidos, como las cartas que se inventó del consultorio sentimental del catálogo de sastrería Dom o las reseñas sobre estrenos de películas y de teatro de los años 50, "cuando había buen teatro en castellano en Barcelona y la compañía de Tamayo estrenaba a Tennessee Williams y Arthur Miller".

De las colaboraciones y las reseñas tampoco está muy satisfecho, aunque "hay retratos sobre artistas de cine que aguantan bastante bien el paso del tiempo".

En cuanto al periodismo, añade, verificó su "fracaso más absoluto" con la entrevista que hizo a Mario Cabré, en la que le contó su noche con Ava Gardner, pero no le creyó. "Tiempo después descubrí que era verdad, por tanto, fracasé estrepitosamente como periodista".

Incluso siente que como entrevistado "también dejaba bastante que desear" después de la experiencia que tuvo con una periodista de Televisa en México, quien le preguntó sobre si era más partidario de la forma o del fondo en la escritura, una cuestión en la que no se había detenido demasiado por considerarlas la misma cosa.

"En aquel momento le dije que era más partidario del fondo, porque si no tienes una buena historia que contar estás perdido, pero por un problema técnico se tuvo que repetir la entrevista y cuando llegó la pregunta respondí que la forma, porque ya puedes tener una buena historia que contar que si no sabes contarla bien no sirve de nada".

La entrevista quedó bien, señala Marsé, pero ante aquella periodista, confiesa, "quedé como un sinvergüenza".

El antólogo Joaquim Roglan ha argumentado que para seleccionar los textos tuvo en cuenta que fueran difíciles de encontrar; que aportaran cosas nuevas como los nombres de diversos seudónimos utilizados por Marsé como Samuel Cramer, Popea Smith o Juan Faneca; o que fueran textos impecables que demuestran que el autor es un clásico.

Según Roglan, en el volumen, editado por Edhasa y la Facultad de Comunicación Blanquerna, apenas aparece el dos por ciento de toda la obra periodística de Marsé, que "tras un largo silencio, volvió a la prensa en 1987 con su columna 'Señoras y Señores' en El País".

Marsé ironiza que se escogieron estos textos, "porque los otros eran peores" y reitera que, aunque trabajó mucho, "era simplemente una manera de ganar dinero".

Sin embargo, admite que aunque no se sintiera periodista, no quiere decir que descuidara el lenguaje.

"Las cartas del consultorio sentimental tratan temas absurdos, nada importantes; no era un periodismo de investigación, por tanto, sólo podía cuidar el lenguaje", subraya el autor de "Últimas tardes con Teresa".

Afrontaba la escritura de aquellos textos como un "aprendizaje" y por esa razón cualquier texto que tenía entre manos, fuera un retrato o una reseña de una película, desde un punto de vista estrictamente lingüístico era para él estimulante.

Sobre el periodismo actual, Marsé comenta que "hoy hay buenos periodistas y buenos columnistas", si bien echa en falta en las entrevistas más preguntas; eso sí, no puede evitar cierta "sorpresa" cuando ve que "un ministro convoca una rueda de prensa y prohíbe preguntas y, aún así, los periodistas van. Si yo fuera periodista, no iría", recalca.

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