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La batalla del Ebro, marco del reencuentro literario entre padre e hijo

Madrid, 2 may (EFE).- La batalla del Ebro sirve como marco de reencuentro entre un padre y su hijo en la novela juvenil "Bajo el fuego de las balas pensaré en ti", escrita por Santiago García Clairac y Roberto Santiago, padre e hijo, respectivamente, en la que ambos han profundizado en el tema de la reconciliación.

Aunque padre e hijo son autores de literatura infantil y juvenil, nunca se habían atrevido a hacerlo juntos, una experiencia que, según cuenta Santiago García Clairac en una entrevista con Efe, ha resultado "muy satisfactoria", tanto que no descartan repetirla con una nueva obra.

En "Bajo el fuego de las balas pensaré en ti" (Edebé) padre e hijo narran la historia de la familia Sandiego, entrelazada con la de España, durante la batalla del Ebro, que tuvo lugar entre julio y noviembre de 1938 y en la que murieron cerca de doscientos mil combatientes.

No obstante, Santiago García Clairac (Francia, 1944) aclara que "no es una novela de la guerra civil", sino de la relación entre un padre, Santiago, comunista, y su hijo, Rodrigo, falangista, que "a pesar de la guerra, se reencuentran".

La novela es un cara a cara con el horror y el absurdo de la guerra fratricida, en la que lo que empieza como enfrentamiento entre enemigos concluye como una lucha por la supervivencia de los seres queridos y el entendimiento de los lazos inquebrantables del amor filial.

Además, García Clairac, autor de "El niño que quería ser Tintín" o la trilogía "El Ejército Negro", asegura que, a pesar de que parece que la guerra civil es un periodo muy estudiado de la historia de España, no existen "ni novelas ni películas" sobre la batalla del Ebro, aunque sí abundantes estudios o ensayos históricos.

Para Clairac, la división en la familia Sandiego es un fiel reflejo "de lo que sucedió en muchos hogares españoles", en los que algún miembro de la familia estaba en el bando republicano mientras que otro estaba en el bando nacional, y reconoce que en algunos casos "las rencillas" de entonces han llegado hasta nuestros días.

"En la novela se cuenta que hay gente que, aunque se quería, por estar en un bando u otro se enfrentaban", asegura el autor de la misma, aunque lo esencial de la obra son "los reencuentros a pesar de las dificultades".

Para Santiago García Clairac los personajes que han logrado son "muy humanos; en el sentido de que no son buenos o malos", sino que cada uno tiene una ideología "y se deja llevar por ella", como por ejemplo el cabeza de familia, "un convencido republicano que de repente se encuentra enfrentándose con su hijo por culpa de una ideología con la que se siente desengañado".

Pero también Rodrigo, su hijo, "se da cuenta de que realmente lo que le interesa es estar con su padre más que defendiendo unas ideas que no son lo más importante de su vida".

"La gente quiere pasar página sobre la Guerra Civil, pero antes desea ordenar sus ideas y sentimientos con respecto a ello y liquidar los asuntos pendientes", asegura Clairac.

Más que documentarse sobre la batalla del Ebro o la guerra, al escribir la novela padre e hijo se han informado "sobre las relaciones familiares, que son lo más importante de la obra", una labor para la cual han contado con la ayuda de su otra hija, psicóloga de profesión, quien les ha orientado sobre "el rencor que queda tras las ideologías enfrentadas y la frustración que produce la separación de padres e hijos".

Tanto a él como a su hijo, Roberto Santiago (Madrid, 1968), lo que les interesaba transmitir a sus lectores era la idea de que, por encima "del absurdo" de la guerra, lo que quedan son "los sentimientos humanos hacia las personas que tú quieres, que son los que más cuentan".

"La guerra es un accidente que pasa, y lo que queda y por lo que luchamos es para estar con la gente que queremos", asegura García Clairac.

Con ella, sus autores confían en que los jóvenes "se interesen por el tema" y las relaciones familiares, aunque -reconoce- éstos "no quieren hablar de la Guerra Civil, no quieren tocar el tema porque se les ha inculcado que es algo ya pasado y lo ven como aburrido".

No obstante, considera que con esta obra "van a entrar muy bien" en el tema, y asegura que le encanta escribir para niños y jóvenes porque es "más esperanzador" y "escuchan mejor que los adultos" los mensajes, porque "son un público muy curioso, receptivo y abierto a nuevas experiencias".

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