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Toni Rodríguez recrea el límite entre el periodismo y los intereses privados

Barcelona, 1 dic (EFE).- El periodista y asesor de comunicación Toni Rodríguez recrea las contradicciones entre el periodismo de investigación y los intereses privados de una determinada élite social catalana en "La cinquena carpeta" (la quinta carpeta), segunda parte de una trilogía iniciada hace dos años con "Quatre carpetes marrons" (Cuatro carpetas marrones).

En esta nueva novela, que edita La Magrana, el personaje principal, Jordi Martínez, periodista de treinta y tantos en paro y que sobrevive gracias a una herencia de su madre y a encargos puntuales, se ve envuelto en una trama relacionada con un personaje de la anterior obra, el poeta catalán Francesc Pujol i Alemany.

Según ha afirmado el autor en una entrevista a EFE, en la novela se produce en paralelo a la trama sobre el grupo de amigos y conocidos de Pujol un "proceso de domesticación y aburguesamiento" del joven periodista, que pese a su rebeldía innata y su fobia a las convenciones sociales, ha comenzado a vivir en pareja y a adquirir rutinas que chocan con sus convicciones más elementales sobre el amor, la familia y la vida.

El protagonista, ex redactor de cultura de un diario del que su mejor recuerdo son los escarceos íntimos con una veterana redactora, recibe el encargo de investigar a una serie de personajes relacionados con el pasado del poeta y que esconden secretos inconfesables durante una trayectoria clave en la historia reciente de Cataluña: los años de la Transición y la nueva democracia.

Martínez accede así a una "quinta carpeta" que interrelaciona a estos personajes en una oscura trama de traiciones, secretos, aventuras sexuales y traiciones de lealtades que de nuevo ponen al periodista en la tenue frontera situada entre sus propias convicciones morales y el pragmatismo de la realidad y los intereses creados en el círculo cerrado de una cierta élite catalana.

Según Toni Rodríguez, "la Cinquena carpeta" es "la cara B" de la primera novela de la trilogía, que esconde la "historia de un secreto" en la que el autor perfila personajes con alguna base real, fruto de su experiencia como periodista y como asesor de comunicación, pero que se despliegan a lo largo de la ficción con plena libertad literaria.

"En toda historia hay una pequeña perversión del sistema. Este libro es una metáfora de una cierta clase dirigente", explica Toni Rodríguez, que ya había coqueteado con la ficción en el pasado, básicamente con la literatura infantil, antes de publicar en 2010 la primera parte de esta trilogía.

Para el autor, gran conocedor de la vida económica y social barcelonesa, el mítico 1968 "fue el motor de una energía e ilusión, pero sus personajes fueron envejeciendo y en algunos casos tendieron a mantener privilegios, por lo que ahí aparecía alguna perversión".

Ante esta encrucijada se encuentra el joven periodista, amante del vermut negro y fiel discípulo de un veterano redactor, Josep María Fal·lera, que simboliza los valores de un periodismo hoy considerado "viejo", pero que, en un momento del libro, recibe su homenaje al ensalzarse a los "héroes anónimos" que "salen cada día a la guerra, y de tanto en tanto alguno cae".

En este punto el joven periodista llega a la conclusión de que, a ciertas alturas de la vida, es imposible cumplir con el sueño de cambiar el mundo, aunque sí que caben pequeñas victorias, como ser consecuente con unos ciertos valores de integridad moral.

Y además, al periodista rebelde, sin trabajo fijo y probablemente con pocas posibilidades de integrarse a la rutina y la convivencia que exigen trabajar en una redacción, encuentra en esta segunda parte de la trilogía una esperanza; en este caso un hecho revelador en su vida familiar.

"La red de afectos y arraigo es lo que aguanta la vida", afirma el autor de esta novela, que entre 1973 y finales de los años ochenta escribió para la mayoría de rotativos de Barcelona y actualmente es propietario de una agencia de comunicación, que fundó en 1990.

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